Deportes

Otra derrota, producto de un cocktail de imprecisión y desgano

Independiente Rivadavia sumó ayer ante Platense su tercer traspié consecutivo y no logra levantarse en la recta final del torneo. Le faltan 4 puntos para salvarse de todo y ya comenzó la "limpieza".

El hincha de fútbol puede soportar casi todo: malos pases, erráticas definiciones, falta de creatividad, entre tantos otros pesares del balompié que determinan el abismo de distancia existente entre un logro y un fracaso.

Sin embargo, ese fiel que mira atento tras la tela no comprende ni tolera la falta de actitud, de voluntad, de “huevos”, porque su ser se lo impide y su fibra íntima lo obliga a repudiar dicho acto impuro para el tablón.

Y ese es el mayor pecado de Independiente Rivadavia. O de los jugadores de Independiente Rivadavia, para no mezclar a los fanáticos que salen con dolor de ojos luego de las últimas presentaciones Azules, y que reclaman por una falta notable de actitud, la salida inmediata de quienes parecen no estar comprometidos con la causa.

La raíz del conflicto futbolístico que vive la entidad del parque, parece ser el desgano de quienes, encargados de portar un sueño, no sólo no lo hacen propio sino que se enfrentan en variadas ocasiones con sus seguidores, rompiendo todo lazo de unión entre las partes. Y allí se acaba el sueño.  

Alguna vez Maradona dijo que el jugador de fútbol es lo más sano que hay. Quizás lo haya sido en su época, pero no en estos comerciales 2000, donde el futbolista se codea con la fama y aventuras, ocupa el centro de la escena y va tras el dinero. Ya no transpira por años la camiseta que lo vio nacer, por lo que no tiene unión afectiva alguna.

Para mal de Independiente, sus jugadores nunca se comprometieron ni lograron formar un equipo homogéneo. Se enfrentaron con los hinchas y a partir de allí nada pudo recomponer la relación. El objetivo común se perdió.

Cuando esto es lo que se vive en un equipo, muy difícil será poder plasmar en el campo un desempeño colectivo que invite a soñar. Siempre hay excepciones claro.

Por eso cuando restan tres fechas para que finalice el torneo, Independiente no cuenta con un equipo conformado, ni tiene hombres indispensables en su andamiaje. Los rendimientos individuales, salvo el de Gabriel Solís y Martín Gómez, son muy pobres y no muestran signos de mejoría.

La imprecisión ofensiva, en la creación, que la Lepra esgrimió en el encuentro ante Platense hubiera sido un signo de preocupación en otro momento del campeonato. Pero hoy sólo amerita resignación.

Lo mismo o peor sucede con la defensa. Tan vulnerables son por momentos los centrales, que a pesar del cambio de nombres siempre terminan fallando de la misma manera. Y para colmo de males, esos yerros groseros acaban en el fondo del arco.

Mayores aspectos negativos que positivos se podrán rescatar de esta campaña de Independiente Rivadavia en la B Nacional. La salida de varios jugadores anunciada por Daniel Vila es una muestra de ello. Nunca se consiguió la amalgama perfecta en el parque (hinchas, jugadores y dirigentes) tras el mismo objetivo.
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11 de Diciembre de 2016|04:31
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