Falleció el periodista Alejandro Gómez: otro capricho de las noticias

Radicado en Miami desde hace años, tuvo una amplia tarea periodística en Mendoza. Un homenaje a la distancia para un tipo que hizo de este oficio algo más que un conglomerado de primicias. Alejandro siempre puso su impronta de bohemia y creatividad como un antídoto contra la estupidez.

Alejandro Gómez, periodista mendocino radicado en Miami, donde se desempeñaba en el diario El Nuevo Herald falleció en esa ciudad de Estados Unidos. En nuestra provincia se había desempeñado en el diario Mendoza, radio Nacional, radio Nihuil y Canal 7, pero su tarea más reconocida fue la que llevó a cabo como director fundador de Diario Uno.

Libertario y trotamundo, Alejandro había recorrido el mundo de la mano de mil y un oficios del cual siempre sacaba una anécdota o una enseñanza. Profundamente culto y respetuoso de la tarea de sus colegas, nunca quiso que se entendiera que el periodismo era un privilegio sino una profunda responsabilidad.

Mezclaba la bohemia de los bares y los antros de la noche, con las citas de Emil Cioran o Jorge Luis Borges. Ateo por convicción escéptica más que por militancia moral, creía en la palabra de los poetas, a los que siempre comparaba con la clase dirigente argentina.

Siempre mencionaba a Jacobo Timmerman y a Osvaldo Soriano. Ambos eran sus referentes profesionales por sus convicciones y sus talentos. Decía que además de decir, hay que decir bien. Y lo que es más importante aún, que ninguna convicción personal debiera impedir que los periodistas hicieran bien su trabajo. Casi nada.

Autodidacta y voraz lector, era capaz de pasar horas frente a una página de un libro para desentrañar el sentido profundo del autor, y obviamente, discutir luego en el café con los amigos, única manera de cultivar la polémica y el mutuo aprendizaje. Tuve ese privilegio, además de trabajar con él durante muchos años y hacer una amistad profunda que ni la distancia rompió.

Amaba a Cortázar por sus textos, pero también porque me decía que de sus páginas salía jazz. La música que junto al tango y al bolero lo hacían redescubrir ese mundo que siempre los periodistas queremos redescubrir en cada nota.

Su descreída mirada del universo a veces inundaba de pesimismo cualquier reunión, ya fuera para discutir una tapa o perder el tiempo en un bar. Sin embargo, él  mismo rompía ese cerco de melancolía con un humor absurdo y crítico; ese que hace reír pero que luego nos hace pensar  mucho más que la obra de un filósofo.

Liberal a su modo, demócrata a la vieja usanza, marxista de entre casa, ácrata de barrio, personaje sin igual, solía denunciar los vicios de la política citando alguna frase célebre. O casi como colofón existencial, con su línea preferida de su película preferida: El Padrino de Francis Ford Coppola. Esa que dice, “no es nada personal; son sólo negocios”. Creía que allí, en esas siete palabras se resumía el espíritu del capitalismo y de las siempre mercantilizadas relaciones humanas que desde la aparición del dinero se derivan como sucedáneas de la pasión o la razón.

Sólo era intolerante con la estupidez humana. Ya sea que esta viniera en forma de diputado, plomero, maestra o empresario. A combatir este "mal nacional" dedicaba gran parte de sus esfuerzos. Y conocer sobre su muerte, es un dolor unicamente atribuible a los caprichos de la noticia.

Desde hacía mucho tiempo, y ya algo enfermo, no dudaba en levantar su teléfono desde Estados Unidos para tener largas charlas como si nada hubiera cambiado. Ni siquiera el tiempo o la distancia.

Periodista al fin, estaba al tanto de todo lo que pasaba en el país y también en Mendoza. Hasta hace unos meses, y al otro lado del tubo, su voz estaba más apagada y su espíritu, un poco más aún. Creía que no iba a volver más a Mendoza, no sólo porque su salud se lo iba a impedir, sino porque aseguraba que poco –salvo algunos afectos- le quedaban por acá.

En su tertulia se colaba algún “brother”, medio cubano, que delataba su presencia en Miami,  aunque su memoria no dejara de recordar con lujo de detalles personajes y situaciones de esta Mendoza que tal vez extrañaba pero que no exteriorizaba demasiado.

Por amistad también accedió a ser columnista de MDZ y seguramente me estaría dedicando una soberana puteada al saber que estoy escribiendo estas líneas. Si algo lo caracterizó fue su constante actitud de correrse siempre del centro de la escena, pero imaginarás querido Ale que hoy, y lamentablemente, la noticia sos vos.

Un buen ron, un buen libro y una buena charla será la trilogía que seguiremos practicando en tu honor los que te conocimos a la luz de las noticias de una redacción y los que aprendimos a quererte a la sombras del café de la eterna polémica. Salud.

El recuerdo de El Nuevo Herald, en Miami

Opiniones (7)
20 de agosto de 2017 | 19:00
8
ERROR
20 de agosto de 2017 | 19:00
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Luis, gracias por "... la sombra de la eterna polémica". Gracias por tu "Salud", en mi nombre y en el de Celeste.
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  2. siempre es un placer leer sus artículos Luis
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  3. Si, se fue un hombre honesto, profesional y digno de respeto. Su paso por el Diario UNO marcó una impronta de capacidad que por supuesto muchos no supieron valorar. Salud Alejandro !!!!
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  4. Tuve la oprtunidad, gracias a Dios, de conocerte y compartir una cena contigo y otros amigos. Fue en un restoran de Santiago de Chile hace como 15 años, y me dio placer escucharte cada anectdota, cada relato, cada consejo, cada palabra. Me quedo grabado a fuego una frase que me dijiste y me enseñó mucho hasta el día de hoy "....cuando tengas algo que decir, aunque moleste u ofenda, decilo, pero siempre en la cara, y si ofende es porque es verdad...." Nunca te olvidaré, Ale. Nunca
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  5. en nombre de sus hermanos y sobrinos gracias por el homenaje que le hacen a alejandro que como ustedes dicen fue un excelente periodista pero fue mejor aun persona
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  6. Sigue entre las paredes inexistentes del viejo Mendoza o en las más nuevas del Uno. Sigue en cada uno de sus amigos y colegas. Teníamos la misma edad pero filosofías diferentes, pero nos unía una intolerancia profunda por las boludeces cotidianas. El, siguió peleando el periodismo. Yo, hice la cómoda. Lo vi por última vez unos 12 o 14 años atrás, cuando me ofreció una corresponsalía después que no acepté ser jefe de noticias en el cierre de cada día. Tampoco pudo ser pero no evitó el café de costumbre y una despedida entre amigos. Quedaron cosas por decir. Tendrá que esperar un poco. Yo llevaré el whisky. El, seguro, pondrá lo demás.
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  7. que lastima que perdemos un gran hombre del periodismo y tan lejos de su querida tierra.Muy lindas tus lineas Abrego!! ALEX
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