Pequeñas historias dentro de la historia argentina

La pasión por documentar el pasado asociada a la agilidad del formato periodístico es la fórmula elegida por Daniel Balmaceda para plantear las 34 viñetas que integran "Historias inesperadas de la historia argentina", obra que rescata jugosas anécdotas sobre la vida porteña en el lapso que va de 1840 a 1940.

Por Julieta Grosso / Télam

Balmaceda es cultor de la microhistoria, un género que sin descuidar el rigor histórico se vale de la concisión para dar a conocer episodios del pasado, tal como demostró en libros como Espadas y corazones, Pequeñas delicias de héroes y villanos de la historia argentina, Oro y espadas y Romances turbulentos de la historia argentina.

Secuela inevitable de su obra anterior, Historias insólitas de la historia argentina, el nuevo trabajo del periodista ata todos los cabos sin resolver que habían quedado pendientes de aquel volumen para hurgar en aspectos desconocidos de algunas figuras centrales de la historia poscolonial y sobre todo de las condiciones en que transcurría la vida social por aquellos años.

"Hay dos aspectos que diferencian este libro de mis trabajos anteriores: uno es que tiene un trabajo más periodístico. La investigación está más relacionada con las herramientas que utilizamos los periodistas. El otro punto es que más allá de Rosas, San Martín y otros nombres ilustres, busqué trabajar sobre otras figuras menos conocidas", destacó Balmaceda.

"Este trabajo abarca una época en la que la Argentina dejaba de ser el país de las guerras por la independencia, de las guerras con Brasil, etcétera, para empezar a buscar su identidad -explicó-. En ese contexto, surgieron nuevas personalidades que yo retomo en el libro".

Historias inesperadas de la historia argentina, recién editado por el sello Sudamericana, consigna por ejemplo que San Martín fue dado por muerto cuatro años antes de fallecer, que la madre de un presidente le impuso a su hijo una novia que él no quería, o que Nicolás Avellaneda fue el primer presidente que dio un discurso en el balcón de la Casa Rosada.

También resultan pintorescas las minicrónicas de Julio Argentino Roca que asustaba chicos disfrazado de fantasma y de la escritora Victoria Ocampo que cuenta cómo la mandaron "a lavar los platos" mientras manejaba por las calles de Buenos Aires, así como también sorprende el registro de los argentinos que sufrieron el hundimiento del Titanic o la documentación de un episodio similar al "caso García Belsunce" ocurrido hace cien años.

"De lo que tratan las historias es de ofrecer una pintura completa de la sociedad. Cualquiera de ellas puede profundizarse después por otras vías, ya que la idea de estas narraciones no es ofrecer una investigación profunda pero sí un montón de aristas y sí la descripción de un escenario", señaló.

¿Cuánto cambió el foco de la historiografía tradicional desde que el investigador francés Georges Duby lanzó su ya célebre serie Historia de la vida privada, que dejaba de lado el catálogo de batallas y nombres ilustres para dedicarse a testimoniar cómo transcurría la vida doméstica de los seres anónimos que la historia había relegado? "En primer lugar, hay que separar entre la historia de los sajones y la de los latinos, porque mientras los primeros siempre tuvieron una inclinación hacia la historia personal, los segundos siempre tendieron a preservar mucho más todo eso", explicó Balmaceda.

"En los últimos años, los historiadores latinoamericanos empezaron a demostrar un mayor interés en el aspecto humano al ver que se podía lograr una mayor identificación con lo que se contaba y eso produjo un vuelco hacia ese tipo de narración", apuntó.

Para Balmaceda "el problema es cuando uno se pasa de revoluciones y pretende hacer una radiografía tan personal que termina siendo fantasiosa.

"Por ejemplo, en 1821 San Martín estaba bastante más gordo de lo que hemos conocido en sus retratos. El problema es si, una vez encontrado este dato, yo hubiera intentado teorizar sobre las causas de esa gordura, entrando de esa manera en el terreno de la novela histórica o la fantasía", ilustró.

"Durante mucho tiempo la historiografía se ocupó de hechos concretos relacionados con lo institucional o la parte oficial de la vida de los próceres, sin avanzar mucho en los temas más personales. Tampoco creo que los académicos de la historia desconozcan las narraciones más personales: simplemente hasta ahora se las consideraba irrelevantes", precisó.

Balmaceda considera que la multiplicación editorial de obras dedicadas a mostrar la trastienda de próceres y procesos históricos es "saludable", aunque para él esta opción no sustituye el aprendizaje canónico centrado en la secuencia cronológica que da cuenta de políticas de Estado, surgimiento de líderes carismáticos y batallas por el poder.

"Cuando uno quiere reconstruir la historia debe integrar las distintas partes: no se puede obviar el enfoque tradicional pero tampoco quedarse replegado en esa visión. En ese sentido, toda esta nueva corriente de revisión de la historia a partir de viñetas o anécdotas tiene una función complementaria que no deja de ser enriquecedora", analizó.

"Los aspectos humanos de los próceres son importantes pero no decisivos para entender un determinado período histórico, sobre todo porque es difícil conocer el perfil íntimo de los hombres del pasado excepto por algunas anécdotas que no alcanzar para delinear un retrato certero", concluyó Balmaceda.

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó0/10
Opiniones (0)
3 de Diciembre de 2016|19:05
1
ERROR
3 de Diciembre de 2016|19:05
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
    28 de Noviembre de 2016
    Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016