La caricatura: de Sócrates y Sarmiento a Cristina y Cobos

"¿Qué les ha molestado a algunos políticos de las caricaturas de los políticos? Justamente, la exageración. No obstante, sin exageración no hay caricatura. Y, además, toda caricatura esconde necesariamente una crítica social y eso también debe molestarles. Propongo que nos sigamos riendo y que sigamos siendo críticos, aunque a algunos les moleste".

El lenguaje es una exageración. Lo nombrado por el lenguaje es siempre menos que el apetito de eternidad que hay escondido en las palabras. Cada sustantivo, cada verbo y cada adjetivo son excesos de la realidad a la que aluden.

Cuando alguien dice “Te amo infinitamente”, “Sos todo para mí” o simplemente “Te amo”, está exagerando, porque ni siquiera Julieta y Romeo se suicidaron por amor, sino, más bien, por la imposibilidad de luchar contra la muerte y con sus decesos provocados no hicieron más que rendir cuentas y homenaje a la muerte y no al amor. El amor que tanto sintieron aquellos adolescentes italianos debería haber sido homenajeado con ausencia y soledad, no con la eliminación del latido.

El lenguaje está en el mundo, entonces, como elemento de confusión. Antes, en los orígenes, en ser humano estaba tan ligado a la naturaleza que no necesitaba nombrarla. El ser humano era eso y más: agua, piedra, planta, animal, frío, luna, sol, sueño y vigilia. No obstante, en algún momento su ego creció y necesitó nombrar para diferenciarse, para jerarquizar, para dominar. E inventó el lenguaje y, con él, sus exageraciones.

Nada de lo que dicen las palabras es cierto y nada de lo que se diga en esta columna deberá ser tomado como tal. Las palabras, en nuestro encuentro con el otro, nunca dicen lo que estamos pensando, porque son el elemento distractivo por naturaleza. ¿Por qué lo hacemos? Porque, desde hace mucho, hemos perdido definitivamente el norte, el sentido primero de nuestro paso por el mundo y Babel, esa torre que contiene tantos lenguajes como personas, es el símbolo acabado de nuestro fracaso como raza.

Sin embargo, amigos, no es para tanto, porque somos jubilosos animales de costumbre y la estupidez y la capacidad de olvido y de inclemencia que nos constituyen nos siguen empujando hacia delante, hacia atrás o a los costados. Somos, como decían los viejos, una bola sin manija y el lenguaje es el ruido que provocamos en nuestro roce con la tierra.

Dice el poeta Roberto Juarroz:

Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.

El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas sean
su destino de aire.

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia
.



Una cuestión de tamaño


El periodista, como ya se dijo alguna vez, es un tipo que sabe un poco de todo y nada de nada. El periodista, se ha dicho mil veces, posee un océano de conocimiento, pero de un centímetro de profundidad. Por ello, dentro del universo mundo, hoy, los temas candentes en los medios de la Argentina son pocos: el violador de la Cuarta Sección y las imitaciones de “El Gran Cuñado”, de Tinelli, de las cuales nos ocuparemos aquí, habida cuenta de que le han caído mal a algunas personas.

Del mismo modo que el lenguaje es una exageración, debemos decir que no hay caricatura sin exageración y, por tanto, sin deformación. Caricatura viene de una palabra italiana: “caricare”, que significa precisamente exagerar.

Una caricatura es un retrato exagerado de una persona con un fin, sobre todo, humorístico, aunque en lo profundo esconda una crítica social de relevancia. 

Me tomé el inocultable trabajo de ver “El Gran Cuñado” y debo decir que, en líneas generales, los personajes están bien logrados, siendo muy graciosos en algunos casos como Néstor K, Macri, Cristina, de la Rúa o Luis Juez, interpretado por mi amigo, el mendocino Fernando Ramírez. Otros surten su efecto sin mayor aporte de talento, como los casos de D’Elía, Cobos, de Narváez, Massa y Alicia Kirchner. Y algunos son francamente malos como los casos de Reutemann, Carrió o Fernández.

El asunto es que, según leo, hay quienes se han mostrado molestos por las imitación de Cobos y por la imitación de Cristina.

Por caso, César Biffi ha dicho de la caricatura que José María Listorti –un muchacho que carece por completo de cualquier forma de talento– hace de Julio Cobos: “Es una imitación muy burda y agresiva, muy chocante porque lo ridiculiza demasiado”.

En tanto, gente del Gobierno Nacional ha considerado que "debería regularse" la imitación de Cristina. ¿Qué significa regular una imitación? ¿Tal vez prohibir?

¿Qué les ha molestado a algunos políticos de las caricaturas de los políticos? Justamente la exageración. No obstante, sin exageración no hay caricatura. Y, además, toda caricatura esconde necesariamente una crítica social y eso también debe molestarles, como cuando una publicidad callejera de MDZ mostraba una careta de Celso Jaque y se intentó un proyecto de repudio contra esa publicidad.

O sea: un buen caricaturista, además de talento, debe tener una ajustada cultura social, para saber dónde poner el ojo crítico. Y que caiga quien caiga. Y si no, vean al final de la nota cómo tomaba el Presidente de la Nación Domingo Faustino Sarmiento las caricaturas que de él se hacían en el siglo XIX.


Hagamos historia


La historia de la caricatura resalta lo importante que fue el desarrollo de la litografía. Entre las primeras víctimas de la caricatura, en Francia, estuvieron nada menos que los reyes, tales los casos de Luis Felipe y Napoleón. No obstante, para algunos, habría que remontarse a los dibujos que, al respecto de la figuración como concepto, se dejaron en cavernas o en el antiguo Egipto o la Grecia antigua o en las culturas precolombinas.

Aunque no iré tan lejos, porque seguramente me costará volver, dejo una anécdota al respecto del valor que puede tener una caricatura, en este caso, escrita.

En el siglo V antes de  Cristo, Aristófanes presentó una obra teatral llamada “Las Nubes”, en la que se burlaba de Sócrates. En esa obra, siglo V antes de Cristo, se presenta a Sócrates, el gran filósofo del momento en la Grecia Clásica, en su “Pensatorio”, sacándose los piojos mientras, metido en un canasto que cuelga, mira el cielo.  Cuando Aristófanes presentó esta obra en la competencia teatral de las Dionisias, salió tercero. No obstante, consiguió su cometido: que la gente se riera de Sócrates, el irreverente, el libertino, el feo, el sucio, el políticamente incorrecto, el intolerable para el establishment político de la época. Luego, Sócrates sería juzgado y condenado a muerte y, para algunos, una de los argumentos más fuertes en su contra fue la imagen que, en “Las nubes”, Aristófanes dejó de él, acusándolo de sofista.

Así, aquella risa inicial de la caricatura (la exageración de lo que en verdad Sócrates era) se transformó, en este caso, en argumento para los necios. Así, se completó el ciclo de la caricatura: humor + crítica social.

Aristófanes se mofó de un filósofo altamente nutritivo para la humanidad y, quizás, merezca la reprimenda histórica, pero ¿quién se animaría a reprender a Tinelli por caricaturizar a nuestros políticos? Ni uno ni otros parecen estar a la altura de las circunstancias.

Por eso, y porque no hay tiempo para dar dimensión histórica a nuestras aparentemente miserables existencias, todo el país se ríe ahora con Tinelli y su “Gran Cuñado”. Hay, en esas risas, que he compartido, un modo de ser, el de nuestros políticos, que es propiamente nuestro modo de ser. Esto es: nos estamos riendo de nosotros mismos, de lo patéticos que solemos ser. Tinelli, en definitiva, es el conductor que nos merecemos tener, al igual que los políticos que tenemos son el producto de nuestro modo de ser político.


Aprendan de Sarmiento


Así: “Aprendan de Sarmiento” titula su comentario un lector de MDZ que firma como Mrjapaz, en la nota sobre el enojo de algunos cobistas por la imitación en Showmatch. 

Dice el comentario: “En la segunda mitad del siglo XIX apareció en Buenos Aires un semanario de humor político: “El Mosquito”, que caricaturizaba y ridiculizaba ácidamente a todos los políticos del momento, quienes se indignaban y mostraban disgustados y ofendidos con la revista. Sarmiento fue un día a la redacción de “El Mosquito” a preguntarles por qué no lo habían mencionado en la última tirada... Fue el único que mostró cordura, buen criterio y se rió de él mismo. Queridos cobistas, no sean tontos, si ni Cobos se enojó. Ya se parecen a los kirchneristas”.

Y deja al final su nombre: Mauricio.

Mauricio tiene razón, pues se refiere a una publicación, "El Mosquito", que existió treinta años y, entre 1863 y 1893, y se autodefinía como "satírico-burlesco con caricaturas" y que, semanalmente, se mofó de los políticos del momento, incluyendo nada menos que a Sarmiento.

Ahora bien, que el prócer haya o no ido a la redacción, no lo sé. Sin embargo, vamos a suponer que sí.

¿Por qué no imitarlo, aunque la mirada social esconda en lo profundo el mapa de nuestras propias miserias como pueblo?

Propongo que nos sigamos riendo y que sigamos siendo críticos, aunque a algunos les moleste. Llegado el caso, riamos últimos también cuando estemos solos en el cuarto oscuro y todas las caricaturas del país en los afiches nos rueguen a gritos un voto que no habremos de darles.

Será nuestra necesaria venganza ante todas sus exageraciones.

Opiniones (4)
21 de octubre de 2017 | 15:04
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21 de octubre de 2017 | 15:04
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  1. EXCELENTE ARTICULO....... Y SUPERBUENA LA POESIA QUE LO ACOMPAÑA.......
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  2. A muchos de nuestros dirigentes no es necesario caricaturizarlos por son, en si mismos, caricaturas vivientes, Y así nos va como sociedad.
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  3. caricaturas ! ! ! !
    "¿Por qué no imitarlo, aunque la mirada social esconda en lo profundo el mapa de nuestras propias miserias como pueblo? " . . .Respondiendo esta pregunta puedo decir que hoy no hay un político que pueda compararse en nada con SARMIENTO. Es un error compararlo. A los que tenemos hoy no les interesa nuestra Patria. Solo les interesa la forma más rápida de "hacerse" de poder y dinero para propio beneficio. Nuestros actuales políticos son una caricatura.
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  4. Solo agrego que "el punto " de sus molestias está en el voto telefónico ¡ patético ! ¿no ? Quizás Cristina se sienta Sócrates y piense que Tinelli es Aristófanes. Obviamente me voy a seguir riendo y disfrutando de las mejores imitaciones: Cristina, Néstor. Fernando y Luis Juez .
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