Mercosur: la fragilidad ósea en medio de las ambiciones

Wilfrido Fernández de Brix presentó esta semana su renuncia a la máxima instancia judicial del Mercosur luego de señalar que el tribunal se ha convertido en "un circo, un patio trasero de las
Cancillerías de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay". Puntualizó que los gobiernos han postergado por tiempo indefinido la elección de un residente de la corte y no cumplen con sus laudos.

Buenos Aires - NA.  La renuncia de un magistrado paraguayo al Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur (TPR), expresada con fuertes críticas a los gobiernos de los países que integran el bloque, volvió a poner al descubierto la fragilidad en la que aún se apoya el pomposo proceso de integración regional.
  
Wilfrido Fernández de Brix presentó esta semana su renuncia a la máxima instancia judicial del Mercosur luego de señalar que el tribunal se ha convertido en "un circo, un patio trasero de las Cancillerías de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay".
  
Puntualizó que los gobiernos han postergado por tiempo indefinido la elección de un presidente de la corte, no cumplen con sus laudos, denunció que el órgano con sede en Asunción carece de  papelería y que sus empleados cobran en promedio menos de 180 dólares mensuales.
  
"Me da vergüenza ser miembro de ese tribunal y por eso renuncio. Me voy compungido", subrayó Fernández de Brix quien formalizó la dimisión esta semana luego de haberla adelantado el mes pasado tras la Primera Reunión de Tribunales Internacionales y Regionales de Justicia, que se realizó en Managua.
  
Las expresiones del juez advierten sobre la debilidad ósea de un espacio, el Mercosur, que es la bandera de los aires integracionistas que pretenden soplar en los próximos cuatro años los dos socios mayoritarios: la Argentina y Brasil.
  
El TPR fue creado en 2004 y según apuntó un editorial del principal diario paraguayo, ABC Color, "no ha podido plasmar en la realidad ninguno de sus objetivos y, peor aún, se debate en medio del caos y el más absoluto abandono de parte de los estados miembros del bloque".
  
"El Mercosur se ha convertido en el foro de la hipocresía donde prosperan solamente aquellas iniciativas que benefician a Brasil y Argentina", censuró el diario, históricamente crítico con el bloque y pregonero del malestar de los socios menores.
  
Este tribunal forma parte de la estructura del Mercosur y tiene por objeto fundamental ser la sede jurídica para el entendimiento de los conflictos que se suscitan en lo que hace al funcionamiento del libre comercio.
  
Pero según ABC Color, "no hay laudo arbitral que haya dictado el tribunal capaz de formar jurisprudencia y de lo que pueda sentirse orgulloso. Al contrario, cada día las violaciones de los acuerdos aduaneros sobre libre comercio y la competencia aumentan sin que se conozca alguna actuación feliz de la referida institución".
  
El reclamo paraguayo es sostenido también por Uruguay y tiene que ver -en gran medida- con las asimetrías comerciales.
  
La creación de un Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) es el camino encarado para dar respuesta a esos desequilibrios. Con ese esquema Brasil y la Argentina contribuyen a una bolsa de la que retiran principalmente Uruguay y Paraguay para desarrollar, entre otras cosas, obras de infraestructura.
  
Pero aún así, los montos comprometidos son todavía muy limitados y no satisfacen a los miembros minoritarios. 

La integración

Es cierto que, como en el caso del FOCEM, el Mercosur ha dado pasos adelante durante los últimos meses. La creación del Banco del Sur, con aval del bloque, y la puesta en marcha del Parlamento regional, con sede en Montevideo, son dos ejemplos.
  
Pero el propio Parlasur es una especie de cáscara. Por un lado no puede sancionar leyes porque los países deben habilitar previamente un sistema de supranacionalidad -al estilo de la Unión Europea- por el que dan poder a órganos decisorios regionales. Y por el otro, en el tiempo que lleva en marcha, tampoco sirvió como parlante de los grandes temas de interés entre los socios.
  
Por otra parte, el Mercosur no sólo muestra problemas endógenos, sino que también ha exhibido inconvenientes para su ampliación. El celebrado ingreso de Venezuela como miembro pleno, aún está sujeto a la aprobación de los parlamentos de Brasil y Paraguay, pese a que se espera que ambos den su conformidad.
  
Las incorporaciones de Bolivia y México, promovidas en innumerables discursos durante los últimos meses, tienen fuertes impedimentos en el plano técnico.

Mirada compensada

Félix Peña, especialista en relaciones económicas internacionales e integración, ofrece una mirada compensada del fenómeno. Para él, el Mercosur está cumpliendo con su función vinculada al comercio: "Más allá de las polémicas hay un hecho concreto que es el Arancel Externo Común que funciona en los cuatro países", simplificó.
  
"Si lo vamos a evaluar en función de lo que debería ser o nos gustaría que fuera estamos lejos de alcanzar un nivel funcional  (...) pero aún así el balance es positivo", analizó.
  
La integración no es un camino sencillo tanto en el Mercosur como en su hermana mayor: la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). En efecto, conviven países con enormes diferencias territoriales y de población, cuyo denominador común es el subdesarrollo, aunque también en este aspecto hay notables desequilibrios entre sus miembros.
  
Por lo pronto, para avanzar en ese camino sería prudente calcificar las estructuras existentes. El Tribunal Permanente de Revisión es una de ellas.
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26 de septiembre de 2017 | 13:10
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