Alberto Fuguet

"El cine y la literatura están super ligados"

Escritor y cineasta.

No deja de ser un deleite extraño dialogar con un escritor "cinépata" que escribe un libro sobre otro escritor adicto al cine pero en primera persona y con los textos que éste dejó antes de morir, como si fuera un "de puño y letra".

Alberto Fuguet, chileno, acaba de publicar Mi cuerpo es una celda. Una autobiografía, de Andrés Caicedo, a través del sello editoral Norma, y está dando a conocer en toda Latinoamérica a un escritor más que singular.

Andrés Caicedo, colombiano, el 4 de marzo de 1977 tomó 60 pastillas de Seconal y murió sobre su máquina de escribir. Tenía 25 años y horas antes había recibido el primer ejemplar de su novela ¡Que viva la música!, que se transformaría en libro de culto en Colombia.

Fuguet (Santiago, 1964), es periodista, autor una docena de libros, entre ellos las novelas Mala onda, Por favor, rebobinar, Tinta roja y Las películas de mi vida. Y también es guionista y cineasta. Pero sobre todo es un fanático del cine.

Caicedo (Cali, 1951) fue narrador, guionista, autor teatral y crítico de cine y logró filmar su única e inconclusa película: Angelita y Miguel Ángel. Excepto su primera novela ¡Qué viva la música!, todos sus libros de relatos fueron publicados póstumamente por su familia y sus amigos, entre ellos Angelitos empantanados, Calicalabozo y El cuento de mi vida, todos ellos editados en Argentina por Norma. 

Es natural que Fuguet se sintiera atraído por Caicedo, tanto como para escrir/ le su propia "autobiografía". Así lo explica.

"Creo que es natural en el ser humano asociarse con gente que uno cree o siente que tiene cosas en común y un escritor cinéfilo no es algo que siempre esté de la mano. Me he dado cuenta de que sí hay muchos escritores a los que les gusta el cine y a algunos les gusta bastante, pero no siempre el cine se cuela en sus páginas. Lo usan como distracción, o para relajarse y disfrutar pero no es una una parte clave de su obra. Así, encontrarme con un escritor que además era cinéfilo, ya que el cine era una parte clave de su obra y de su plan de vida, no pude dejar de interesarme en él y de hacer algo al respecto".

- ¿Cuándo descubriste a Caicedo?

- Supe de su existencia hace relativamente poco, en 2001. Con cero información anterior. Fue un golpe, un flechazo. Lo conocí de casualidad, mirando libros en una librería en Lima y me encontré con el libro Ojo al cine y ese título obviamente me llamó la atención y a partir de allí se armó el pacto. Esta es un poco la labor del libro y de lo que yo llamo la responsabilidad del escritor. Parte de lo que hace un escritor es escribir, contar historias y ojalá emocionar y enganchar a las personas. Pero también hay una labor de evangelio, de recomendación, de apoyo, de subvención que es algo que yo siempre tuve y tengo también como periodista. Me parece que una de las tareas es dar a conocer gente, en especial a la gente que me interesa a mí. Con Caicedo esto nadie lo había hecho para mí. Yo nunca había oído hablar de Caicedo, nunca nadie me lo había comentado. 

- Hiciste una gran tarea de investigación periodística al trabajar con textos inéditos, cartas, para poder "montar" esta autobiografía. ¿Cómo fue esta labor y cuánto tiempo te demandó?

- No fue tanto tiempo, la verdad. Porque Andrés había investigado por sí mismo y había dejado todo con bastante orden y tenía mucho material. Mucho de ese material, menos personal, por ponerle un nombre, estaba ya en la biblioteca, tarea de la que se había encargado la familia. Yo me encontré con un tesoro, que era material que la familia no conocía. Lo tenía el cineasta Luis Ospina que era su mejor amigo. Fue un encuentro de voluntades. Fui a Colombia y cuando Ospina me facilitó el material me di cuenta de que tenía suficiente para hacer un libro y que la investigación que yo planeaba hacer no valía la pena hacerla. Me di cuenta de era más fascinante escribir un libro a partir del material que ya existía que hacer una biografía. 

- Caicedo dejó un fondo documental que ha sido publicado y analizado por varias personas en los prólogos de Angelitos empatanados, Calicalabozo y El cuento de mi vida. ¿Con qué documentos trabajaste vos?

- Yo trabajé tanto con material que existe, probablemente con alguno que tú hayas leído, sobre todo de El cuento de mi vida, con un montón de material inédito sobre todo cartas y textos dispersos, y trabajé con críticas de cine. Con lo que no quise meterme fue con la ficción. Por eso lo titulé "Una autobiografía", él cuenta realmente la historia de su vida. Y creo que como está planteado el libro se lee también como una novela. Me fijé mucho en los otros libros, por lo tanto no quería pies de páginas, no quería prólogos, no quería explicaciones de quién era quién. Mi intención es que Mi cuerpo es una celda se entienda entero sin tener que explicar a cado rato nada. No quería que tuviera nada que ver con el mundo académico ni la tarea de tener que presentarlo. Yo creo que un escritor es capaz de presentarse solo y mi impresión es que está resultando. Ha resultado en todo el continente y aquí en Argentina estoy super sorprendido con la respuesta.

- Hay palabras altamente significativas en el libro: autobiografía, dirección, montaje. El cruce de géneros es algo que te interesa mucho y que practicás en tu literatura. ¿Qué buscaste en Mi cuerpo es una celda?

- Sí, me interesa mucho, pero quizás más que el cruce de géneros, el cruce de soportes. A mí me parece que cine y literatura están super ligados más allá de que se trate de poesía, narrativa o crónica. Y justamente es jugar con eso, es jugar con los cruces. Este libro lo enfrenté como una película, como un documental. Estaba todo este material disperso y había que armarlo y darle una coherencia, pero yo no inventé nada. El libro no es tan tan loco en el sentido de decir que lo escribí yo porque eso totalmente falso. Ahora, claramente, el libro sería distinto si lo hubiera editado otra persona.

- A propósito de ese atractivo que tienen los escritores suicidas, en el caso de no haberse quitado la vida, ¿te parece que Caicedo y su obra habrían tenido tanta trascendencia? ¿Por qué es un escritor de culto en Colombia?

- Es complicado. Mi impresión es que no tuvo trascendencia. Recién ahora se le está reconociendo. Es una pregunta difícil de responder porque no se hizo famoso ni conocido, sólo ahora hablamos de él. Tú que eres una gran lectora, que estás siempre al día, lo conociste hace poco según me contabas, por lo tanto la respuesta es sí y no. Por otro lado, el que se haya suicidado ayuda a construir un mito y se vuelve, la verdad, un tanto irresistible. La idea esta de que la literatura tenga un rockero. Mi impresión es que sí y no, una mezcla de las dos cosas. Si no se hubiera suicidado creo que sería un autor colombiano con algunos lectores, pero no sería un mito como es ahora. Claro que esto es una especulación. 

- Cuando presentaste el libro en Colombia decías que Caicedo era un escritor de culto para los colombianos y que a regañadientes lo estaban dando a conocer en América Latina.

- Tal cual. Y más que colombiano, al principio fue caleño. Caicedo sólo era conocido en Cali y poco a poco llegó a Bogotá y ahí el asunto paró. Pasaron unos veinte años para que la cosa empezara a circular. Y creo que internet contribuyó bastante, lo que se llama globalización. La gente empezó a hablar de él.

- En aquella presentación decías que sentís a Caicedo como una suerte de hermano por el hecho de vivir el cine como una religión. Vos te definís como un cinépata. Hablame de esta filiación estética.

- Sí, más que nada como un militante. Para él el cine era su patria, su territorio, era el lugar donde había que dar las luchas y había que defender a los amigos y atacar a los enemigos. Y de alguna manera yo me siento bastante cercano porque yo siento más dentro del territorio del cine que del de los libros, la verdad. A pesar de que he dado algunas batallas que han quedado grabadas, como con lo de McOndo. La verdad es que me gustaría dar algunas batallas más cinematográficas que literarias. Pero mi impresión es que Caicedo si bien se hizo conocido como escritor, creo que hubo un factor de suerte o de mala suerte porque en esa época era muy muy difícil hacer películas y no estaba la tecnología.

- ¿Qué tal es su película?

- Sólo hizo una y no la terminó, y solamente hay trozos de ella que se ven muy interesantes en el documental de Ospina que se llama Unos pocos buenos amigos. Caicedo hubiera podido filmar muchísimo y claramente tenía la energía para hacerlo, pero no tenía las posibilidades. Hacía falta mucho dinero, los equipos no existían y también era un pendejo, si se mató a los 25. En ese sentido me siento identificado con él, en el sentido de que empezó a escribir libros porque no podía filmar una película. Ahora, en Mi cuerpo es una celda es un libro, es literario, allí no está intentando hacer cine. Está intentando expresarse a través de la palabra.

- "Expresarse a través de la palabra". ¿Qué sigue para vos en la escritura? 

- Yo estoy tratando de no separar la escritura del cine, de hacer las dos cosas al mismo tiempo. Vengo cerrando un período de libros raros, digamos, de libros que yo llamo "los libros que no hice yo" (risas). Este de Caicedo y uno de crítica de cine Héctor Soto que se llama Una vida crítica. Fueron dos libros que ocuparon algo de mi tiempo y acabo de terminar un libro, hace dos semanas, diez días lo entregué. Estuve totalmente aislado escribiéndolo, estuve muchos años trabajándolo y ahora por fin está listo y viene lo más divertido que es editarlo y montarlo y sale en octubre.

- ¿Cómo se llama?

- Missing, como la película de Costa Gavras. Tiene un subtítulo que dice Una investigación. Missing: una investigación y el libro es eso, una investigación acerca de un tío mío que se perdió. Es un libro en que el también hay mucho cruce de géneros, no se puede definir mucho lo que es. Es una mezcla de no ficción con novela pero con hechos reales. Yo lo defino como una novela de no ficción, porque no todo es cien por ciento real, pero el noventa por ciento es real. Es raro. 

- Y respecto del cine, ¿después de Se arrienda, qué pasó?

- Traté de hacer una película que no me resultó. Creo en el "cine pobre", como lo llamo yo. Creo que Se arrienda fue una película chica en espíritu y chica en historia pero que a la larga fue grande en la producción. Y a mí no me interesa ya seguir así, no tanto porque la pase mal sino porque es muy difícil lograr financieramente esa producción. Entonces estoy super interesado en hacer películas que se parezcan a los libros en el sentido de que dependan del talento de uno, de la energía de uno, del cansancio de uno, de la voluntad de uno, pero no necesariamente de los dineros de otros. Y creo que esa es una de las grandes diferencias entre el cine y la literatura, que cualquier atorrante puede escribir. No necesariamente lo van a publicar, pero puede escribir, escribir en una servilleta, con lápiz, en un bar, en cualquier lado. En cambio para filmar yo pensaba que se necesitaban muchas más cosas. Y aprendí que no. El año pasado hice un corto con una cámara de fotos que se llama Dos horas y que me ha dado muchas satisfacciones. Es un corto medio under porque los cortos no tienen mucha vida y se va estrenar en internet a fines de mayo en una página web que estoy haciendo, e irá a algunos festivales. Quedé muy contento con esa experiencia. Y ahora me voy a poner a filmar paralelamente un largo, Velódromo, lo voy a filmar a través de distintos fines de semanas. En el fondo es un largo pero con estrategia de corto (risas). Va ser hecho con muy poco dinero y con mucha libertad.

- Me hace acordar a tu libro Cortos (risas).

- Claro. Es que es eso. Una de las cosas que me di cuenta es de que si yo escribí un libro que se llama Cortos tengo también que filmar cortos, no mirarlos en menos, digamos. Aunque tengan claramente menos trascendencia o público que un largometraje. 

- Se han publicado últimamente varias antologías del tipo de McOndo. Con la perspectiva de los años, ¿qué sostenés o corregís de las afirmaciones del famoso prólogo de ese libro?

- Me parece que a la larga, el tiempo me dio la razón. No lo digo de una manera soberbia, sino que lo que estaba planteado ahí es algo que hoy se está haciendo, una literatura urbana, una literatura no folclórica, una literatura híbrida, que suma sus influencias. De lo que quizás podría arrepentirme es del nombre que, si bien funciona y es comercial y es divertido, también provocó molestias y rabias y me trajo algunos golpes. Pero, nada, a la larga no estoy arrepentido. Porque todo se corrobora. Lo que me hubiera gustado es que hubiera sido en tono menor, que no hubiera sido como con escándalo, por así decirlo. Se podría haber llamado Antología de nuevos narradores. Claro que habría sido más aburrido y no estaríamos hablando de ello (risas). Pero sí, el problema de hacer algo tan colorido hizo que en un momento me estuvieran dando bastantes golpes y ya estaba un poco aburrido.

- Lo notable es que los escritores que integran McOndo son los autores que están sonando hoy, quince años después.

- Sí, claro, y más allá de eso, que es un punto totalmente válido, hoy hay un montón de gente o que no pertenece a esa antología, pero que escriben así. Me parece que la idea del realismo mágico, que se sigue escribiendo y se sigue vendiendo, Isabel Allende lo practica, no es exactamente lo más interesante que se está haciendo ahora. Andrés Caicedo me parece que es un tipo totalmente McOndo, por eso yo lo llamo el hermano mayor a pesar de que ninguno de nosotros lo leímos. Pero tú lees a un tipo como un Fabián Casas que le gusta mucho y tú ves claramente que la influencia está, aunque Casas tanpoco lo había leído. Eso demuestra que un montón de gente está leyendo de una cierta edad para abajo, gente que está escribiendo de la realidad en la cual le toca vivir y simplemente está tratando de retratarla.

Patricia Rodón

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22 de Julio de 2017|20:17
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