Córdoba: mandó a su hijo a la cárcel cansada de que cometa robos y se drogue

Según reveló la propia mujer, identificada sólo con el nombre de Liliana, luchó durante más de dos años para poder sacar al joven del consumo de estupefacientes, pero hasta ahora no lo logró.

Una mujer que vive en el humilde barrio cordobés de Guiñazú, en el norte de la capital provincial, tomó la drástica decisión de enviar a uno de sus hijos a la cárcel, cansada de que cometiera robos y estuviera drogado permanentemente.
  
"Lo tuve que vigilar. Le había advertido que si llegaba a encontrar (en la casa) una cosa que no era mía lo iba a llevar a la Policía", contó la mujer en declaraciones a la radio local Cadena 3.
  
Finalmente, hace unos días Liliana contó que regresó a su casa de la comisaría luego de retirar la motocicleta de otro de sus hijos que había tenido un "incoveniente", entró a la habitación del joven en cuestión y halló bienes que no eran de su propiedad.
  
"Estaba tan drogado que no se despertaba. Cuando reaccionó un poco le pregunté de dónde había sacado esas cosas y me respondió que las había encontrado en la esquina", detalló la mujer.
  
En ese momento, Liliana le pidió que sacara todos los elementos de su casa, pero el joven siguió durmiendo y sin reaccionar, por lo que tomó la decisión de llamar a la Policía.
  
"Vinieron a casa y se lo llevaron detenido. Ahora está en Encausados, no sé qué va a pasar con él", afirmó.
  
Liliana recordó que desde hace dos años que lucha para "sacarlo de la droga" y que siente "desesperación por vivir con un hijo drogado".
  
"Dice que lo persiguen, que lo van a matar y sufre pesadillas", indicó.
  
La mujer destacó que acudió a diferentes organismos para buscar ayuda, y en ese marco fue a la Casa del Joven, pero su hijo dejó el tratamiento porque no lo ayudó la novia.
  
Después, se dirigió a un centro oficial de la avenida Vélez Sársfield y la reenviaron a "Remar", pero "nunca" la llamaron y "no hicieron nada", según contó.
  
"Igual no me voy a quedar atrás, voy a luchar por mis hijos hasta la muerte, a pesar de que me siento muy sola y desesperada", aseguró quebrada en llanto.
  
Además, Liliana aprovechó la situación para denunciar que en el humilde barrio Guiñazú la droga se vende "como caramelos" y ese es uno de los mayores conflictos.
  
"Ahora lo que están haciendo en vendiendo recetas para que los jóvenes compren pastillas calmantes en las farmacias de la zona y se drogan con eso", dijo.
  
"Incluso, hablé con uno que vendía droga y se ve que le toqué el corazón y dejó de vender. Mi hijo fuma porros y toma las pastillas con alcohol", concluyó.
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