"Te besé, te abracé, es decir, todo lo que no debía hacer": el relato de un mexicano para MDZ

Julio Gardugno es un mexicano que reside en la capital azteca. Aquí, nos cuenta en primera persona cómo es para él seguir viviendo en medio de la paranoia y las precauciones que causa la epidemia de Gripe A. "Ninguna medida es exagerada", nos cuenta. Impresionante testimonio.

Más o menos el día 20 de abril, en un programa de radio escuché que un seguidor del programa le preguntaba al locutor si sabía algo acerca de un brote de influenza, el locutor le comentaba que él no sabía nada pero que lo creía dudoso pues la influenza era un problema estacional, mismo que ya había pasado.

Días después fué cuando se empezó a hablar de varios infectados y algunos muertos, pero no fué sino hasta el jueves por la noche que nuestro secretario de salud daba la noticia de la suspensión de clases que se supo que algo pasaba. Al día siguiente se veían algunas personas ya con cubrebocas, obviamente para el resto de las personas nos parecía demasiado extraño. Durante la mañana del viernes empezaban a mencionar en la radio que no debíamos saludarnos de mano, ni de beso con nuestras amistades.

Esa noche de viernes yo tenía que viajar a Puebla a ver a mi familia y al llegar a la terminal de autobuses para iniciar mi viaje, me di cuenta que ya la mayoría de la gente utilizaba cubrebocas, así que antes de subirme a mi autobús regresé a una pequeña tienda donde me lo vendieron en $5 cuando normalmente su precio era de $1.

Debo confesar que sentía cierto temor de ir "encerrado" en un autobús sin saber si alguno de los pasajeros estaba infectado. Nada pasó. Incluso al llegar a casa en Puebla mi hermano que estudia Biología me dijo que había que esperar unas 24 horas para ver si no presentaba algún síntoma. La paranoia iniciaba. Pasaron las 24 horas y sin problemas.

Al otro día, nos encontramos con una vieja amiga francesa y cuando me preguntó por mi vida y dije que venía del DF se echó para atrás, algo gracioso, y dijo "bueno, te besé, te abracé, es decir, todo lo que no debía hacer. Pero estas sano ¿verdad?"

Para el lunes ya se había dado el aviso de la suspensión de clases por el resto de la semana, por lo que el tránsito en las calles era bastante bueno. En el transporte público ya se veía al 80% de las personas con cubrebocas y otras tantas, como yo, preferíamos no tomar los tubos y mantener el equilibrio, así no entrábamos en contacto con objetos que "algún infectado" haya podido tomar.

Así han seguido los días, con menos gente en las calles, con un amplio catálogo de cubrebocas: azules, blancos, industriales, de quirófano, de tela, hechos a mano, tantos que han llegado a acabarse en todos los posibles puntos de venta. Incluso el gobierno mexicano ha anunciado que iniciarán a importarlos.

Cabe aclarar que esta medida no es la más efectiva, incluso dicen que no es la mejor opción para prevenir y que, incluso puede llegar a provocar otras enfermedades porque guarda mucha humedad y bacterias.

Algo que también nos ha impactado es que los restaurantes se encuentran cerrados. Yo trabajo en la zona de Polanco, la cual es famosa  por su acelerada vida, muchos restaurantes, bares, edificios de primer nivel, la mayoría ahora cerrados.

En mi caso, la empresa donde trabajo no confiaba mucho en las medidas preventivas y consideraban no suspender las labores, pues todo esto parecía sonar a un pretexto para no trabajar. Esto terminó el día de ayer con la alerta en fase 5 y no tuvieron opción mas que enviarnos a trabajar a casa. Como muchas otras empresas lo están haciendo.

Ya para el día miércoles y jueves, las calles se encuentran prácticamente desiertas, el transporte público es cada vez menos, y si encuentras alguno verás al chofer con cubrebocas y con guantes de cirujano. Ninguna medida resulta exagerada en estos días. De hecho ha afectado a mucha gente: propietarios de restaurantes, meseros, cocineras, gente que trabaja en el cine, bodas canceladas, eventos políticos cancelados. Sólo se observa soledad y una psicosis en común. Nadie quiere infectarse.

Por fortuna, no conozco a nadie infectado, ni a alguien que conozca a otro 'alguien' infectado. Algunos llegan a dudar de la existencia del virus y han llegado hasta enviar correos electrónicos con teorías de fraude, diciendo que no es más que una estrategia de la política mexicana, ahora que tendremos elecciones de diputados y senadores.

Sin duda, es extraño pero no creo que sea un fraude. Dudo mucho que organismos internacionales se prestaran para tal bajeza.

Ahora, yo soy uno de los que se encuentra la mayor parte del tiempo en su casa y si he de salir, lo hago protegido con guantes y cubreboca, lavando las manos cada que llego de la calle y evitando cualquier tipo de contacto con extraños. Es triste, es de película, pero es lo que estamos viviendo. 

Fotos: Julio Gardugno para MDZ.

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21 de agosto de 2017 | 08:45
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