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La ida de Ortega: crónica de una muerte anunciada

Luego de vestir la camiseta de Independiente Rivadavia por algo más de ocho meses, el enganche rescindió su contrato con el equipo Azul. Sus magras actuaciones y el enojo de los hinchas, cerró un capitulo escaso de gambetas.

Era cuestión de tiempo, se veía venir. Como esa gota que al caer sobre la roca la degrada, una y otra vez, repetidamente hasta el hartazgo, la producción futbolista del 10  fue deshilachando la ligazón entre Independiente y un astro que en Mendoza no lo fue.

La estrella llegó al parque y no brilló. ¿No pudo? ¿No quiso? Quien lo sabe y hoy que importa. Ariel Ortega surcó sin pena ni gloria el césped del Gargantini y su magia no regó la gramilla. Su carisma no empalagó de dicha a los fanáticos Leprosos y por el contrario la sombra de un futbolística que en algún momento emocionó, hoy solamente generó repudio e irritación

Se puso la diez y nunca pudo capitanear, comandar, dominar. ¿Será mucho pedir? Quedémonos solo con conducir entonces, ya que el Ortega vestido de Azul, muy lejos estuvo de aquel que la pisaba en el pasado.

Cuatro goles, tres de ellos de penal y el restante en aparición oportuna, fueron los festejos del Burrito. Tres expulsiones sufrió, las últimas producto de una repudiable actitud violenta e innecesaria, que aumentaron el enojo de quienes consideraban a esa altura un déficit contar con el Jujeño. 

Careció de ritmo el Ortega versión B Nacional, quizás se acopló al juego de una categoría que lo empujó a sacrificarse, o se olvidó del juego que esbozó alguna vez fuera de casa. Y no habló de su River casi natal, sino de la Europa que al igual que Mendoza, debió entender sus dificultades personales como productoras de su chato desempeño.

Encerrado en su vivir y sin mostrar dialogó alguno con la prensa, a Ariel Ortega incluso le costó elevar su brazo, cuando el requerimiento de algún hincha a la distancia se saciaba solo con el gesto de cariño.

Luego todo cambió. Las banderas apuntalaron los reproches y el pedido desmedido de un temprano retorno a River, se hizo grito en las gradas del Gargantini. El ídolo era ídolo, pero no de Independiente y los actos de veneración se esfumaron como el aura de un hombre que mostró ser solo eso, un hombre más. 

Será River quien lo aguarde en su regreso cabizbajo. Su carrera casi encuentra el final del horizonte y a los 35 años mirará para el pasado recordando sus gambetas. Esas que en Mendoza no estuvieron ni brillaron, que a pesar de los reclamos se ausentaron. Las piruetas que lo catapultaron a ídolo, pero no de Independiente, esta claro.
Opiniones (2)
11 de Diciembre de 2016|01:20
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11 de Diciembre de 2016|01:20
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  1. Chau, ladrón. Acá farra, no. La Lepra no es una moda, no es un lugar para vacacionar, acá se traspira la camiseta o se piensa en otro club, y eso vá para el resto del plantel, salvo el pelado y alguno que otro más que zafa.
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  2. Se perdió la gran oportunidad de culminar su carrera de manera exitosa y con buena salud. La dirigencia azúl y los simpatizantes del fútbol en general le dieron todo su apoyo para que ello sucediera, pero su equivocado proceder justificaron la actitud de Simeone de excluirlo del plantel de River. Lamentablemente, de acuerdo a mi presunción, EL BURRITO SE DESPEDIRÁ DEL FÚTBOL DE MANERA MUY DESAGRADABLE . DESGRACIADAMENTE TERMINARÁ NÓ COMO SE MERECE PERO SÍ COMO EL LO BUSCÓ.
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