Juan José Millás: "Los libros son pequeños relojes"

El escritor español presenta en la Feria del Libro su obra "Los objetos nos llaman", una colección de 75 relatos breves en los que reflexiona sobre la incidencia del azar en la vida cotidiana y plantea a la realidad como una dimensión compleja que se nutre de la fantasía.

Por Julieta Grosso / Télam

Si es cierto aquello de que para entender la obra de un autor hay que conocer sus obsesiones, el nuevo libro de Millás es un catálogo de ideas recurrentes.

Apuntes sobre la muerte, comentarios sobre la incomunicación en la vida moderna y reflexiones acerca de cierta metafísica que nutre la vida cotidiana de las personas, todo tiene espacio en las 241 páginas que integran el volumen.

Desde una óptica miniaturista que pone el foco en pequeñas viñetas domésticas, Los objetos nos llaman (editado por el sello Seix Barral) está subdividido en dos partes -"Los orígenes" y "La vida"-, que juegan a desdibujar los límites entre fantasía y realidad.

"Me interesa esa forma híbrida que yo llamo `articuento´ que es como una mezcla entre artículo y cuento: hay textos que empieza como si fuera un artículo de opinión y de repente en el segundo párrafo se han convertido en otra cosa", señaló Millás.

"Me gustó pensar en este libro como si se tratara de pequeñas maquinarias de relojería -indicó-. Estoy convencido de que las cosas son bellas sin funcionan para lo que han sido concebidas. Por ejemplo, la maquinaria de un reloj es fascinante, y no porque el relojero la haya pretendido bonita, porque su objetivo fue en cambio lograr un mecanismo eficaz y que ocupe poco sitio".

"Yo me he enfrentado a cada relato de este libro como si fuera justamente una pequeña pieza de relojería, haciendo lo posible para que ocupe poco espacio y al mismo tiempo cumpla la máxima función", apuntó Millás.

Al autor de El orden alfabético y Dos mujeres en Praga le gusta pensar en su trabajo literario a la manera de un oficio manual desempeñado a fuerza de voluntad y sacrficio: "Con la misma dedicación que un carpintero le da forma a un pedazo de madera o que un electricista monta un circuito eléctrico, así me gusta sentir a la literatura", precisó.

"A la simpleza hay que trabajarla mucho. Provocar esa apariencia de sencillez es doblemente difícil y en ese sentido mi ambición es aquello que yo llamo la `sencillez compleja`, es decir, un tipo de narración en el que lo complejo y lo sencillo convivan de forma simultánea", afirmó.

"El mejor ejemplo de esto es La metamorfosis de Kafka, que lo puede leer al mismo tiempo un chico de 15 años que no tiene experiencia lectora y un experto en literatura, mientras que si al mismo chico le das el Ulises de Joyce lo rechazará porque esa obra sí requiere de un lector experto", explicó.

Ya desde las primeras páginas, Los objetos nos llaman establece un pacto muy intenso con el lector, a quien se lo hace cómplice de maniquíes que sudan, mujeres que viven pero que en realidad están muertas y hasta hombres y mujeres que viven un día o dos por delante del resto de la Humanidad.

Sin embargo, los protagonistas de estos breves relatos no son las personas sino los objetos: "Siempre he tenido la sensación de que nos prolongamos en los objetos, de que se contagian de nuestra identidad y que por eso parte de nuestra identidad está en ellos. Eso se ve en los duelos, cuando ha fallecido alguien querido y llegamos a casa y abrimos su armario y nos preguntamos qué hacer con su ropa", destacó.

"Creo que no somos conscientes de lo intensa que es la relación que mantenemos con los objetos, a tal punto que si quisiéramos describir a una persona, no lo podríamos hacer mejor que describiendo las cosas que la rodean, porque los objetos tienen esa capacidad de absorber parte de nuestra personalidad", continuó.

Millás, que presentará en la sala José Hernández de la Feria del Libro para ofrecer una conferencia en el marco del Día de España, también aprovecha el curso del relato para abordar otra de sus temáticas recurrentes: la incidencia del azar en el trazado de la existencia.

"El azar es lo que realmente determina la vida de los seres humanos. Esto uno lo entiende cuando se hace mayor y ve su vida con cierta perspectiva y se da cuenta de que los acontecimientos realmente importantes en su mayoría no fueron producto de una planificación sino de una casualidad", analizó.

"Nuestra vida puede cambiar absolutamente en función de que salgamos de casa un minuto más tarde -ejemplificó-. Actos como estos, tan banales, modifican a veces nuestra vida, mientras que aquellos a los que dotamos de toda la pompa y la formalidad terminan siendo insignificantes".

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