“Nonno Coletto”: un secreto guardado de generación en generación

Un veneciano trajo en sus manos la receta del mejor vino del mundo y lo hizo en Tupungato, el lugar que eligió para vivir. Ahora, sus descendientes continúan su tradición, llevando adelante un microemprendimiento ejemplar para estos tiempos en los que todo se fabrica en serie.

Cuenta la leyenda que el Nonno Coletto tenía el secreto para hacer el mejor vino del mundo. Y asegura esa leyenda que sólo tenía una barrica y un viñedo añoso en uno de los sitios más bellos del mundo, el que eligió para vivir cuando partió de Venecia, el valle del Volcán Tupungato. Sólo unos pocos privilegiados fueron bendecidos con el sabor de ese vino. Antes de morir, el Nonno Coletto pasó el secreto a su familia y ahora que creció la familia y que dos de los nietos son enólogos y que viñedo de El Peral tiene más de setenta años, las barricas son nueve. Cada cierta cantidad de años –la última vez fue en el 2004– la cosecha asume características excepcionales y, entonces, en Nonno Coletto revive en ese vino artesanal al que dieron en llamar Eccellenza, que para algunos, repitámoslo, es el mejor del mundo.

- El tema es hacerlo como lo hacía el nonno…

Los Coletto son Carlos (hijo del nonno), su mujer Helena Fossati y sus tres hijos, Darío, Ariel y Julio. Ahora, aquel arte del abuelo se transformó en un ejemplar microemprendimiento que consiste en la elaboración artesanal y venta de vinos (malbec, merlot, cabernet, torrontés riojano y semillón) y también mermeladas y almibarados. Cada tanto, la tierra les da el premio de la cosecha extraordinaria y, entonces, nace el Eccellenza Malbec Roble.

“El tema es que nosotros no usamos químicos, sólo un poco de anhídrido sulfuroso. Buscamos que los vinos y los dulces sean lo más natural que se pueda. Es muy común que nuestros vinos tengan incluso un sedimento de tan artesanales que son”, nos explica Helena.

Los vinos “comunes” de los Coletto son jóvenes y frescos y sus precios van de los 18 a los 22 pesos. Los tienen, dice Helena, un año en madera, pero los quitan antes de que tape sus sabores. “El Eccellenza es otra cosa. Es un vino con mucha personalidad, es fuerte y la madera está más presente”, aduce respecto del vino emblema de la familia, que es vendido a 60 pesos la botella.

“Los viñedos de El Peral son de un primo mío. Son de las mejores viñas que hay en Mendoza. Las uvas son excepcionales y nos permiten llevar adelante este proyecto familiar que nos brinda el sustento”, sigue la señora, quien, por su lado, tiene sus propios secretos, convertidos en zapallos en almíbar, mermeladas de durazno y damasco, dulce de membrillo, nueces en miel y castañas e higos en almíbar.



Así son las cosas para ellos desde que, en 1996 decidieron convertir la tradición en un proyecto familiar, un microemprendimiento a la mano de turistas y algunos fanáticos que suelen hacerse el viaje a Tupungato con la intención de volver con un par de botellas llenas de pasados y secretos.

En nombre de la memoria de aquel nonno veneciano, sus nietos ya transitan y ejercen su secreto. Algún día, ellos también serán parte de la leyenda tupungatina. 

 

Opiniones (2)
17 de octubre de 2017 | 21:27
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17 de octubre de 2017 | 21:27
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  1. En el año 2006 tuve el placer de conocer estos vinos, medio de casualidad, como siempre pasa, y la verdad que son de lo mejor que he probado hasta hoy. No me canso de repetir que el vino rosado que tienen es el mejor del mundo, tanto asi como el vino Prensa, que me parece exquisito, y el Eccelenza, un lujo. Felicitaciones por la nota porque es la primera que leo de esta bodega familiar. Saludos. Hernán.
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  2. Seguir la tradición familiar y lograr lo que ustedes están haciendo. Felicitaciones !! En cualquier momento me acerco.
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