Jóvenes y delitos: ¿se están debatiendo todos los temas que habría que debatir?

Todos queremos ponerle fin a la violencia juvenil, pero es muy difícil que esto se logre por acto de magia. Primero, porque la magia no existe y, segundo, porque sancionar una ley no es un atajo hacia la felicidad ni cambia la realidad de manera instantánea.

El asesinato de Daniel Capristo en Lanús reabrió una serie de debates. Nuevamente –lamentablemente de esta manera- la modorra legislativa nacional fue alterada por una tragedia.

El hecho concreto da cuenta que un joven de 14 años lo mató de 9 balazos y nuevos datos indican que, antes de que esto se produjera, Capristo había intentado defenderse del intento de robo de su auto con un arma de su propiedad.

A partir de este hecho concreto, se instaló en la agenda legislativa y mediática la discusión sobre la baja en la edad de imputabilidad de los jóvenes.

Sin embargo, debe indicarse rápidamente que este punto es más una respuesta cerrada que un tema puesto sobre la mesa para discutir, porque los debates que deberían llevarse, en paralelo, son los varios:

- La necesidad de que el país cuente con un Régimen Penal de Menores. La Argentina no cuenta con un régimen en la materia y cada provincia se maneja como puede o quiere al momento de abordar a niños y jóvenes que violan la ley. En algunos casos, como Mendoza, se cuenta con un Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil, faltando, en todo caso, lugares y respuestas concretas para abordar a los chicos cuando cometen el primer delito, de manera de sacarlos a tiempo de ese mundo. Otros estados encarcelan a sus jóvenes junto con los adultos, dándolo por “descartables” cuando recién están iniciando su vida. Desde hace tiempo el gobierno nacional viene realizando estudios en la materia, pero no concretó la presentación d eun proyecto. Por otro lado, varios legisladores nacionales, entre ellos la ex diputada Laura Musa, vienen sosteniendo esta necesidad desde hace más de cinco años y no obtuvo respuesta por representar a un partido minoritario. Hay un gran riesgo: la blumberización de este debate, lo que equivale a decir que, bajo una presión equivalente a la ejercida por Blumberg con el Código penal, se apure la aprobación de leyes que podrán calmar el reclamo y apaciguar la bronca, pero que servirán de muy poco a los fines previstos.

- El balance en torno al estado de la juventud en la Argentina y el rol que está cumpliendo el Estado. ¿Nuestro país ha satisfecho todas las necesidades básicas de los niños y los jóvenes, de manera de pararse frente a los casos de violencia con “la tarea ya hecha”? En este punto, el debate sobre cuánto se le debe a los niños y jóvenes debería ponerse al mismo nivel, por lo menos, que la discusión en torno a cómo sancionarlos. ¿Quién sanciona al adulto (padre, tutor o Estado) que le privó a ese chico violento de nutrientes, afectos y escuela?, por ejemplo. Pensamos en exigirle a un joven que repare el daño causado con su acto delictivo, pero ¿cómo se repara el daño que se le produjo a él? Aquí también debe realizarse un escaneo sobre los efectos reales en la gente de la nueva Ley Nacional de Educación y preguntarse si sus disposiciones y efectos son realmente inclusivos y si llegan hasta el último círculo de exclusión urbana.

- Establecer si sirve o no tener un arma para defenderse. Lamentablemente, todo indica que la víctima fatal cometió un error: salió con un arma en la mano (no sabemos si disparó o no). Está claro que en el 90 por ciento de los casos, cuando una persona muestra intención de defenderse con un arma y el atacante está armado, el que pierde es el atacado. Las armas, hoy en día, sirven para agredir, no para defenderse. Hay proyectos de ley pendientes en el gobierno  para abordar este tema.

- Determinar si existen las políticas, programas o acciones suficientes para sostener una realidad diferente a la violenta para los niños y jóvenes. Suponiendo que se le otorgue más responsabilidad a las dependencias del Estado para tratar a niños y jóvenes que delinquen, ¿cuenta con las políticas claras en la materia, los recursos prestos a ser utilizados, las instalaciones y el personal preparado para llevar adelante este asunto? En todo caso, si un joven llega a ser violento, ¿no lo detectó ningún sistema de alerta en escuelas, centros de salud o de la red social?

- Evaluar de antemano qué condiciones de privación de la libertad ofrece el Estado, para no reincidir en la idea de apagar el fuego con nafta. Si se le otorga al Estado la responsabilidad de internar para su tratamiento o recluir para su confinamiento a niños y jóvenes, ¿se lo hará como medida de venganza y castigo? ¿O como tratamiento y preparación para la convivencia en la sociedad?

- El rol de los adultos. Debe evaluarse cuál ha sido el rol de los adultos (padres, tutores o estado) en la formación de los niños de esta sociedad. Para no generalizar y caer, así, en algo que los más exaltados puedan confundir con poesía: cada padre y madre tiene una responsabilidad con sus herederos que empieza por el afecto y continúa con los alimentos. Y si no están condiciones de hacerlo, es en donde debe aparecer otro “adulto”, el Estado. La sensación que queda cuando nos quejamos de lo que hacen nuestros hijos es que, en realidad lo hacen los despreciables hijos de otros y nunca los nuestros. Trasladado este concepto a la violencia delictiva juvenil, puede interpretarse como “a mi qué me importa”, el “no te metás” de esta época.

- Cómo los medios condicionan nuestra propia agenda de vida. Otro de los puntos que deben analizarse en este momento es si los medios de comunicación sólo le colocan un megáfono a quien habla más fuerte, o bien asumen un rol de información, opinión y análisis, dando todo de sí pero, además, publicando todos los elementos que le permiten al receptor formular su propia idea de lo que nos pasa. Ocurre que cuando alguien populariza un tema (por ejemplo, “bajar la edad de imputabilidad es la única solución”), pocos medios prestan atención a lo que rodea a ese tema y, así de miopes, logran contagiar una ceguera informativa que, lejos de ayudar a cambiar la triste realidad, la consolida.

Pueden ser muchos más los puntos que requieren de discusión en este momento y se aceptan sugerencias en ese sentido.

Cada vez que se produce un acto de tamaña violencia, es bueno reaccionar pensando que este debe ser el último. Y actuar en consecuencia.

Lo que también estaría bueno es afianzar la idea, en todos los campos, de que, siempre, hay que darle un contexto amplio a los debates que la sociedad instala ante la inacción de los responsables de la conducción del Estado.

Opiniones (3)
19 de octubre de 2017 | 01:11
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19 de octubre de 2017 | 01:11
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  1. Sinceramente creo que hay mucho que ver y trabajar sobre ello. No es lo mismo un lugar para adulto que para menores. Se debe ver, una vez por todas, de recuperar a estos chicos. ¿hay instutos serios con profesionles y seguridad pra ellos? Teniendo en cuenta que sus derecos fueron violados. ¿ como se tratara al momento de su detención, sabiendo que las fuerzas policiales no estan capacitadas? ¿ trabajo tendran cuando salen si no tienen un oficio? ademas sabemos que trabajo no hay y menos si uno estuvo preso. No se habla de mano dura, como dijo la presidenta ayer, sino de ayudar a estos jovenes y sus familias. Y proveer seguridad al resto de la sociedad El estado y dirigentes tienen que dejar de ignorar la realidad, de minimizarla y dejar de encerrarse en su soberbia. Hay mucho por hacer para que nosea como servicio peninteciario que tenemos hoy para adultos, quienes salen peor y no por su culpa. hay que debatir y trabajar con responsabilidad , respeto y hulmidad. Liliana E.J. Moar
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  2. Felicitaciones MDZ. No hay otro medio en el país que haga esto.
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  3. Excelente nota. Están todos los puntos que faltan en la discusión parlamentaria y callejera del tema. Y son los más importantes.
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