Deportes

El fanático

Un cuento de Sergio Martín. Todas las semanas el deporte se transformará en un cuento. Mandanos tu historia a: contacto@mdzol.com

Durante la noche previa…año 2.006.

 En una habitación pequeña, una cama pequeña donde dormía un hombre de mediana edad. Detrás de la cabecera, en la pared un crucifijo discreto sobresalía del resto de las imágenes que lucía el muro. Pero ahí nomás con vidrio y todo, el tipo acostado posaba junto a sus dos hijos con los colores de su equipo, tres cuadros: padre e hijos, hijos solos y padre sólo. Siempre con la misma camiseta.

El santuario se había ido armando de a poco, con el tiempo y la suerte. La pared no ocultaba los fracasos: cabezas gachas y caras llorosas por el descenso de hace mucho. Una final perdida con mucha dignidad y brazos en alto. El goleador que volvía y mostraba una camiseta sobre la campera de jean en la conferencia de prensa, “Vengo a ascender” era el encabezado de un reportaje al nueve que pago con goles la ilusión. Ese tipo de melena enrulada y patillas largas aparecía en dos retratos más: en la mas grande, formando un trío de ataque para la selección nacional, y la otra con blazer azul, camisa celeste y corbata al tono señalando de manera inequívoca que el equipo debía salir del fondo, claro está, estando de pie delante del banco de suplentes y, de espaldas al mismo.

Mirando uno aprendía que el fracaso se pudo superar y los tiempos mejoraron, otras telas, otros cortes de pelo y el ascenso ya era historia. Esa pared sabía de fútbol, hablaba por él de lo que él más quería en serio y nunca iba a abandonar: su equipo y la selección. Y, su habitación estaba dedicada a ambos.

El  setenta y ocho, con el gran capitán en punta de pies tratando de igualar su propia altura, pelos largos, camisetas y pantalones ajustados, el gauchito y un ARGENTINA CAMPEON enorme. Del ochenta y seis solo una del 10 que resumía todo, el ejercito de un soldado capaz de afrontar cualquier circunstancia. Y así seguía, casi todo el muro evocando el deporte y juego al límite del sentimiento. No cabía la menor duda que el  tipo en la cama era un fanático.

Algunas horas antes se había ido a dormir feliz  e ilusionado, como solía decir con sus amigos en situaciones similares “tengo que concentrar”, iniciando el retiro hacia un momento de meditación sobre el rival del día siguiente, línea por línea, puesto por puesto, luego con los propios el mismo rigor y finalmente el requerimiento de ayuda divina para salir del trance. Hecho esto, satisfecho por el ritual cumplido, podía descansar.

Aunque esta vez costó un poco mas, pudo conciliar el sueño y, soñaba que sus hijos lo acompañaban en un viaje por la autopista, ellos aun eran niños y le preguntaban mil cosas. Gira el volante para bajar del camino y una pequeña molestia en el pecho lo hace moverse. Luego un dolor en el costado izquierdo lo obliga a despertarse por el ahogo y una puntada fuerte en el brazo le dificultaba respirar e intentó primero que todo no moverse y tranquilizarse al máximo para recuperar el control, esta estrategia sólo duró unos segundos, la próxima puntada lo hizo incorporarse, tomarse el pecho y, tener absoluta conciencia de lo que estaba sucediendo.
 Estando solo en el departamento no tenia a quién llamar y, la intensidad del dolor lo inmovilizó. Como un acto reflejo, tomándose el centro del pecho el  gesto de su rostro se transformó en palabras:

-Por favor Dios ayudáme...

Y, un alivio mínimo lo dejó recostarse,  pero rápidamente la angustia por lo que estaba viviendo muto hacia cierta racionalización del drama, que era como de repente darse cuenta que se le venía algo inexorable. La comprensión de esto lo ayudó, y con cierta suficiencia se reconoció “jugando tiempo de descuento”, entonces el alivio fue aún mayor.  Y, no estaba relajado, conforme ni resignado, más bien sentía cierto compromiso con el rol: “entonces que sea con dignidad…”

¿Cómo un tipo podía hacer mas digna la ida estando sólo en su casa sin poder dejar palabras finales ni una última carta ni nada...? Y, un instante antes de la resignación, con una increíble lucidez dijo en voz alta:

-Maestro, muéstrese ahora que pronto a lo mejor me tiene por allí.

Pero vaya a saber que esperaría al haber pronunciado esas palabras, lo cierto fue que la respuesta lejos de sorprenderlo lo llenó de satisfacción.

 -Miguel, ya es la hora.

Claro, clarísimo, Dios le habló con un leve tono porteño neutro, y lo que su voz confirmaba era la naturaleza del momento especial y, final por cierto...y, Miguel estaba impresionado, quería aprovechar al máximo el acontecimiento y especuló con una tímida pregunta:

 -¿Podemos hablar?

 -¿De qué querés hablar?

Pensó cuidadosamente un instante como si tuviera el privilegio de hacerle una única pregunta al creador, ¿cual sería la acertada? Y, fue al grano:

 -¿El acento de su voz es para que lo entienda mejor?

 -Soy como soy.

 -Pero, Usted, Dios ¿por que tiene acento porteño?

 -Atiendo en Buenos Aires

 -Entonces… ¿es argentino?

 -¿Que más querías?

 El tono levemente autosuficiente de la respuesta evitaba cualquier duda.

Y, allí sintió una enorme emoción: el dicho popular era cierto.

Para empezar estaba bastante bien. Pero era sólo el principio. Y, soltó rápidamente:

 -Eso explica el por que de muchas cosas...

 -Soy sólo un Dios.

 -Digo que en éste país tenemos un gran privilegio y no lo sabemos…

 -Tuve algunos gestos como para que se dieran cuenta y trataran de reaccionar...

Miguel, entendió que le serían reveladas cosas que la humanidad ha intentado conocer desde siempre y, arriesgó un poco más en el diálogo para conocerlas:

 -¿A qué se refiere?

 -Algunas triviales, la birome, el dulce de leche, el mate, el acoplado, el gol a los ingleses, otras menos sencillas como Eva, aunque a Evita deberían haberlo entendido más fácil.

Esa última frase sonó a reproche, mas Miguel no pudo con su genio y rápidamente retrucó:

 -¿Entonces el segundo a los ingleses no fue sólo el talento del Diego?

 -Burro, hablo del primero.

 -Pero si en ese Diego la mete con la mano…con todo respeto le digo.

 -Mostráme alguna foto donde se vea que lo hace con la mano, Maradona ni la tocó, y él mismo dijo que fue “la mano de Dios”.

Este último comentario lo dejó atónito. Estaba hablando con Dios, y el mismísimo le había reconocido un acto de arbitrariedad enorme, esto lo hizo pensar: “si hizo una a favor, seguramente pudo haber hecho algunas en contra. Y si fue en un juego como es el fútbol, pudo haberlo hecho en cosas mucho más importantes como la política, la salud o la vida de alguien...” Esta conclusión le dejaba cierta desazón: ¿y si Dios tenía defectos y cometía errores...? Allí la voz lo interrumpió:

 -Te dije que soy solo un Dios, ni bueno ni malo, tampoco soy un juez no tengo que ser justo.
 -Pero cuando interviene ¿por que lo hace? preguntó Miguel.

 -El destino..., todo tiene que encajar. Es como si todo estuviera escrito paso a paso y, todo tiene que ocurrir de determinada manera si no lo que sobreviene es mucho peor, cuando hago que las cosas pasen es por que entre otras cosas debo garantizar que el destino transcurra según se espera. Siempre uso el mismo ejemplo: algo no pasó como debía y en Alemania sobrevino Hitler...

 -¿Pero entonces los milagros no existen?

 -Y..., no como algo inexplicable, siempre es algo de muy difícil ocurrencia pero que al final es posible. Hay cosas que ni la ciencia logra explicar todavía, pero ya va a llegar.

 -¿Pero y al destino quién lo decidió?

 -También yo.

 -¿O sea que mi partida ya estaba decidida hace mucho?

 -Ciertamente.

 -¿Igual que todas las cosas que ocurran en adelante?

 -Así es.

Esta última respuesta lo entristeció de a poco, ya que todos aquellos a los que quería no los volvería a ver. Un silencio prolongado invadió la habitación, lagrimeando y lleno de angustia se atrevió a preguntar:

 -¿Tengo alguna manera de zafar, de evitar que sea hoy, para verlos de nuevo?

 -No hay nada imposible, pero hay algo que tenés que saber.

 -¿Que es lo que tengo que saber?

 -¿Vos entendiste lo que te explique sobre mi rol con respecto al destino?

 -Creo que si…

 -Bien..., entonces, entenderás que debo intentar que todo transcurra según se espera, para lo cual dispongo de “ciertos recursos” propios de tan divina tarea.

Miguel buscaba entender rápidamente lo que trataban de decirle pero no lograba evitar cierta confusión. ¿Su muerte ocurriría si o si ahí y ahora?, ¿qué tenía que ver ese momento con el destino? Eran algunas cosas que trataba de conocer sin éxito.

 -Digo que los que te quieren y te respetan te van a querer siempre aunque no estés y te van a recordar como un gran tipo...por que eso también es parte del destino. Pero si algo cambia en este momento, tal vez eso no sea así.

 -Y que ¿me voy a volver un mal tipo?

 -O peor que eso. Pero lo importante es que sepás que este es un buen final.

No necesitaba y no quería saber mucho más. A Miguel le agradó la idea de irse dejando un buen recuerdo y, tenía la plena garantía de que así sería. Tranquilo por eso, y con cierta satisfacción, se atrevió a continuar el diálogo previa aceptación en silencio del final propuesto.

 -Y los míos, ¿qué va a ser de ellos?

 -Ellos van a hacer sus vidas y, la verdad es que van a ser muy felices.

Ahora ya se sintió distendido, en gran medida dispuesto y motivado para vivir sus últimos momentos. Más tranquilo y, absolutamente alejado de cualquier banalidad, quiso saber algo que le importaba enormemente:

 -Y, mañana ¿que va a pasar?

 -Yo sabía que se venía esa pregunta...así es que relajate que te voy a contar algo que te va a emocionar. Ojo, te aclaro que no moví ni un solo dedo.

 Así entonces, por un largo rato, a Miguel le fue relatado un fantástico partido de fútbol, donde el seleccionado nacional debía bregar por su destino en las condiciones más adversas:

-Desde el inicio, se notó un gran favoritismo del árbitro a favor del local, toda una intención manifiesta de inclinar la balanza, menos que sutil, no dudó rápidamente en advertir y amonestar a los nuestros en jugadas comunes. Así costaba, los muchachos se tenían que cuidar en la marca, en las dos áreas y, ellos iban fuerte a cada pelota, hasta que, como se veía venir, un centro al área nuestra y el referee cobra mancha...penal. Imaginate el revuelo, por protestar, el capitán afuera. Argentina con diez y perdiendo uno acero.

 Miguel, muy atento al relato, apretó el puño y no pudo evitar la puteada.

 -Ya me parecía, estos putos nos iban a cagar con el arbitraje

-Aguantá Miguel, todavía falta mucho.

A esta altura se percibía un gran esfuerzo del relator en conseguir del interlocutor, la mayor atención posible. Será por eso que conforme avanzaba el mismo, la crónica se  parecía cada vez más a una transmisión radial, buscando el mayor detalle posible del juego, es así que el relato divino tenía tal entusiasmo que agregó rápidamente comentarios y hasta publicidad. Dios era una radio prendida.

-“En Berlín, con ochenta mil almas alentando al local y un referee sumamente parcial, Argentina no se amedrenta por el hombre menos ni por el resultado adverso, se hace dueña de la pelota, toca y toca, genera huecos, circulan sus volantes,  juega y juega...”

 El estilo celestial dejaba a Miguel sorprendidísimo, pero el tipo, futbolero de alma, se ilusionaba con la levantada del equipo y, a esta altura había adoptado la tensión general que el fanático tiene cuando escucha a su equipo.

 -Vamos muchachos, vamos...

 -Corner desde la izquierda, va Riquelme, Argentina busca, suben Ayala y Heinze, Crespo al primer palo, el arquero alemán demasiado jugado, le va a pegar el diez, viene el centro...gooooooool, pero… el árbitro lo anula. ¿Qué es lo que cobra el referee, falta al arquero?

 El relator indicaba claramente que el arquero había saltado absolutamente solo y, la pelota lo superó, metiéndose junto al palo derecho por sobre la cabeza de Lahm, que sólo alcanzó a dar un saltito. La nulidad resuelta era totalmente injusta, para colmo, en la protesta, Heinze era expulsado por doble amarilla. En ese cuadro de nueve contra once y perdiendo, Miguel insultó como nunca, cuidándose de no hacerlo contra el creador, ya que intuía que eso pondría las cosa aún peor.

 -Señores esto es un asalto, pocas veces en un mundial un equipo fue tan favorecido por un arbitraje como está siéndolo el team germano en esta oportunidad...

 Era así que las acciones descriptas ya eran algo secundario, el relato se había transformado en una queja que iba de menor a mayor, partiendo desde el referee, siguiendo por los líneas, Alemania, la FIFA y, el propio sistema internacional que “...condena al fracaso a las naciones pobres, frustrándolas en todos los aspectos...”. Todo así hasta el final del primer tiempo.
 El entretiempo abrió un espacio de diálogo que el partido no había permitido:

 -Maestro ¿esto no va a terminar así?

 -Quedan cuarenta y cinco más el adicional, todo puede pasar.

 -Pero ¿así va a ser mañana?

 -Una parte si.

 -¿Como?

 -Claro, el primer tiempo va a ser como ya sabés, el segundo ya viene...

 -Pero...

 -Shhhh ya se van para la cancha.

 Creer o reventar, estaba tan jodido que a Miguel le costaba creer que así fueran las cosas al otro día. El se consideraba un buen cristiano, hilando fino era un típico católico no practicante, creía en los momentos críticos de la vida, allí pedía, ofrecía y hasta prometía cosas que después cumplía inexorablemente. Pero, fuera de esos picos, íntimamente, su fe particular le imponía normas de conducta a las que se ajustaba con bastante rigor, “Dios seguro que lo que quiere es que seamos buenos tipos por sobre todas las cosas”, es lo que del tema solía opinar cuando se lo tocaba. Así también justificaba su falta de praxis religiosa, como si fueran cosas excluyentes.
 -Que difícil y que pocos adentro de la cancha, está tan desparejo que cuesta imaginar como se remonta esto...

 En el segundo tiempo los minutos pasaban y Alemania no se adelantaba, igual pudo aumentar un par de veces pero el arquero argentino estuvo fantástico. Con un solo punta, no se podía evitar la subida de los laterales alemanes que iniciaban frecuentes incursiones hasta tres cuartos de cancha y pelotas al área dominada por los defensores argentinos. Pero a los veinte minutos, un par de cambios en la celeste y blanca renovó claramente sangre y ánimo, como si el técnico hubiera decidido “quemar las naves”: un punta y un enganche para tener la pelota y generar la jugada salvadora.

 -Así se hace Pekerman, toda la carne al asador, todavía quedan veinticinco mas el alargue, a estos tipos hay que tocarles, que importan los dos de menos si ellos no los aprovechan vamos argentina...

 Hay que reconocer que el relator también era un hincha, y sin el menor pudor, alentaba sin aflojar en el momento más difícil. Pero, cuando nacía esa iniciativa, a los veintidós, un centro más al área argentina y esta vez por detrás de todos, Frings le da como viene, Abbondancieri tapa a medias y cuando se metía, Maxi Rodríguez la saca como un arquero. Penal y expulsión y, esta vez no había queja posible.

 -Dramático, Ballack puede sellar la semifinal y clasificar a su equipo. Pero enfrente está Abbondancieri...y, esta la Argentina si señores que no se da por vencida ni aun vencida.
 El caso es que el remate bajo y a un costado fue contenido por el arquero.

 -Grande pato, yo sabía que esta era la tuya.

 Miguel expresó así un festejo mesurado, ya con algún dejo de pesimismo por lo que faltaba, pero esperanzado al fin. El hincha razona sobre las verdaderas posibilidades y se anticipa, para eso analiza la situación en un momento determinado y es bastante objetivo respecto de las chancas reales de salir adelante. Aun así, apoya con todo y contra todo hasta el final.
 Con ocho hombres y los cambios hechos, a partir del penal atajado, la Argentina sobrellevó cualquier limitación teórica para buscar el empate: cuidaba cada pelota jugándola al pie, rotaba desmarcándose y generando espacios, intentaba el desborde o la individual sólo si la jugada no ofrecía una mejor posibilidad, y si la pelota se perdía, rápidamente todo el equipo se transformaba en defensa cubriendo cada espacio vacío y cada hombre que se proyectaba. Así fue que llegando a los treinta, Aimar y unos minutos después Saviola exigieron al arquero alemán desde afuera del área.

 -Así da gusto, con tres hombres menos contra un equipo alemán que no se anima, el seleccionado nacional intenta con inteligencia y perseverancia con muchísimo amor propio y dignidad. Estos muchachos nos han hecho sentir orgullosos sea cual sea el resultado han dejado bien alto el prestigio y la historia del fútbol argentino.

 Vaya uno a saber por que el relato divino se llenaba de frases hechas y comentarios poco originales. Pero a Miguel esta parte le resultaba algo familiar, era lo que se decía cuando el final previsible era negativo. Una sensación de “eso ya lo viví” lo invadió.

 Afortunadamente todo cambió.

 -Cuarenta minutos, Alemania sólo espera que pasen estos minutos finales pero Argentina no se entrega, intenta Mascherano, de incansable labor en el medio, tiene que enganchar por que no tiene pase, ahora si se muestra Tevez, para él va la pelota, de espaldas engancha y gira, intenta la personal…pasa entre dos rivales, cerca del área inicia la diagonal, amaga una vez, engancha para afuera dejando descolocada a la marca, con Khan en el área chica el negrito saca un tiro suave que el arquero alcanza a manotear y da en el travesaño, gooooooool...

 Allí el moribundo salto, levanto los brazos, gritó con todo lo que su voz podía. Después de dar en el travesaño, la pelota había vuelto al punto del penal y el mismo Tevez, de palomita la había cabeceado adentro. La pila humana del festejo duró una enormidad, el revuelo en el banco y el pequeño grupito de argentinos en la tribuna transmitía una alegría descomunal. Ahora sí, cualquier cosa era posible, los alemanes no reaccionaron nunca hasta el final de los noventa y los interminables cinco minutos de alargue. El pitazo final llegó como un remedio a la anestesiada imagen del estadio: ocho le empataban a los once locales y lo mandaban a jugar un alargue donde el mas corajudo iba a poder con el otro. Como si la cosa fuera de igual a igual.
 El técnico planteó las cosas como en un potrero en un siete contra siete, dispuso una defensa que achicara hacia delante, un cinco delante de la improvisada línea de tres y una consigna general que funcionaba especialmente arriba: no rifar ninguna pelota, trasladarla sin dividirla, jugarla siempre al pie y, cuando no había pase animarse a la individual hacia delante, buscando siempre el remate desde afuera. Todos, los ocho, habían cumplido rigurosamente el rol que les tocaba. Por eso cuando se quedó sin Sorín y sin Heinze, ingresó Milito, y cuando Crespo no pudo mas con la doble marca de los centrales entró Tevez y, con Riquelme sin mas piernas, ingresó Aimar. El D.T. no era un lírico ni un suicida, confiaba en las diferencias a favor y las explotaba al máximo.

 A un costado de la cancha, ambos técnicos arengaron a sus equipos, especialmente el alemán se mostró preocupado por el ánimo de sus jugadores, por eso la motivación verbal debía ser intensa.

 Miguel intentó iniciar un breve diálogo “tres atrás, Mascherano en el medio y Aimar, Saviola y Tevez para jugar y recuperar, la cuestión es no meterse al área...”. No hubo respuesta, inmediatamente los equipos se vinieron para la cancha.

 -Como si fueran mosqueteros, los jugadores argentinos ingresan uno al lado del otro a dejar todo, así lentamente hasta la mitad del campo, donde se detuvieron y con los brazos en alto saludaron a los cuatro costados del estadio, que asombrosamente por unos instantes permaneció en silencio observando el panorama: para este puñado de hombres el partido ya no solo era una semifinal, era el partido de su vida.

 Ahora Dios simplemente le contaba a Miguel los acontecimientos, con menos vértigo radial, pero similar rigor en la descripción aunque con elementos más subjetivos, como que estaba él mas presente en el hecho.

 -Desde el inicio los alemanes mostraron más decisión para buscar el partido, con su estilo absolutamente europeo clásico: buscar el desborde y el centro aéreo, receta que no por repetida dejaba de traer peligro, aunque los tres del fondo respondían invariablemente bien, al punto que parecían propiciar ellos la jugada descuidando deliberadamente el lateral. Así y vuelta a empezar, por que luego de esto Argentina recuperaba la pelota y, siempre bastante juntos, los pibes se las arreglaban para progresar en el campo, la cuidaban y terminaban en un lateral o una falta que el referee a esta altura mucho mas ecuánime no ignoraba, y los minutos pasaban.

 Miguel estaba sentado contra la cabecera de la cama y se tomaba el mentón prestando gran atención a lo que escuchaba y, como si viera a quien hablaba, con la mirada fija en la pared de enfrente, no atinaba a decir palabra alguna.

 -El acierto de D.T. argentino era notable, y de una fidelidad a sus convicciones hasta el límite. Llevaba casi una hora con tres hombres menos y aguantaba el partido sin meterse al área ni resignar el ataque y la generación de juego. Sin dudas un impecable estado físico y cierto complejo conspiraban contra las posibilidades del local por que es útil reconocerlo, los alemanes tenían temor por la mayor capacidad técnica e individual, por eso era muy prudentes en la marca y recurrían a la superioridad numérica para recuperar la pelota y, así iniciar su juego. Pero el paso del tiempo y la frustración por no poder iban a incidir enormemente: promediando el segundo tiempo de quince, un centro cerrado de Neuville iba a ser interceptado en lo alto por Abbondancieri, que recibió una clarísima carga ilícita de Podolski.

El arquero cayó al piso apoyando el hombro y, en su afán de no soltar la pelota se lesiono malamente. Como un acto reflejo se incorporó y la pateó al lateral para que no le cobraran los seis segundos, pero al hacerlo, se lo vio con un brazo inmóvil. El partido estuvo detenido varios minutos, ingresó la camilla pero el uno quería seguir, no podía, tenia el hombro luxado.

 -A bueno, viejo ¿por qué no me decís como terminó y listo, que mas puede pasar?
 Miguel quiso seguir pero fue interrumpido: “Podolski se fue por doble amarilla y Milito se puso la camiseta de Franco”.

 -Ahora si los alemanes nos metieron, los nuestros solo defendían y la reventaban para arriba, en esos siete minutos nos salvamos un montón de veces, dos palos y Milito que tapó dos mano a mano. En la última, hasta Kahn fue a cabecear y, estuvo a punto. Pero como dicen: cuando no va a entrar...

Así había llegado el final, que los locales vivieron como una derrota. Para Argentina en cambio, se venía una instancia de igual a igual. Y era como una revancha dentro del mismo partido.
 Empezó pateando Argentina y Burdisso convirtió, ellos también. Y así hasta el último de la serie de cinco, cuando Ballack le dio fuerte al medio, y, el improvisado arquero le puso las manos y dejó mudo al estadio.

 Miguel agradeció de rodillas y con las manos entrelazadas, no pudiendo contener las lágrimas dijo “gracias Dios”.

 -Pero lo más conmovedor fue el festejo y el aplauso de pie de todo el público alemán, si bien breve, su unanimidad era un respetuoso homenaje al esfuerzo realizado por siete tipos que tiraron un mito.

 Por que en el mundo del fútbol existen mitos, que son como respuestas imaginarias a ¿cual sería el partido que daría mayos satisfacción a un hincha?, y en tanto que el tiempo pasa esos partidos solo ocurren en la cabeza del hincha pero nunca en la realidad, hasta que ocurren y, el mito se transforma en hecho y memoria. Sin ninguna duda esta semifinal, por todo lo que pasó en ella y su resultado había convertido en realidad un mito.

 Luego vino el silencio, primero como consecuencia del éxtasis, donde Miguel buscaba recordar para retener e imaginar todo el thriller deportivo que había escuchado, con sus ideas hiperestimuladas, por que Miguel era un romántico del fútbol: gozaba del éxito pero mucho más aun de la circunstancia en que era conseguido, valoraba el salir adelante en desventaja, la pelea despareja en la que el débil le gana al fuerte, y si además esa desigualdad inicial era provocada ilícitamente, mejor. Y frente a esto, esa noche había llorado como un hombre.

 -Bueno Miguel...

 -Maestro ¿todo esto forma parte del destino?

 -Ya sabes que sí.

 -Y todos los hechos están vinculados ¿verdad?

 -¿Adonde querés llegar?

 -Por que de alguna manera mi ida esta noche ayuda a que las cosas pasen como deben pasar.
 Curioso destino el del hincha, siempre intentando que algo pase, disfrutando cuando ocurre y lamentando cuando no, pero por la naturaleza de su rol, no pudiendo incidir de manera directa en las cosas. Tiene que conformarse con mirar de afuera.

 -Maestro, ahora se que me voy por que me tengo que ir...Pero cuénteme un poquito más.
 -Pero mirá que estás ansioso, la final con Brasil la vamos a ver juntos, o que, ¿cómo creías que era el cielo?

 Si algo faltaba para traer tranquilidad a Miguel Dios se lo había dado. En ese momento Miguel cerro los ojos y muy relajado recordó su niñez en algunos breves instantes: siendo muy pequeño le pateaba penales con una pulpo a su papá en el pasillito de su casa, luego, en el patio de baldosas de la escuela, metía un frentazo a la pelota de trapo que el centro del “Chorizo” González  había puesto para que le ganarán a séptimo cuando sonaba la campana. Así, recuerdo a recuerdo pasaba por la fiesta de quince donde conoció  a María, el nacimiento de sus hijos...y, un instante antes del inevitable dolor que produce la nostalgia escuchó.

 Vamos Miguel.
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