Queridos enemigos

Invasiones inglesas, usurpación de las Malvinas, Vuelta de Obligado, pacto Roca- Runciman. ¿Los ingleses siempre quisieron dominarnos? Si hubieran triunfado en 1806, ¿estaríamos igual que Canadá o Australia? ¿Amigos o enemigos? ¿Odiados por colonialistas o admirados por su solvencia?

Por Ema Cibotti

Aprendimos desde chicos que Inglaterra -como nombramos comúnmente al Reino Unido- es nuestra enemiga y que desde 1806 hasta ahora siempre lo ha sido.

Pero si esa creencia fuera cierta, ¿patriotas como Mariano Moreno o Manuel Belgrano habrían tejido alianzas con ellos?, ¿San Martín habría aceptado la ayuda de la comunidad británica radicada en estas tierras o ponderado la conducta del ministro inglés George Canning? Cuando Rosas decidió exiliarse en Gran Bretaña, ¿ignoraba que pocos años antes él mismo se había enfrentado armas en mano contra la flota “pirata” anglofrancesa?

Basada en una investigación veraz y rigurosa, la historiadora Ema Cibotti demuestra que la sociedad argentina no vio siempre a los ingleses como corsarios ambiciosos, y que, a pesar de las nefastas intervenciones de 1806 y 1982, nunca dejaron de conformar una de las comunidades de residentes extranjeros más importantes de nuestro país, si no en número, en empuje e influencia.

Contra las interpretaciones lineales y simplistas de nuestra historia, Queridos enemigos. De Beresford a Maradona, la verdadera historia de las relaciones entre ingleses y argentinos nos invita a soltar las cadenas que nos atan a una visión desfigurada de nuestro pasado para encarar responsablemente el tiempo que nos toca vivir.

Prólogo
"Contra los ingleses es mejor"


El sentimiento antibritánico es quizá uno de los más difundidos y enraizados en nuestra idiosincrasia, al punto que se ha hecho carne en el fútbol, nuestro deporte más popular.  “Contra los ingleses es mejor”, “El que no salta es un inglés”, son consignas voceadas por millones. Cada éxito de la Selección blanquiceleste suele ser motivo de alegría colectiva, pero un triunfo contra los ingleses es mucho más; hace vibrar el espíritu nacional, por más abatido que se halle en ese momento.  El campo de juego se vuelve la arena donde la sociedad reivindica los casi doscientos años de usurpación de las Islas Malvinas.

Hemos aprendido desde nuestra infancia que ese encono es justo y nació en 1806, cuando los criollos rechazaron a las tropas británicas que trataban de ocupar Buenos Aires, y se desarrolló de manera unidireccional a lo largo de la historia al compás de situaciones en las que, invariablemente, la hostilidad entre argentinos e ingleses era la norma. La ocupación británica de las Islas Malvinas desde 1833, potenciada por la guerra perdida en 1982, parece justificar todo recelo hacia Inglaterra, y el reclamo nacional por las islas nutre y refuerza el espíritu antibritánico.

Pero postular que ese sentimiento pervive en el pueblo argentino desde entonces es una falacia que contribuye a crear un mito, un espejismo que distorsiona o falsifica nuestro pasado y también explica por qué a veces se escucha afirmar que como colonia británica nos habría ido mejor.

Si desde principios del siglo XIX los ingleses eran nuestros enemigos, ¿por qué decididos criollos como Mariano Moreno o Manuel Belgrano empuñaron su espada para defender la libertad de comercio en alianza con el mayor imperio de la época? ¿Acaso Artigas estaba distraído cuando negoció el primer tratado comercial con el gobierno británico en 1817? ¿San Martín se equivocó cuando ponderó la conducta del ministro inglés George Canning, autor del reconocimiento a las nuevas soberanías americanas?

¿Rosas ignoraba que el país que lo hospedó durante su largo exilio y hasta su muerte era el mismo que había violado el suelo argentino y cañoneado sus costas durante su gobierno? En aquella ocasión los declaró piratas; ¿acaso eso rompió las estrechas relaciones de amistad política y económica con la comunidad inglesa residente en la ciudad? De ninguna manera; cómo hacerlo, si, además, varios de esos residentes habían revistado bajo las órdenes del general Mansilla en la batalla de la Vuelta de Obligado y con fiera convicción habían ayudado a cañonear los barcos de la flota anglofrancesa.

Tampoco es posible explicar por qué una personalidad tan popular como José Hernández, el autor de Martín Fierro, manifestaba sin empacho en sus escritos de 1870 su buena voluntad hacia las manufacturas que provenían de las fábricas inglesas de Manchester.  Esa misma afinidad duró por décadas; todavía estaba presente cuando se produjo la visita oficial del príncipe de Gales a la Argentina, en julio de 1925, y continuaba en 1933, ya que el centenario de la ocupación de las islas pasó prácticamente inadvertido.

Esta profunda brecha que media entre esa creencia vigente y la percepción que animó a los hombres y mujeres que vivieron en otras épocas surge de investigaciones publicadas y conocidas en el ámbito académico -que no han merecido hasta ahora el estado de divulgación que las convierta en materia de dominio público-.

Estos estudios revelan que las expresiones anglófobas no tienen tradición en la sociedad del 1800. No hay manifestaciones de ese tenor, ni antes ni después de las Invasiones Inglesas; es imposible encontrarlas en la época de la Revolución de Mayo y ni siquiera acompañan la protesta oficial cuando se produce la ocupación de las Islas Malvinas en 1833. Tampoco se hallan estas expresiones entre los jefes y los partidos que matan y mueren en las guerras civiles.

En rigor, el siglo que abre la Revolución de Mayo acuna una clara identificación con las nuevas ideas liberales entonces en boga y que una visión retrospectiva cataloga como anglomanía o anglofilia. Nuestras tierras fueron hogar de una comunidad británica importante, tanto por su calidad como por su influencia, que se relacionó y asoció en múltiples emprendimientos con los sucesivos gobiernos de entonces. Esta filiación se proyecta claramente a lo largo del siglo X I X y por eso ignorarla resta comprensión e inteligibilidad a las acciones llevadas a cabo en esa época. Creer que los sentimientos y pasiones que animan nuestra sociedad son los mismos de hace dos siglos es una convicción que no por extendida es correcta .

Pero entonces, ¿cuándo se popularizó el dicho “contra los ingleses es mejor”? ¿Qué acontecimientos, qué convicciones precipitan este sentimiento, hoy tan difundido como vigente?

La respuesta surge de dos crisis. Una -la de 1929-, mundial, y otra -la de 1930-, local, abierta con el golpe cívico-militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen. La conjunción de ambos hechos configura el telón de fondo de la misión oficial que, presurosa, partió a Londres en 1933 con el fin de atemperar los efectos de la brutal caída de los precios de las exportaciones agropecuarias. La coyuntura es muy crítica y alimenta la primera impugnación global de lo que empieza a llamarse “imperialismo británico”. Todo el pasado de las relaciones angloargentinas es así puesto en entredicho. En ese contexto, desaparece la anglofilia y sobreviene la anglofobia, aunque sin echar raíces, pues hay que esperar a la segunda mitad del siglo XX para hallarla tan natural como el aire que se respira.

Es por eso que la línea argumental que sustenta este libro recorre los últimos dos siglos de la historia argentina. Es preciso este largo lapso para ubicar los hitos que dieron voz y sentido y grabaron de una manera determinada las relaciones con los británicos hasta cristalizar en la expresión de marras.

Este libro es, entonces, una apuesta a la comprensión histórica de lo que sucedió, que no es sino otra forma de soltar las cadenas que nos atan al pasado para encarar responsablemente el tiempo que nos toca vivir.

De Queridos enemigos. De Beresford a Maradona, la verdadera historia de las relaciones entre ingleses y argentinos, de Ema Cibotti. Buenos Aires, Aguilar, 2006. 220 páginas.

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6 de Diciembre de 2016|18:17
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  1. Pienso desde mi ignorancia, que este sentimiento anti británico como indica el autor de esta nota, es simplemente una opinión de algunos poco inteligentes, no creo que al argentino medio y con un haz de inteligencia, piense que los ingleses sean todos iguales por una determinada política exterior, que sin dudas engrandece a su país, o lo empequeñece ante la mirada fóbica del imperialismo. Acaso, España no lo fue? o es en la actualidad? que ven algunos argentos en los anglos? me parece que se trata de una real envidia, a un país organizado, patriota, leal a sus costumbres y orígenes, a un poder adquisitivo espectacular, capacidad de desarrollo y a una unión sistemática de su pueblo ante verdaderos problemas en común, sufrido y resurgente ante cada adversidad, por su capacidad intelectual, técnica, científica, y con un común denominador de honestidad, algo que desde la arrogancia e incapacidad los argentinos no se pueden lograr. Que países europeos no han hecho lo mismo? Llegar a un imperialismo por las armas o por economía aplastadora?, Argentina como toda América latina a sido explotada, sumida en la ignorancia por países que nada tienen que ver con el Reino Unido. Solo hay que ver que muchos de los países que estuvieron bajo dominio de los ingleses, hoy día son potencias mundiales en todo su exponente. Si alguien conoce un solo país de habla hispana que no sea España, y que sea potencia en cualquier orden de nobleza y grandeza, por favor enumérelo! Inglaterra, EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Hong Kong, India, y algunos otros, fueron sus colonias, y hoy son esos países los que hacen sombra a cualquier otra nación, la herencia de la cultura española tiene países TRIUNFANTES como Argentina, Colombia, México, Bolivia, Perú, Ecuador, etc. etc., todos nosotros países EJEMPLARES%u2026. en corrupción.... Genial somos campeones!! Si hoy fuésemos una ex colonia británica, seguramente no habría este crisol de razas brillantes y trabajadora, tan buscada por otros para ser cómplices y artífices estafadores!! Argentina sufre de un mal permanente y es la maldita y arrogante mentalidad retorcida de los mismos argentinos!
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  2. Yo no salto, soy argentino, hijo de argentinos y nieto de inglés. Creo que no se debe generalizar. Mi abuelo, proveniente de una familia pudiente del norte de Inglaterra (Newcastle), no quiso seguir la tradición familiar y vino a la Argentina para ser lo que quería ser. Trabajó en un obraje en el Chaco, fue electricista en Buenos aires y murió muy humildemente en Lanús. Se casó con una argentina hija de italianos y austríacos y no p0ermitio que a sus hijos los llamaran angloergentinos, ya que decía que no eran ganado. Quiso a la Aregntina tanto que le gustaba leer el Martín Fierro sentado en el umbral de su casa. Su vida no fue fácil aca, y a pesar de ello, no volvió nunca a Inglaterra, en donde tenía una familia adinerada que lo habría aceptado nuevamente. Sin embargo, el decía, en forma muy cómica, que no había que escarbar mucho en el pasado inglés por que casi seguro que saltaba un pirata. Los cipayos, son argentinos, no ingleses honestos y trabajadores como mi abuelo Walter Thomas Vincent Todd.
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  3. Hoy la sociedad tiene libertades impensadas en aquella época. El imperio global actual sigue comprándole petróleo a Chávez después de acusar a su Führer de genocida. Antes las cosas no eran así. Además, nuestra aristocracia, o clase cipaya, siempre sigue las modas y productos del imperio de turno, léase McDonald´s, Coca-Cola o shopping mall. Pero "mientras no salte la bronca, del norte nos mandan palos": Moreno asesinado en un buque inglés y arrojado al mar envuelto en su bandera. Belgrano luchando por evitar el protectorado en Tucumán. La Baring. San Martín "vigilado" por tener ideas anti-monárquicas. And so on. Si un país tiene el poder comercial de facto sobre otro no se los puede ignorar completamente. Por ejemplo, tenemos a los españoles, a quienes a pesar de festejar ganarles la guerra de independencia, les compramos sus espejitos de colores, también conocidos como celulares, o saquéan nuestros hidrocarburos. La historia no es absoluta. Nada en el universo lo es. Usar Movistar no es estar a favor del genocido indígena. Un detalle: considerando los cipayos anteriormente citados, más que Australia, hubiésemos sido otra India si nos entregábamos a ellos, de hecho "cipayo" es la casta colaboracionista y vendepatria de tal colonia. Si estamos como estamos sin haber sido de la commonwealth... Ahora vamos todos: "¡ y ya lo ve... el que no salta es un inglé´!!!!"
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