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Boca ganó y aseguró su pase a octavos de final en la Copa Libertadores

El Xeneize venció 3 a 1 Guaraní de Paraguay, se afianzó como líder de su grupo con puntaje ideal y pasó a la siguiente ronda. Mirá los goles de Palermo, Palacio, Riquelme y el único que convirtió Guaraní.

Boca Juniors, sin jugar bien ni sobrarle nada, venció esta noche 3 a 1 a Guaraní, de Paraguay, y con este resultado ya tiene un pie puesto en los octavos de final de la Copa Libertadores de América.

Los goles del partido, jugado en La Bombonera con un regular arbitraje del peruano Víctor Hugo Rivera, los marcaron Martín Palermo, Rodrigo Palacio y Juan Román Riquelme, de penal, para Boca, mientras que Miguel Paniagua descontó para el conjunto paraguayo.

El equipo de la ribera tiene 12 puntos, producto de cuatro triunfos en cuatro presentaciones en esta Copa, seguido por Deportivo Cuenca y Deportivo Táchira, ambos con 6 unidades, y cierra el Grupo 2 Guaraní, que perdió todo lo que jugó hasta ahora.

El próximo partido de Boca será ante Cuenca, el 23 de abril, en Ecuador, y cerrará su participación enfrentando a Deportivo Táchira, el 30 de este mes, en La Bombonera.

En una noche fría, la actuación de Boca fue similar a la del clima, porque nunca calentó a los hinchas, pero le alcanzó para ganar y ya estar clasificado a los octavos de final de la Copa Libertadores.

Para cualquiera que haya visto los primeros 30 minutos del primer tiempo y que por alguna razón haya dejado de observarlo si un cuarto hora después averiguara que iba 2 a 1, hubiera dicho que la ventaja era para los paraguayos.

Es que Boca no entró a la cancha en la primera media hora de juego, todo fue de Guaraní, la pelota, el dominio y las situaciones de gol, aunque no muy claras, pero situaciones al fin.

Desde el primer minuto de juego, basado en la inteligencia y el atrevimiento de Jonathan Fabbro, el conjunto paraguayo se plantó en campo de Boca y no sólo salió a jugar de igual a igual, sino que salió a ganar el partido.

Es cierto que le faltó profundidad y precisión en los metros finales, pero fue por momentos hasta muy superior a un Boca perdido dentro del campo de juego, al punto que parecía desganado.

Con Juan Román Riquelme sin tocar la pelota, con Palermo y Palacio alejados de todo, siendo casi espectadores de lujo, Sebastián Battaglia perdía más de lo que ganaba y con un árbitro firme no hubiera terminado el partido por la cantidad de faltas que hizo, sobre todo a Fabbro.

Lo llamativo de la cuestión era que no había gestos de fastidio entre los jugadores, ni reproches del técnico ni murmullo entre los hinchas.

Quizás la estampa "copera" de este Boca alimenta las esperanzas de todos hasta en los peores momentos y en ese caso tuvieron razón.

Pasando la media hora de juego llegó la apertura del marcador, con un gol clásico de Boca: desborde de Palacio por derecha, centro rasante atrás y aparición de Palermo para establecer el 1 a 0.

Si el triunfo parcial xeneize era injusto mucho más cuando marcó el segundo, esta vez a través de Palacio, quien tuvo que empujar la pelota luego de una asistencia perfecta de Riquelme.

Básicamente Riquelme, Palermo y Palacio aparecieron seriamente en el partido en ese lapso de tiempo, suficiente como para empezar a liquidar la historia.

Los paraguayos sintieron el impacto pero se fueron en búsqueda del descuento, algo que recién consiguieron sobre el final de la primera etapa, gracias a una gran jugada de Paniagua, quien gambeteó todo lo que se le apareció por el camino y así darle esperanza a Guaraní de cara al inicio del segundo tiempo.

En el segundo tiempo en un momento Boca pareció acelerar el trámite como para liquidarlo y lo hizo a partir de los encuentros que tuvieron Riquelme con Palacio.

Pero entre el arquero de Guaraní y la falta de puntería el conjunto argentino no pudo liquidar la historia en el primer cuarto de hora de la etapa final como salió a buscar, algo que se notó en su actitud.

A medida que los minutos transcurrieron los argentinos bajaron el ritmo, siendo más lentos incluso que en el primer tiempo y sólo salían de la abulia general cuando la pelota pasaba por los pies de Riquelme, el mejor de la cancha, junto a Fabbro.

Sobre el final del partido Boca liquidó la historia, con un penal inventado por el árbitro Rivera, que Riquelme cambió por gol con gran categoría, picando la pelota, para cerrar así su buena noche.

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