Deportes

La cantina

Un cuento de Rubén Lloveras. Todas las semanas el deporte se transformará en un cuento. Mandanos tu historia a: contacto@mdzol.com.

La cantina del Club Unión, tal vez sea una de las pocas que queda en su estilo. Techo de rollizos de álamo, caña barnizada y barro con una pronunciada pendiente hacia la cancha embaldosada de básquet.

Cada rollizo está pintado con los colores de la camiseta del equipo, uno rojo, otro verde y otro blanco, así hasta el final, colores que fueron elegidos por los fundadores en clara alusión a la bandera de Italia, por eso a los hinchas del Club Unión les dicen tanos.

Esos alegres colores le dan un tinte distinto. Es un gran salón de unos 10 metros de ancho por unos 25 de largo que se ubicada de este a oeste.

La entrada esta por el norte e inmediatamente a la izquierda se encuentran las heladeras de vitrina, donde se lucen los porrones de cervezas, vino, soda y gaseosa, sumados a las especialidades de la casa, pollo en escabeche, cebollitas, aceitunas, patitas de chancho aliñadas y el infaltable matambre arrollado.

Al fondo se divisa algún que otro jamón casero colgado de un gancho que sale del techo.

Mesitas redondas para cuatro personas que entran 8, las sillas son de asiento redondo con madera terciada y en el centro de la mesa el infaltable cenicero de aluminio con la propaganda del vermouth.

Si uno pide un vino de la casa lo sirven en el mítico pingüino y si lo acompaña con aceitunas el pescadito para echar los carozos también aparece.

Su piso de reluciente y casi espejada baldosa roja, obliga a que toda persona que ingresa se limpie la suela de los zapatos en una alfombra que hay en el ingreso principal.

Al ingresar uno se encuentra con la pared sur que esta plagada de fotos y pergaminos enmarcados que cuentan en imágenes la historia del club, que se mezclan con las fotos de los equipos y jugadores del fútbol mendocino.

La infaltable mesa de ping pon, el metegol, el billar y la rockola que alguna vez funcionó, que se confunden con el paisaje de mesas y sillas.

Don Jorge es el concesionario y atiende la cantina desde hace 60 años, su padre Aníbal socio fundador del club trabajó la cantina desde su inauguración allá por el ‘46. Don Jorge es fanático de la Lepra pero en especial es más fanático de los años dorados del fútbol de Mendoza.

Es vísperas de Nochebuena y un gigante arbolito de Navidad prolíjamente adornado engalana el centro del salón, sus luces encienden y apagan y sus guirnaldas de todos colores caen hacia el piso.

Por las amplias ventanas ingresa el ruido del chapoteo del agua, los niños se divierten bañándose en la pileta del club y se refrescan de la calurosa tarde, que llega a casi 38 grados.

Ingresa don Pedro que es el presidente y conoce a Jorge desde siempre, su padre Hugo también fue socio fundador del club y presidente en varios períodos.

Se saludan con un fuerte apretón de manos y conversan sobre la linda noche que les espera, Pedro comenta que tuvieron que contratar más tablones con sillas y para el festejo navideño esperan unas 1000 personas.

Jorge le dice que tuvo que alquilar 6 freezer para reforzar las heladeras y que todo está en forma impecable esperando la noche, pero donde más esperanzas tienen es al día siguiente ya que el 25 de seguir lindo, muchos llegarán a pasar la navidad en la pileta.

Su conversación es interrumpida por un ténue ruido, una persona acaba de ingresar a la cantina y se dirige hacia la mesa del rincón más oscuro.

Arrastra los pies ayudado por un bastón, es José un anciano con muchas dificultades para caminar, lleva en su cuerpo mal trecho las cicatrices que le dejó la vida, muestra cruel de cuando vivir se transforma en una lucha.

Se sienta y levanta la mano derecha en señal de pedir algo, Jorge saca de la heladera un transpirado porrón de cerveza, lo destapa, limpia un vaso y se lo lleva.

Jorge regresa al mostrador y sigue conversando animadamente con Pedro.

José, es uno de esos personajes oscuros y sin pasado que todo club tiene, se calcula que debe rondar los 90 años y vive desde la fundación del club en una piecita ubicada atrás de la cantina, su aspecto es de abandono, sucio y hasta maloliente.

Nunca se le conoció familiar alguno, habla muy poco y no se puede precisar como llegó al club Unión, lo que si sabe Jorge, es que debe alimentarlo y cuidarlo como lo hizo siempre su padre.

La mirada de José está perdida y mira fijamente como las luces del árbol navideño enciende y apagan, mientras bebe en pequeños sorbos la cerveza que dificultosamente pasa por su garganta.

Dos niños ingresan a la cantina, solicitan 2 helados “carita”, con monedas pagan a Jorge y se sientan en una mesa cerca de la pared de los cuadros a comer la golosina que acaban de comprar.

Uno de ellos señala un cuadro y se ríe, comenta "fíjate como está vestido” y larga la carcajada.

Pero ante la sorpresa de Pedro y Jorge, el anciano José se levanta con mucha dificultad y se dirige a lo niños, estos se asustan e intentan levantarse de las sillas.

José les dice que no se asusten y con voz suave les pregunta si saben quien era esa persona.

Los niños responden que no. Entonces José les dice que se llamaba Domingo Rafael Godoy, jugador de Godoy Cruz Antonio Tomba, que hizo 246 goles en todo el tiempo que jugo en canchas de Mendoza.

Uno de los niños asombrado exclama ¡¡¡¡¡¡ más goles que el Tecla Farías !!!!!! José asiente con la cabeza y dice “... si más goles que el “tecla” Farías...”

Entonces José señala con su bastón otro jugador y les comenta a los niños “.... este se llamaba Medardo Sosa, hizo 270 goles y era un goleador de raza, donde le caía la pelota la mandaba a guardar....”, el otro de los niños exclama ¡¡¡¡ GUAU 270 goles.... más que Palermo!!!!!!, José asiente con la cabeza y dice “.... sí, más que Palermo...” .

Los niños ya en confianza siguen preguntando y preguntando y el anciano José responde como un libro abierto, comenta anécdotas sobre la inauguración de la cancha de Independiente en 1925 y les muestra un cuadro donde se ve una foto aérea del diario La Libertad,  donde se observa el velódromo, mientras los niños siguen con atención los relatos de cómo era Mendoza y su fútbol, por aquella época.

Habla sobre Bruno Rodolfi, los hermanos González, Médicce, Benegas, habla sobre los equipos de Independiente Rivadavia de los ’50, que le decían los Húngaros.

De la mano de Tito Romieux y el “mariposa” Ortiz, la gente se divertía y llenaba las tribunas a pesar que no ganaron campeonato alguno.

Los recuerdos también son para el Godoy Cruz que de 10 campeonatos jugados ganó 5.

Por su memoria pasaban Huracán Las Heras, el Talleres invicto del ’46 con Flamant, Pérez y Leoncio López o el del ‘55 y ‘56 con Moreno al arco, el Maipú de Mumo Orsi, Gutiérrez, Murialdo, Boca del ’57 con Nery Soto, el gol de arco a arco de Raúl González.

Habla del Cóndor de América y los Cruces de Los Andes, del Negro Eusebio Guíñez, de Juan Ribosqui, de Italo Pivetta, de Gimnasia del Víctor y el documento Ibáñez, de los viejos nacionales.

Los relatos son interrumpidos por el padre de los niños que los viene a buscar para retirarse del club, los purretes agradecen a don José, le dan la mano y le dicen “feliz Navidad, abuelito José”.

El anciano José, con mucha dificultad regresa a su mesa ubicada en el rincón más oscuro de la cantina y prosigue con el rito de beber con dificultad su cerveza.

Mientras Pedro y Jorge aun sorprendidos por los relatos del viejo, se despiden y se desean una feliz Navidad.

Ambos regresan a sus tareas, mientras José sigue sentado con la mirada perdida en el árbol de Navidad.  

Las luces prende y apagan, una brisa calida entra por las ventanas y mueve la estrella de la copa del árbol, como un milagro ilumina el rincón más oscuro de la cantina, justamente donde esta sentado José, el reflejo de la estrella le da en la cara, su rostro se ilumina, José sonríe y murmura, “ojalá sea una feliz Navidad”.

El autor: Raúl Lloveras es lasherino, historiador del fútbol mendocino. Columnista y colaborador de suplementos deportivos.

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|18:55
2
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9 de Diciembre de 2016|18:55
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  1. Gracias por interpretar y el fútbol a través de un cuento. Alguna vez dos Lassherinos, nos vamos a juntar y nos va a unir una causa común: Cuentos de Fútbol. Felicitaciones y abrazo. catlobo
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