El problema no está adentro, sino afuera de los taxis

Ninguna de las medidas de seguridad para taxis de las que se habla ahora, podrían haber evitado la muerte de Tomás Laporte. El debate se ha desviado hacia afuera del gobierno.

El salvaje asesinato del taxista Tomás Laporte abrió nuevamente el debate en torno a qué tipo de seguridad deben tener los autos de alquiler en Mendoza.

La brasa caliente de tener que determinar cómo transitar con mayor seguridad pasó, una vez más, a las manos de propietarios y choferes de taxis.

De esta manera, el debate ya no está en la inseguridad violenta de nuestras calles, sino en si se colocan blindex, si se blinda el auto completamente, si se colocan o no cámaras de seguridad en el interior, si sirve o no sirve el sistema de control satelital…

Distraídos en ver quién se hace cargo de los costos, pocos hablan de Laporte y de su desconsolada familia. Los choferes quieren que los propietarios de los automóviles se hagan cargo de pagar nuevas medidas de seguridad y los dueños, quieren que alguien los ayude a afrontar esos mayores costos. Se pelean entre ellos mientras el gobierno, con la cabeza gacha, se llama a silencio escabulléndose de un debate en el que debería tener un rol central.

El hermano del taxista asesinado, Rubén, sacerdote del barrio La Gloria, lo había advertido: “no quiero que se transforme en un número más de la estadística”, dijo mientras celebraba la misa de cuerpo presente.

Tomás Laporte murió por un tiro que ingresó por el parabrisas y dio, certero, en su pecho.

No lo hubiera salvado una cámara interior, ni el blindex que lo separara del pasajero y mucho menos el seguimiento satelital.

El debate, obviamente, pasa por otro lado: debe ser cómo el Gobierno de la provincia enfrenta, domina y extingue la criminalidad que nos acosa.
Opiniones (1)
25 de septiembre de 2017 | 07:52
2
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25 de septiembre de 2017 | 07:52
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  1. Hay que cambiar los codigos con la delincuencia. El que asesina a un tachero o a un Policia, es un PEREGIL y merece ser denunciado por la misma comunidad delictiva. Si cada vez que suceda un hecho de esta naturaleza, en vez de corta las calles, se denuncia: varios puestos de quiniela clandestina, lugares de venta de mercaderia ilegal, casas de prostitucion, etc. La delincuencia ayudaria a controlar a sus propios marginales.
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