"No quiero un San Martín impoluto ni uno pecaminoso"

A diez años de su aparición se acaba de reeditar  "El dilema de los próceres", una novela del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz que rastrea los mitos fundacionales de la cultura argentina y reflexiona sobre la dificultad de instalar la noción de héroe en la literatura nacional.

Por Julieta Grosso / Télam

Los protagonistas de esta historia son bien familiares para el lector: por un lado el detective inglés Sherlock Holmes, que a falta de su habitual colaborador Watson delega esa función en José Luis Borges, un casi homónimo del famoso escritor que piensa y habla como el autor de Ficciones y El aleph.

Inspirada en el tono de los viejos volúmenes de la colección Robin Hood que fascinaron al autor desde chico, la trama arranca cuando Borges contacta en Londres al protagonista de Estudio en Escarlata para encontrar a los responsables de un extraño atentado del que ha sido víctima.

A partir de allí, la novela que acaba de ser relanzada por Sudamericana, se transforma en un thriller plagado de giros sorprendentes y diálogos irónicos, que vincula en un mismo plano a José de San Martín, Juan Manuel de Rosas, Victoria Ocampo y Evaristo Carriego, todos ellos en el marco de una Buenos Aires acechada por cuchilleros y espadachines.

En esta entrevista Fernández Díaz aseguró que uno de los objetivos de su obra es "instalar una épica argentina tan presente en las culturas del hemisferio norte, pero tan ausente en esta región" y criticó "ese fenómeno tan degradante de retratar a los próceres en situaciones pecaminosas".

- ¿Qué hay detrás del thriller histórico que propone El dilema de los próceres?

- El libro plantea por un lado una historia de aventuras y por el otro una novela en clave cultural e histórica. Por eso creo que hay un primer lector que la puede leer de corrido y sin problemas, y luego un lector más consustanciado con el núcleo de la cultura argentina, sobre todo con la visión de Borges, la dialéctica civilización-barbarie y los grandes historiadores del siglo XIX y XX. Mi idea era confrontar dos personalidades que en realidad son dos culturas: un inglés encarnado por Sherlock Holmes que funciona como paradigma y un argentino que se parece muchísimo a Borges y que como buen argentino quiere ser algo que no es, en este caso inglés. Lo interesante es ver cómo Holmes termina admirando las cosas que abomina el argentino de su propio país.

- La elección de Borges como personaje no parece azarosa: él en su literatura apuntaba a la restitución de una épica de valores, en el mismo sentido que avanza su obra...

- Tanto este libro escrito hace diez años como el más reciente La logia de Cádiz fueron escritos en procura de crear una épica argentina. Me asombra que nunca hayamos podido tener una épica, es como si esa posibilidad fuera sólo practicable para el Hemisferio Norte. De hecho, nuestros hijos aprenden historia anglosajona gracias a las grandes películas y a las novelas históricas de aventuras de esa región. El Hemisferio Sur, en cambio, parece destinado a una historia cristalizada, politizada y hasta caricaturesca. ¿Qué pasa con nuestra autoestima que no podemos desarrollar nuestra propia historia de una manera emocionante, entretenida y profunda a la vez como hacían Joseph Conrad o Robert Louis Stevenson o como durante el siglo XX hicieron grandes directores como John Ford o Billy Wilder o Howard Hughes. Un pueblo que no puede manejar el culto a sus héroes está destinado a seguir siendo errático. Tenemos como una identidad deshilachada. Nosotros hemos tenido la guerra de Malvinas, que más allá de que fue una guerra maldita conducida demencialmente por la última dictadura militar, no fuimos capaces de reconocer más allá de estas circunstancias a nuestros héroes, que los hubo.

- El dilema de los próceres se mueve en un registro paralelo a esas dos visiones que coexisten en la historia argentina: por un lado esa condición de prócer infatuado que pregonan los viejos manuales de historia y por el otro esa tendencia reciente a retomar a las figuras desde sus puntos más vulnerables. ¿Cómo se mantiene ese equilibrio?

- A mí no me interesaba ni un San Martín impoluto ni un San Martín pecaminoso. Era un hombre imperfecto que además fracasó como estadista, pero que mantuvo un sistema de honor muy interesante. El dilema... es, antes que nada, un homenaje a esas novelas de aventuras con las cuales varias generaciones fueron felices. Yo quería recuperar la tensión entre civilización y barbarie. Por eso el personaje de Holmes se da cuenta de que es civilización más barbarie. Ultimamente, muchos autores padecen una enfermedad que es reacción de otra enfermedad anterior: la enfermedad del bronce de tantos años nos produjo ahora una suerte de morbo. Hoy caímos en el programa 'chimentero' de héroes históricos, que puede resultar divertido para una sobremesa pero resulta degradante desde el punto de vista literario. Me parece que hay un aprovechamiento oportunista de esto que se ha dado en llamar el neo-revisionismo.

- La novela toma posición también sobre algunos mitos, como cuando define al Martín Fierro como "un desertor que es una especie de héroe nacional en mi país". ¿Una sociedad fija su destino cuando elige determinados mitos y descarta otros?

- Borges decía efectivamente que si este país hubiera tomado como referencia al Facundo de Sarmiento y no al Martín Fierro de José Hernández otro hubiera sido su destino. Lo que estaba diciendo es que en vez de tomar el nacionalismo del gaucho de tierra adentro ideado por un rosista como Hernández, la sociedad argentina debería haber tomado la visión liberal sarmientina que trataba de desterrar el mito de la barbarie.

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10 de Diciembre de 2016|12:25
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