Muere a los 95 años Helen Levitt, la poeta-fotógrafa

La estadounidense, una fotógrafa clave en la historia de la fotografía del siglo XX y retratista del Nueva York callejero, fue hallada muerta hace dos días en su casa de Manhattan por su hermano, informó hoy su editorial, Powerhouse.

Por Belén Palanco / EFE

El aporte de la mirada de Levitt a la fotografía, sobre todo en blanco y negro, fue importante porque documentó, al margen del fotoperiodismo, la vida que acontecía en las calles de Nueva York.

Nació y vivió en la ciudad de los rascacielos y de la Estatua de la Libertad y con ese espíritu de libertad paseó por los barrios neoyorquinos y capturó instantáneas que recogen eso: instantes misteriosos y líricos.

De ahí que el crítico Adam Gopnik de la revista New Yorker la describiese hace ocho años como la "poeta-fotógrafa suprema de las calles y la gente de Nueva York".

Gopnik, quien también prologó el libro de Levitt Here and there (2003), fue de los pocos críticos a los que la fotógrafa concedió una entrevista, ya que ella no se prodigó con los periodistas y tampoco le interesó el fotoperiodismo.

Pero Levitt no necesitó nunca del poder mediático para darse a conocer a mediados del siglo XX cuando captaba en negativos en blanco y negro escenas fugaces que ocurrían en los barrios neoyorquinos de Harlem, Yorkville y Lower East Side.

Los protagonistas de sus instántaneas fueron los viandantes y ante todo los niños. De ahí que hablar de la obra de Helen Levitt es mencionar sus imágenes de niños.

Y entre ellas, dos fotos en blanco y negro de finales de los años ´30 y principios de los ´40: la instantánea de tres niños que salen de su casa para pedir caramelos por la fiesta de Halloween y la de cuatro niñas que caminan por la acera con la mirada prendida en cinco burbujas de jabón que ascienden melódicamente en el aire.

Podría parecer que a Helen Levitt les gustan los niños pero este punto lo desmintió en la entrevista que concedió a Gopnik: "La gente piensa que me gustan los niños, pero no, sólo es que los niños estaban fuera, en las calles".

En la actualidad, esas fotos de niños anónimos y de clases sociales medias y bajas que disfrutaban de los juegos, las travesuras o de un paseo por las calles aledañas a sus hogares son documentos irrepetibles por factores sociales.

Los niños modernos pasan la mayor parte del tiempo libre en sus casas jugando con la consola o viendo la tele, y además existen leyes de protección del menor que limitan la reproducción de las instantáneas en las que salgan.

Aunque el aspecto más importante es la sensibilidad y la magia que trasmiten dichas fotos que fueron tomadas por Helen Levitt, una fotógrafa que tenía un don que educó en sus visitas a las pinacotecas y sobre todo por ósmosis con fotógrafos, artistas y críticos de la época.

Sus primeros maestros fueron dos leyendas de la fotografía: el estadounidense Walter Evans, que la inició en el uso del laboratorio, y el francés Henri Cartier-Bresson, que la influyó en la compra de su primera cámara, la eterna Leica de 35mm.

Asimismo cabe destacar la gran influencia que ejercieron en su vida el artista y fotógrafo Ben Shahn y el escritor James Agee, quien prologó su primer libro, A Way of Seeing (1965) y rodó dos filmes.

Pero Helen Levitt no fue siempre fiel a la fotografía y abandonó la cámara a finales de los años ´40 y principios de los ´50 tentada por el documental y tras conocer al cineasta español Luis Buñuel.

Lo indudable es que Nueva York fue el escenario de su obra, ya que Levitt no salió prácticamente de esta ciudad, tan sólo para ir a fotografiar a México escenas en las que se ven a hombres en cantinas locales en las que beben pulque, una bebida alcohólica que se fabrica a partir del jugo fermentado del maguey.

Este trabajo se recoge en Helen Levitt: Mexico City (1997), un libro tardío al igual que otros que han sido editados sólo en Estados Unidos y en inglés: In the Street: Chalk Drawings and Messages 1938-1948 (1987); Crosstown (2001); and Here and There (2003).

En español no hay títulos -hasta la fecha- de Helen Levitt, esa fotógrafa, que como otras leyendas humildes, llegó a confesar a James Agee, según recoge hoy The New York Times, que "la suerte" fue el aspecto clave en su obra.

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