Habla la mendocina a la que separaron de su hermana gemela al nacer

Esta mendocina de 34 años fue dada por muerta cuando nació en el desaparecido Hospital Emilio Civit y dada a otra familia. Toda una vida después descubrió que tenía una hermana gemela y una familia que no conocía. Hoy la Justicia obliga al Estado a resarcir el daño y pagarles a ella y a sus padres $715.000.

La increíble historia de dos hermanas gemelas que se reencontraron cuando tenían 30 años por mera casualidad recorrió el país cuando se conoció en 2004. Hoy vuelve a ser noticia porque el decimoquinto juzgado civil de Mendoza determinó que el Estado debe resarcir a la familia por la separación de las recién nacidas. El monto calculado ronda los $700 mil.

Liliana Chevrete tiene 34 años y cuenta su historia tratando de reflejar la conmoción y sorpresa que sintió cuando se enteró de que había sido separada de su familia y dada por muerta. Todo comenzó en 2004 cuando al entrar a un negocio, una vendedora –llamada Claudia- le dijo a Liliana que era idéntica a su hermana. La charla comenzó entretenida, hasta que descubrieron que Liliana y la hermana de la vendedora habían nacido el mismo día. Más precisamente el 28 de abril de 1978 en la sala de partos del Hospital Emilio Civil.

Entonces, Claudia insistió en que su hermana se reuniera con Liliana y de inmediato, los rasgos de ambas las delataron. “La primera vez que nos vimos nos dimos cuenta de que éramos dos gotas de agua. Con la mirada solamente ya nos entendíamos”.

Otro impacto llegó de la mano del primer encuentro con sus padres, Irma Falcón y Román Chilote, a quienes aquel 28 de abril les dijeron en el hospital que sólo una de las gemelas había sobrevivido y que durante 30 cargaron con la pena de una beba que nunca llegaron a conocer.

“A mis padres biológicos los conocí en un club de Rivadavia, quedamos en juntarnos ahí y comimos un asado con toda la familia, me cuesta mucho contar lo que sentí en ese momento, fue hermoso, algo increíble. No puedo creer a veces que tuve otra familia todo este tiempo”, relató Liliana en la oficina de su abogado, Marcelo D´Agostino.

Tras el shock inicial, los padres de esta mendocina decidieron pedir justicia y recurrieron a un abogado de San Martín, departamento en el que actualmente viven, pero el tiempo pasó y la causa no avanzó. Por ello, una persona les aconsejó recurrir a los medios y así la historia llegó a la televisión y repercutió en los medios nacionales e internacionales.

Al poco tiempo, vino la prueba de ADN que ellas mismas pidieron confirmando el hallazgo y fue entonces que D´Agostino tomó el caso que 30 años después le da un cierre a esta increíble historia.

Como relato de vida, el de Liliana es sinceramente uno difícil de creer. Para ella, por momentos resulta una película y hasta entiende que la gente compare esta trama con una de Hollywood, aunque destaca que conocer esta verdad le valió momentos de mucha pena y soledad. “He pensado mucho en qué me perdí, en cómo hubiera sido mi vida, durante un tiempo me sentí muy sola por eso, muy mal. Pero hoy he aprendido a aceptarlo. Con Mariana no hablamos mucho del tema porque nos duele, pero sí de otras cosas, de nuestros hijos por ejemplo”.

La causa judicial
El caso llegó a la Justicia en 2004  y ahora la jueza María Mercedes Herrera determinó que en concepto de daños y prejuicios les corresponden $100 mil a Liliana y $80 mil a cada uno de sus padres biológicos. Asimismo, el Estado deberá desembolsar los intereses calculados desde el 28 de abril de 1984, que llevaría la suma total a $715 mil. El Estado puede apelar esta sentencia, de no hacerlo se deberá incluir el monto en el presupuesto 2010.

D´Agostino explicó la causa “es en contra del Estado ya que su madre, la señora Falcón, asistió a un hospital público y este como entidad debe garantizar la salud de la madre y el niño y que se retiren la madre con el hijo, aquí es donde se comete el error, la negligencia o el dolo, lo que haya sido”.

Para estipular un monto el abogado tuvo que investigar casos similares, lo más cercano fueron causas de desaparecidos de la dictadura que habían sido dados por muertos. “No hay precedentes de esto”, destacó.

En su momento, el letrado analizó recurrir a la Justicia Penal para así buscar a los culpables, pero el médico que firmó el certificado de defunción falleció hace algún tiempo. “El sentido común me dice que pudo haber más casos como éste, de esto nos enteramos de casualidad y salió a la luz,  sino Liliana hubiera pasado toda su vida sin saber que tenía una hermana gemela viviendo a 50 cuadras de su casa”, declaró.

Una ayuda que llega en buen momento
A pesar del hecho delictivo en sí, hay una realidad que es dificil dejar de lado. Ambas familias de Liliana, la adoptiva y la biológica viven en condiciones muy precarias. Ella trabaja  como empleada doméstica, vive en Las Heras y con la noticia de esta sentencia, ahora “sueño con comprarle una casa a mis hijos, para así dejarles algo”. Junto a su marido, quien trabaja en construcciones, tiene tres hijos pequeños.

Sus padres, por otro lado, harán lo mismo con el dinero que reciban ya que actualmente viven en una casa prestada en San Martín. Durante la charla y en más de una oportunidad, Liliana dice “me pregunto qué cómo hubiera sido mi vida”. Lo cierto es que hoy tiene 16 hermanos en total, siete de su familia adoptiva y nueve de la biológica.

A modo de conclusión, Liliana refleja sobre la realidad que le tocó vivir y que si bien no es común, le dejó dudas y miedos del sistema de salud de la provincia. “Tuve miedo cuando fui a tener mi nena mas chiquita, hace tres años, dije “ay no me la vayan a robar”. Por ahí uno piensa que esas cosas no pasan, pero que las hay, las hay. Yo no guardo rencor, ni juzgo a nadie, sólo Dios sabe lo que hizo cada uno”.

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