Repoblar de sapos, la otra respuesta para la lucha contra el dengue

Defender la fauna urbana antes que volverse locos echando plaguicidas, es la repuesta que ofrece la Fundación Cullunche. El caso de un vecino que intenta repoblar de sapos su zona, sabiendo que cada uno come 15 mil insectos al mes. Un dato para mirar con cariño a los murciélagos: cada uno come 600 mosquitos por día.

El asunto es así de sencillo: si hubieran más sapos y ranas en las zonas pantanosas, habrían menos mosquitos. Es que según datos de la Fundación Cullunche, un sapo come 15 mil insectos por mes. ¿Por qué en Mendoza hay entonces tan pocos? No hay una explicación, pero es mucha la gente que recuerda que antes era habitual y normal que los batracios anduvieran por allí.

Las fumigaciones masivas de otros tiempos en contra de los mosquitos es una de las explicaciones que se encuentran. Aquellas que, al envenenar las áreas mataron también a sus enemigos naturales.

Otra versión da cuenta de las consecuencias en la fauna de la extensión de la mancha urbana, sobre todo, después de la desordenada reubicación de barrios después del terremoto de 1985.

Lo cierto es que, a diferencia de provincias como San Juan o San Luis en donde la gente convive con los sapos sabiendo que le hacen un bien a los jardines, pero también a la población, en Mendoza cuando un niño se toma con uno lo más probable es que le arroje una piedra, o varias, hasta terminar con él.

En El Bermejo, una zona húmeda de Guaymallén, hay un vecino que los cría y reparte por la zona con la idea de repoblar de batracios una zona que los supo tener, pero en el que ahora es difícil hallarlos.

Ese vecino de las inmediaciones de la escuela técnico agraria Miguel Pouget, ha encontrado en ese parque natural que constituye la finca que rodea al establecimiento, el hábitat ideal.

Anónimo –“para que no me vengan a pedir sapos todo el mundo”- el vecino al que llamaremos “Juan” los trae de San Luis desde hace cinco años, “por lo menos” y los cría, primero, en su patio, en donde posee un estanque robado a los placeres estivales de sus propios hijos. Luego, los reparte por la zona, “con la esperanza –dice a MDZ- de que se reproduzcan por sus propios medios”.

Pero la adversidad es grande, según Juan. “Los plaguicidas, la poca cultura de la gente, los niños que le tienen ese miedo que le transfieren sus padres y hasta la propia cara fea de los sapos juegan en contra”. Agrega un dato más: “hay tantos perros muertos de hambre sueltos por allí que ¡se los comen!”, nos cuenta.

Jennifer Ibarra es una defensora de la “fauna urbana”, los bichos que viven en la ciudad y que, por lo general, son menos simpáticos que los de los zoológicos. Agrega algunos datos reveladores a lo que aporta el vecino que trabaja a favor de los sapos de manera empírica y voluntariosa.

“Los sapos y las ranas, los anfibios en general pero también los murciélagos –explicó Jennifer Ibarra, de la Fundación Cullunche- son controladores biológicos”.

Aquí se invierten los datos, ya que, según explicó a MDZ, es "su ausencia lo que indica que una zona está contaminada”.

Sapos, ranas, murciélagos y hasta las arañas son indicadores de la salud en la que se encuentra el ambiente: si faltan, esa señal es como la fiebre en los seres humanos.

Precisamente en la zona de El Bermejo en los últimos años, según explica Juan, se han erradicado muchos árboles y los vecinos no se contienen a la hora de arrojar las botellas a los canales de riego, taponándolos y llenándolos de sus rancias que matan los seres vivos que garantizan la muerte del mosquito.

“Cuando se responde con plaguicidas, únicamente, se responde mal”, sostiene Ibarra. Esto es así porque “el plaguicida no mata selectivamente al mosquito del dengue, mata todo”.

Por eso, sostuvo que “antes de ponerse a fumigar por todos lados deberían limpiar las acequias y permitir que el agua limpia circule. Donde hay agua limpia circulando –afirmó Ibarra- no hay mosquitos de ningún tipo”.

Mientras tanto, alguien debería promover la crianza de murciélagos. Según Cullunche, cada uno digiere, por día, 600 mosquitos. No contaminan y son incapaces de causar los efectos nocivos que tiene un plaguicida.
Opiniones (6)
18 de diciembre de 2017 | 16:51
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18 de diciembre de 2017 | 16:51
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  1. En la casa de gobiernom hay uno, y nos gobierna desde hace poco más de un año.
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  2. Lo único sensato, desde el punto de vista médico, es impedir o disminuir el estancamiento de aguas. Pretender que en Mendoza hayan sapos como en la pampa húmeda es otro de los bolazos de la Fundación Cullunche.
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  3. Aún no he visto a ningún ambientalista rabioso (o pseudoambientalista) promover la prohibición de plaguicidas, herbicidas, sulfatos, etc. utilizados en la actividad agrícola. ¡¡LA MAS CONTAMINANTEEEE!! en Mendoza. Estos malditos productos han exterminado sapos y ranas. Sin embargo se siguen utilizando indiscriminadamente. ¡¡Hay cada chanta pregonando el cuidado del medio ambiente, que da verguenza ajena!!
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  4. ..la solución no es una, y eso es para todos los problemas que tenemos. Para dar solución a los problemas hay que verlos en forma de sistemas -al igual que la inseguridad- el tema de los sapos es buena idea, no creo que sea buena idea que esten en las asequias, pues en estas no debería haber agua estancada. La municipalidad se tiene que hacer cargo de la limpieza, y no ahora sino siempre, y la población hacer su parte preventiva atacando el hábitat del vector y también usando en la medida de lo posible mosquiteros y también repelentes.
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  5. Está mal contaminar con plaguicidas, pero tengan en cuenta si le damos vía libre a los murciélagos despues tendremos que ver como eliminamos la rabia... y así con lo que venga. Hay que PREVENIR MUCHACHOS!!!!
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  6. La verdad me parece una muy buena forma de combatir el dengue de una manera natural. Los felicito y espero como dice la nota, que se ayude con la limpieza de las acequias para que el agua no se estanque y que se le de un poco de cultura naturista a toda esa gente dañina e ignorante que solo se divierte haciendo daño a la fauna.
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