La epopeya de Herzog en la selva peruana

Por Astrid Riehn

Desde el inicio de su rodaje en la selva de Perú a principios de los ´80, "Fitzcarraldo", una de las películas más recordadas del director alemán, siempre dio que hablar. Se acaba de publicar en nuestro país el diario de filmación del polémico film protagonizado por el indómito Klaus Kinski.

Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo), de Werner Herzog. Buenos Aires, Entropía, 2009. 274 páginas.$64.

La película no sólo es recordada por la majestuosa escena principal en la que un enorme barco era arrastrado montaña arriba y abajo por decenas de indígenas (sin efecto especial alguno), ni por la tan remanida relación de amor-odio entre el director y su protagonista, Klaus Kinski ("el hombre salvaje del cine alemán"), sino también porque fue, quizá, uno de los rodajes más audaces y accidentados de la historia.

Ahora es posible leer de primera mano acerca de los sacrificios, miedos y desafíos que asumió Herzog para rodar Fitzcarraldo después de que la editorial argentina Entropía publicara por primera vez en español Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo) de Werner Herzog, publicado en Alemania en 2004.

El escritor argentino Ariel Magnus, traductor del libro al español e ideólogo del proyecto, contó que Herzog le cedió los derechos para la primera edición. Ante algunas dudas que se le plantearon en la traducción, Herzog le contestó simplemente que eligiera aquellas palabras que en castellano tuvieran "un sonido misterioso".

Más allá de algunas referencias a la producción cinematográfica en sí (las dificultades en la fabricación de los dos barcos gemelos necesarios, las negociaciones con los extras indígenas, la construcción del campamento del equipo de filmación en medio de la selva, los tira y aflojes con los estudios de cine para la financiación del film), se trata, sobre todo, de un ensayo con claras ambiciones literarias acerca de la selva, su grandiosidad y el desafío que encierra.

"Empezó a llover. El río es marrón verdoso, acompasado y bajo. Los bananos a la izquierda de mi choza están hinchados, desvergonzadamente sexuales. En la tranquilidad de la lluvia el paisaje practica la sumisión. Una profunda respiración atraviesa la selva, todo está quieto (...) Las penas de la selva parecían hoy menos agobiantes; pudrir, descomponer y dar a luz se dio más fácilmente. La selva, exclusivamente en el presente, si bien está involucrada en el tiempo, permanece por siempre sin edad", escribe Herzog el 12 de abril de 1981.

A la vez es, también, un diario personal, en el que Herzog recoge, con una sinceridad puntillosa, sus impresiones acerca de quienes lo rodean, pero también sus propios temores.

"Observando mejor se me hizo evidente que ya nadie estaba de mi lado, ninguno, nadie, ni uno, ni uno solo. En medio de cientos de extras indígenas, docenas de trabajadores forestales, la gente de los barcos, personal de cocina, equipo técnico y actores, la soledad me golpeó como un animal gigante y enfurecido. Pero yo veía algo que los otros no veían", confiesa Herzog tras encontrar la pendiente por la que quiere subir a rastras el barco.

En el libro no faltan referencias a varios personajes que dan cuenta del espacio que Herzog ya se había ganado en el mundo del cine con películas como Aguirre, la ira de Dios (1972) o Nosferatu, fantasma de la noche (1979), como al actor estadounidense Jack Nicholson ("Quería que lo encontrara en el set de El resplandor, tiene ganas de hacer algo conmigo, pero no quiere ir a la selva, ¿se podrá hacer la cosa en un estudio en casa?"); Francis Ford Coppola ("Después de la operación de hernia, Coppola no se siente aún del todo bien. En él se mezclan de forma singular el lamento quejumbroso, la necesidad de protección, el trabajo profesional y el sentimentalismo") e incluso al escritor peruano Mario Vargas Llosa ("A Vargas Llosa le gustaría participar de alguna manera, pero hasta fin de septiembre tiene obligaciones").

Las pinceladas de Kinski, quien finalmente interpretó a Fitzcarraldo, el empresario del caucho que sueña con erigir una ópera en medio de la selva, merecen un capítulo aparte; sobre todo sus estallidos de rabia, que ya fueran plasmados por el propio Herzog en su documental Mi enemigo íntimo.

Kinski se sume en ataques de rabia cuando le tocan el pelo y grita: "¡Ni siquiera mi peluquero puede tocarme el pelo!"; se hace el enfermo cuando siente que no es el centro de atención; se quiere mudar debido a las hormigas; no se sabe los diálogos; se lava las manos con alcohol después de darse la mano con los indígenas; apoya ardientemente la mejilla contra un tronco y comienza a copular con el árbol; acusa a Herzog de estafador y amenaza con irse del rodaje, se pelea a los gritos con los miembros del equipo.

Tanto que los mismos indígenas que participaron del rodaje ofrecen a Herzog "matarle" a Kinski. En un pasaje del libro, Herzog se desahoga: "Nadie va a saber nunca qué esfuerzos fueron necesarios de mi parte para mantenerlo en pie, llenarlo de sustancia y darle forma a su histeria".

El director también se despacha a gusto sobre el actor estadounidense Jason Robards, que asumió el papel de Fitzcarraldo hasta su enfermedad, que puso fin a la primera etapa de filmación, al que considera un cobarde. Es, asimismo, implacable con Mario Adorf, el actor ítalo-alemán que interpretó al capitán del barco hasta la interrupción del rodaje: lo considera un hombre "vanidoso, estúpido y desleal", que hace exigencias desvergonzadas. Por si quedaran dudas, en otro pasaje afirma: "Desde ahora y para siempre, a la zona de mi trasero la puedo llamar, con toda confianza, Adorf".

Los únicos que parecen no dar problemas son la actriz italiana Claudia Cardinale ("Molly", la amante de Fitzcarraldo), "una gran ayuda, muy fraterna, un auténtico corcel de circo", y el líder de los Rolling Stones, Mick Jagger, cuyo personaje de Wilbur fue finalmente eliminado del film debido a las dificultades para compatibilizar sus giras con el rodaje. Jagger se divierte sacándole fotos a su esposa Jerry Hall en la selva y distrae a Herzog "con charlas inteligentes sobre dialectos ingleses y la evolución del idioma desde el Medioevo tardío".

Pero al protagonista que más atención dedica Herzog desde el principio es la selva: la observa, la piensa. Fija su atención, especialmente, en los animales y los insectos: las hormigas que pasan como por una calle sobre su cabeza, los mosquitos que no aleja ni el repelente, una tarántula "oscura, peluda y grande como un puño" que asoma debajo de una mesa, las moscas y escarabajos que se le cuelan por el cuello de la camisa, las ratas que trepan las paredes, los sapos que se esconden en sus pantalones. Aquello que hace de la selva un lugar "obsceno, donde todo es pecaminoso, por eso el pecado no llama la atención como tal".

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3 de Diciembre de 2016|23:01
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