Enrique Testasecca

"Mi pintura es un llamado a volver a la tierra"

Artista plástico.

Es especialista en montajes de exposiciones, asistente técnico de museos, técnico en conservación y restauración, experto en conservación de bienes patrimoniales pero, sobre todo, es pintor.

El mendocino Enrique Testasecca es una de esas inquietas personalidades que ha sabido confiar tanto en sus apetitos artísticos como en los intelectuales. Éstos lo han llevado a estudiar artes plásticas, arquitectura, museología y a disfrutar de enormes dosis de pintura.

Y cuando hablamos de pintura, hay que decir que a la muestra “Horizontes” que ofrece actualmente en la sala de arte del Hotel Hyatt hasta fines de abril, se le deben sumar decenas de exposiciones individuales y colectivas en nuestra provincia.

Cautivado por el paisaje mendocino, inmerso en él, Testasecca indaga en sus colores y texturas a través de catorce obras realizadas con técnicas mixtas, en una doble aventura de búsqueda personal y homenaje a Fernando Fader.




- ¿Por qué te atrajo la pintura como principal medio de expresión?

- Desde que era niño tuve una gran curiosidad por el dibujo y la pintura. En primera medida, mas allá de tener una predisposición para esto tuve un gran apoyo  familiar y la suerte de que mis padres siempre me  incentivaban a esto. Mi viejo, me compraba libros de pintura e historia, con ellos me pasaba horas viendo las reproducciones de los grandes maestros de la pintura universal y que luego dibujaba o pintaba. Esto me hizo famoso entre mis compañeros de escuela y en repetidas ocasiones, me pedían  dibujos para hacerles regalos a mis maestros. En tercer grado  gané en concurso nacional de pintura infantil, donde participaron chicos de todo el país. Siempre recuerdo el pedido de escribir un discurso de agradecimiento. Y que en sus últimas líneas agradecía a quienes daban la posibilidad de expresarse a niños que como yo  se sentían felices con poder pintar y dibujar.

- ¿Quiénes fueron tus maestros?

- Si tengo que hablar de personas que marcaron mi carrera, los primeros son mi familia. En primera medida les debo haberme apoyado en este camino, son mis maestros de la vida. Si tengo que enumerar a todos, creo que siempre tuve la suerte de tener, desde mi escuela  primaria hasta la universidad, grandes maestros de la búsqueda de este “Horizonte”.

-¿Desde qué búsqueda interior te volcaste a los paisajes?

- El tema del paisaje arranca desde un camino impensado, en mis años como estudiante universitario, primero en la Universidad de Mendoza en la carrera de Arquitectura, para luego definitivamente ingresar a la carrera de Artes Plásticas de la UNCuyo, pasé por los talleres de grandes artistas, pero el lenguaje que más me interesó fue el del naturalismo realista, desde aquí comencé un camino que para muchos artistas de mi generación no era tan llamativo. Eliana Molinelli, a la que le debo mis mayores respetos, un día me dijo que lo más importante para un artista, era ser sincero, primero con él mismo para luego poder ser fiel en el mensaje de la obra artística, idea que reafirmaría en la búsqueda mi tío Aldo, gran filósofo de la vida. Como joven con gran interés por aprender y conocer, trabajando para el Museo Fader y siendo alumno de la Facultad de Artes UNCuyo, decidí viajar a Buenos Aires buscando nuevos horizontes. Desde ese momento surge una  fuerte controversia en mí, por la cual pasan todos los jóvenes en momentos importantes, al querer encontrar un espacio en la vida para la búsqueda del Ser, y el de ser fiel a lo que uno busca. En este sentido quiero decir que para mí, viajar a la gran ciudad fue como un camino para encontrarme, buscando en toda esa riqueza cultural mi verdadero yo, y después de tanto investigar volví al comienzo, expresándome desde lo más sincero, que eran los recuerdos e imágenes de mi querido terruño, donde partió toda esta búsqueda, pero con una mirada  sincera y sin prejuicios .


 
- ¿Cuánto influyó en esto el paisaje mendocino?

- En este caudal de emociones que fueron mis años viviendo en Buenos Aires y después de dos años prácticamente sin pintar, me encontré un día bocetando obras que me recordaban  mis vistas desde el techo de la casa de mis padres, la cordillera, tema que es permanente en el afán de de recorrer esta geografía enigmática. Realicé muchas campañas en mis  años como montañista, de los cuales tengo mis mejores recuerdos y que también sirvieron como punto de partida. Desde aquí, y reelaborando uno de los temas que en la pintura  de Mendoza son clásicos y respetados, comencé este camino. El paisaje, desde lo primario de los sentimientos como reflejo del bien mas preciado, el ser parte de esta naturaleza indómita.
   
- ¿Cuál es la singularidad de nuestro paisaje?

- Nuestro paisaje  tiene este tono romántico del cual desde siempre, ha llevado a los artistas de todas las épocas a  retratarlo. Desde los artistas viajeros que se enamoraron del grandioso  marco de la cordillera, o Fernando Fader, que se planteó a su  regreso a Mendoza tener que comenzar de nuevo, después de  sus años de estudio en Europa, para poder pintar la luz del paisaje mendocino y encontrar la esfinge de las cosas. Sin olvidar este romanticismo, me expreso desde lo imponentemente simple y agreste que es nuestro entorno, lo que no quiere decir que no esté lleno de vida y energía. La  muestra “Horizontes” es una mirada a la naturaleza interna y a la sinceridad que nos debemos, tomando como reflejo nuestro valioso paisaje.

- ¿Por qué no hay figura humana en tus obras?

- En mis obras, el hombre está implícito como espectador. El paisaje natural es uno de los temas preferidos, pero he realizado obras donde existe la huella de su comunión con la naturaleza, a través del paisaje rural.

- ¿Hay una intención estética o filosófica en tu obra? ¿O una combinación de ambas?

- Ambas, sin  ninguna duda. La seguridad en mi forma de expresarme como artista, es el reflejo de quién soy y de qué quiero transmitir.

- ¿Quiénes son los maestros del paisajismo para vos?

-Recuerdo especialmente en estas búsquedas desde niño en mis libros de pintura, las obras de Durero, El Perugino, Rafael o Rubens, Vermeer, Eugene von Guerard, Constable y Turner, Pizarro, Cézanne por nombrarte artistas que se me vienen a la  memoria y que  luego pude ver en los muesos. Muchas veces hablo de mis años de haber trabajado en el Museo Emiliano  Guiñazú-Casa de Fader y de lo importante que fue para mí el contacto con la obras de los artistas de principio de siglo XX, como Azzoni, De Lucía, Bravo, Lahir Estrella, Verda, Fader, Tesandori y, por supuesto, Carlos Alonso.



- ¿Cómo definirías tu pintura?

- Un llamado a volver a la tierra, a ser hombres por naturaleza.

- Además de la creación artística, te dedicás a montar muestras y a la investigación documental. ¿De qué manera estas tareas complementan, o no, tu trabajo como pintor?
 
- Soy un afortunado, desde muy joven tuve la posibilidad de estar trabajando en relación con la producción cultural, lo que  me llevó a tener una formación sólida en esto y de la cual  siempre sigo aprendiendo. Comprender las dos caras de la industria cultural, el trabajo solitario del taller y el trabajo que significa mostrar fielmente el espíritu del artista al receptor.

- En este momento trabajás en dos importantes museos de la provincia. ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de la gestión de museos en Mendoza?

- Creo que falta mucho trabajo por hacer. Mendoza es rica culturalmente y puede proyectarse a niveles más elevados por la calidad de sus artistas. Los museos de Mendoza, de a poco, se están adaptando a las nuevas exigencias de la Museología y a los requerimientos del visitante.  

- En lo personal, ¿qué aprendés de tu tarea como montajista en el Museo del Área Fundacional? ¿Qué querés ofrecerle al visitante?

- Desde hace casi cinco años trabajo como montajista y muchas veces como productor y curador, actividad a la cual le tengo el mayor de los respetos ya que la responsabilidad en el   éxito de una muestra es muy grande. Recientemente se inauguró una etapa muy buscada en la vida del Museo del Área Fundacional, unos de los museos más interesantes de Mendoza, ya que es parte de un paseo y de un complejo histórico. La actualización del guión y la adaptación para visitantes con capacidades diferentes fue realmente un trabajo fantástico de un equipo profesional, mostrando la capacidad generadora del trabajo interdisciplinario. El visitante debe llevarse una experiencia  total, rica, en calidad de información, entretenida y, sobre todo, que deje una pizca de curiosidad y el interés de  volver.

- ¿Y en Killka?

- Es el lugar que todos los mendocinos debemos conocer.

- ¿Qué ves cuando mirás el horizonte?

- Esperanza y el deseo de que encontremos equidad.

Patricia Rodón

Opiniones (2)
22 de Julio de 2017|20:15
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22 de Julio de 2017|20:15
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  1. Realmente un reportaje (así se dice?) brillante, por la calidad de la entrevistadora, muy lejos de los lugares comunes, como por la personalidad del artista y su capacidad para responder sin vanidad. Es una lástima que desde que Eliana Drajer se fuera de ese medio, la gente del este deba conformarse con críticas no siempre bien intencionadas, deportes y policiales. Junto con ella perdimos Textos Esteños y, evidentemente, mucho más. Y aunque MDZ no lo crea, en esa región también hay mucha, variada y buena actividad cultural. Pero eso, generalmente, no le rinde a las empresas "periodística". Lo que se dice, una lástima
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  2. ME PARECE EXCELENTE EL ARTISTA Y EL REPORTAJE, FELICITACIONES A LAS DOS PARTES. ISABEL CIVIT
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