Hace 18 años, 39 escritores mendocinos se unían contra los indultos

Fines de marzo de 1991. Los indultos del presidente Carlos Menem conmueven a la sociedad. En Mendoza, un nutrido y variado grupo de escritores, periodistas e intelectuales se unen, en un esfuerzo con escasos precedentes en la historia, para dejar sentada su posición en contra.

El ins/dulto se llama el libro capaz de embalsar tanta indignación. Todos, convocados por Marcelo Sapunar,  responsable de la emblemática editorial La Sopaipilla.

En fechas coincidentes con el aniversario del golpe de estado de 1976, se conmemora la llegada a la mayoría de edad de un trabajo realizado bajo un espíritu de coincidencias que no se ha vuelto a repetir.

Muchos de los autores ya fallecieron: Angel Bustelo, Fernando Lorenzo, Jorge Contreras, Dante Di Lorenzo, Ernesto Corvalán Nanclares, Juan Draghi Lucero, Marcelo Santángelo, Mary Sclar, Norma Sibila, Luis Triviño.

Sin embargo, cada uno de los textos –diversos, ingeniosos, extensos, mínimos, poéticos, ensayísticos, narrativos- quedaron reunidos en las 89 páginas que hoy representan un válido testimonio de una época.

“El libro –explicó Sapunar, el ideólogo y compilador- está hecho con nuestro entusiasmo y nuestro dinero”. Estaba claro: cada autor debía colaborar comprando, previamente, una cantidad de ejemplares de modo tal de garantizar la impresión y distribución. “Creemos –agregaba, desde la contratapa- que la Justicia bien merece el Insulto a tanta denigración de la lógica más elemental”.

Desde el mostrador de la Ferretería Alsina, en donde debía trabajar para ganarse el pan de cada día o bien, en el quiosco de un bar ubicado en calle Espejo, el editor, Marcelo Sapunar, recibió y clasificó manualmente los textos que le iban acercando los autores, escritos a máquina la mayoría; algunos, inclusive, manuscritos.

El testimonio de don Angel Bustelo quedó impreso bajo el título de “Opereta Bufa”. “La República ha quedado a oscuras, por más que digan lo contrario, tapándose los ojos, los profesionales del optimismo”, escribió Luis Ricardo Casnati quien, en esta oportunidad, prefirió dejar a un costado la poesía para dar fe de su bronca en “La infamia del indulto”.

Entre los poetas que sí usaron la herramienta que más conocen, estuvo Carlos Vallejo: “Grietas. Como lagartos retorciéndose. Grietas. / Como las líneas de la vida clavadas en las manos. / Explico: han intentado morderme la garganta. / Quebrar mi cuerda ronca. / Arañarme la lengua con las pezuñas del olvido”.

También Jorge Sosa, quien optó por iniciar su poema, “Defensa del recuerdo”, con una serie de preguntas: “¿Acaso merece la ignominia / que entre todos paguemos / su pasaje al olvido? / ¿Acaso el dolor perdió la cuenta / y se olvidó los nombres del dolor?”.

“Ahí están los dinosaurios muertos /atravesados por los cuchillos de luz del cataclismo. / Ahí están los que alimentaron la boca de los cementerios / los pequeños secretarios de la muerte eléctrica / con la sombra llena de cenizas y el mantel y la cama,” tal como escribió Patricia Rodón en su poema “No importa”.

Fernando Lorenzo lanzó a los lectores: “Quién te mando perdonar, quídam, te mandó quién / sentarte sobre las sepulturas como un espantapájaros / que reclama para sí el honor de tanta muerte, quídam. / quién te mandó indultar, quídam, para erigirte en único asesino / y poder repetir “mío, mío” cuando cada hueso iba asomando, / iba asomando, quídam, / iba asomando”.

Desde otro estilo, pero eligiendo la poesía como herramienta, Andrés Gabrielli esc ribió en “El Ins/dulto”: “Abrirle la puerta al cuco / no es joda, compañero. / Si ya no queda árbol donde esconderse / con esto del precio de la madera. / ¿La habrán usado toda para ataúdes / que no se la ve? / Que no se ve la madera / pero sí me veo yo, / a la intemperie, / pobre signo de interrogación en calzoncillos”.

“¡Demagogia up!”, escribió Luis Abrego en la primera línea de su poema. Y continuó: “¡Que las víctimas salten al pozo! / Nunca se sabrá / si esta vereda la pisó alguna puta; / sin embargo / la distancia recorrida / por los mártires del poder, / será igual a la veloz fugacidad / de un cierre relámpago”.

Juan Draghi Lucero (foto) optó, entonces, por unas escasas líneas para dejar en claro su pensamiento, sin vueltas. Escribió: “Quién firmó el decreto de los indultos se declaró cómplice de asesinos”. Al final, luego de una oración dedicada a Suarez Mason, el maestro reflexionó: “¡Qué grande se nos aparece el humilde obrero que llega fatigado a su pobre vivienda a compartir e3l santificado pan con los suyos!”.

Muchos más compartieron una lista de la cual poco más de una cuarta parte ya no está.

A los mencionados, hay que sumarle a Luis Alfredo Villalba, Pedro Straniero, Patricia Slukich, Fanny Prevedello, José Enrique Marianetti, Carmen Gutiérrez, Roberto Suárez, Susana Tampieri, María Celia Triviño, Olga Ballarini, Nora Bruccoleri, Elías calle, Claudia Candito, Olga de Inzirillo, Rafael Morán, Claudia Palozzo, Narciso Pereyra, Sergio Salas, Lucy Agrelo, Mauro Arltshuler.

Dieciocho años atrás, cuando solamente habían transcurrido 15 años desde el último golpe de Estado, en Mendoza hubo un grupo de gente que quiso, supo y pudo plantarse con sus coincidencias frente a un drama nacional.

Opiniones (0)
7 de Diciembre de 2016|16:56
1
ERROR
7 de Diciembre de 2016|16:56
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes