Deportes

Gisela Tenembaun y Ana Moral: las nadadoras que se llevó la dictadura

Entre los 100 deportistas federados que desaparecieron durante el último golpe de Estado aparecen las deportistas mendocinas del club YPF.

El golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla dejó secuelas en todos los sectores de la sociedad, el deporte no fue la excepción. Entre los 30. 000 desaparecidos que dejó esa etapa oscura del país se tiene registro de dos nadadoras mendocinas del Club YPF. Ana María Moral, 25 años al momento de su muerte y  la campeona Argentina Gisela Tenembaun de 21 años.

Ambas militaban en Montoneros y vivían juntas en un estrecho departamento de Godoy Cruz junto a José Galamba. El 8 de abril de 1977 en una cita cantada, mataron a Ana María y a otro joven. Gisela y José se escaparon del domicilio que fue posteriormente allanado. Gisela habló por última vez con su madre ese día y le contó lo sucedido. Desde entonces no se sabe más de ella.

El club YPF le puso a su pileta el nombre de Gisela. Hace unos años fue distinguida con el premio a la Excelencia Deportiva, aunque aún se espera algún reconocimiento oficial ya sea de la provincia o de la Nación o tal vez de la Federación de Natación, lo mismo para Ana María Moral.

El escritor austriaco Erich Hackl escribió en su libro Als ob ein Engel, parte de la historia de las nadadoras mendocinas. Aquí un fragmento de dicho material.

Como si un ángel

En el año 1977, Viernes Santo cayó el 8 de abril. Ése fue el último día en que con seguridad Gisi estuvo con vida. En cualquier caso se sabe que pasó la noche anterior en un pequeño departamento austeramente amoblado de la calle Italia en Godoy Cruz,en los suburbios de la ciudad de Mendoza. En el departamento son tres. Gisela Tenembaum, José Galamba, Ana María Moral.

Son montoneros, desbandados, necesitados de ayuda, los mandos superiores están mudándose a Roma no sin antes entrever el inminente triunfo sobre la dictadura y exhortar a los compañeros que se quedan en el país a una mayor firmeza y redoblar la vigilancia.

Puede ser que los tres presientan la derrota; sin embargo la dimensión de la catástrofe les permanece oculta, y aunque supieran exactamente cómo están las cosas, que tienen a los militares en los talones, no hay retorno para ellos, la única posibilidad es seguir adelante, resistir, no dejar a los compañeros en la estacada. Además los sostiene el recuerdo del sentimiento que luchan por una causa justa, plena de futuro.

Se conocen desde hace mucho, juntos han resistido tiempos de extremo peligro, dándose coraje y consuelo mutuamente, no es de suponer que para ellos compartir la vida en un ambiente tan estrecho (dos habitaciones, un pasillo, un baño, lavadero y cocina) les exija un esfuerzo adicional.

Ana María y José son miembros de la misma célula, Gisi está en otra. Por la mañana del 8 de abril de 1977 se va a un encuentro clandestino en el distrito de Las Heras donde ella tiene que participar. Poco después los otros dos también salen del departamento que está en planta baja.

Una vez afuera se dan cuenta de que un comando está acordonando la calle, hombres vestidos
de civil pero armados, en tres o cuatro vehículos, camionetas, autos Ford Falcon. José y Ana María se rozan las manos como por casualidad y después se largan a correr por la vereda a lo largo de los edificios.

Ana María hacia la derecha y José hacia la izquierda. Los hombres se sorprenden, por un momento están indecisos, quién de ellos a quién va a correr o bloquear el camino, pasan
seis, ocho segundos hasta que se largan a perseguirlos.

José oye resonar disparos, a su lado se hace añicos la ventanilla trasera de un auto estacionado, se escabulle por una cortada hacia abajo pasando delante de una anciana, un carro y un vendedor de frutas que rápido como el rayo desaparece en el portón de una casa.

Detrás de un camión cambia de vereda, otra esquina, enfrente una parada, un colectivo arranca en ese momento, José salta y se deja caer, jadeando, detrás del asiento del conductor.

Escapa, ileso, evita las calles bloqueadas, encuentra refugio en algún lugar, por unas horas, una noche, tres noches. Después consigue salir de la ciudad, con o sin ayuda extraña, se esconde en un bosque. Dos meses más tarde manda una noticia a los padres de Gisi, si lo pueden ayudar.

Willi y Helga lo recogen en el baúl de su auto y lo llevan a su casa, donde en cualquier momento puede caer la policía, unos días más tarde lo alojan en una fábrica de ladrillos apartada, propiedad del hermano de un sindicalista llamado Daniel Romero.

Al año siguiente los militares lo detectan también allí y se lo llevan junto con su empleador y su hermano. Ninguno de ellos apareció jamás.

Ana María consigue llegar hasta la calle Joaquín V. González, donde en el número 163 está
la iglesia de Nuestra Señora de Fátima. En su desesperación quiere encontrar refugio allí adentro, corre por los escalones hacia arriba, hacia el portal, un disparo pulveriza el cemento a su lado, de pronto un fuerte impacto en la espalda, se tambalea, cae sobre el umbral de la Iglesia donde el cura está preparando su oración de la tarde.

En vez de preocuparse por la herida, que desde el piso de piedra frente a él le suplica que cierre el portal, va hacia afuera y le hace una seña a los perseguidores. Está esperando ansioso la visita de los fieles ese día, en que Jesús ha muerto, y en ese mismo lugar o en su traslado o en una mazmorra Ana María morirá bajo el nombre falso de Graciela Beatriz Luján por “anemia” aguda, provocada por una aguda pérdida de sangre”, según el parte del médico militar Dr. Alcides Alberto Cichero, y la muerte se habría producido a las 20.30 horas.

Entre las seis y las ocho de la tarde, Heidi, la hermana mayor de Gisi, ve por televisión el informe con las noticias del último boletín de las fuerzas del orden: durante el transcurso de un allanamiento en el Departamento de Godoy Cruz, una mujer de unos veinticinco años, perdió la vida en un enfrentamiento armado con las fuerzas de seguridad. La vivienda era un centro clandestino de operación de los sediciosos.

En ella se encontraron armas y panfletos subversivos. La cámara panea sobre muebles destrozados y ropa dispersa sobre el piso, Heidi mira fijamente la pantalla, oye rechinar la voz del locutor, se estremece frente a la seguridad de que ése es el departamento donde Gisi estaba viviendo. Y le avisa a sus padres.

Fragmento inédito de Als ob ein Engel, Erich Hackl, Diogenes Verlag, octubre de 2007. (Traducción al español de ESTHER ANDRADI)
¿Qué te pareció la nota?
No me gustó9/10
Opiniones (1)
4 de Diciembre de 2016|05:39
2
ERROR
4 de Diciembre de 2016|05:39
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Gracias por publicar esta excelente nota sobre tres de los casos mendocinos de desaparecidos. Una vez mas los pastores del rebaño de la Iglesia Católica dando la espalda a sus ovejas. Claro muchos pastores han adherido al pensamiento tenebroso de las FFAA. Aun hoy siguen en el mismo oscuro pozo del nacionalismo católico al estilo Primo de Rivera. Amen
    1
En Imágenes
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
28 de Noviembre de 2016
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016