Murakami homenajea a Orwell en su nueva novela

"Soñar de día". Así define el japonés la escritura, una actividad que le ha llevado a convertirse en un fenómeno literario mundial, que hoy se pudo constatar durante su visita a Barcelona, donde anticipó que su nueva novela se llamará "1Q84", en un guiño a Orwell.

Por Carmen Sigüenza / EFE

"Orwell escribió 1984 mirando al futuro y yo, con mi novela, quiero hacer lo contrario, mirar al pasado, pero sin dejar de ver el futuro. Es mi obra más ambiciosa y la he entregado justo hace una semana, antes de viajar a España", afirma Murakami (Kioto, 1949) (foto).

"Aquí nadie conocía todavía el título y es la novela más voluminosa, espero que sea importante en mi vida y en la de los lectores", argumenta este tímido escritor, cuyo nombre suena para el Nobel y que evita los focos y a los periodistas, pero que se ha convertido en un ícono de la novela posmoderna, seguido por millones de lectores, muchos de ellos jóvenes.

Y es que la última novela de Murakami (Kioto, 1949) publicada en España es After Dark, en castellano a cargo de Tusquets, donde el escritor tiene ya siete títulos. Queda por salir, antes de este gran proyecto anunciado, un ensayo sobre la actividad de correr, un deporte que practica el autor junto con la natación y que, según asegura, es "básico" para su escritura.

Murakami, que es una adicción para los que quieran viajar por los caminos que cruzan la ficción y la realidad, entre lo consciente y lo inconsciente, entre gatos que hablan y peces que caen del cielo, despierta grandes filias, pero también fobias, por ejemplo en su país, donde algunos le llegan a acusar de querer "destruir la tradición japonesa" o de poner en duda a un clásico sagrado: Yukio Mishima, porque no le gusta.

"Yo no quiero hacer un retrato de la sociedad japonesa. Escribo mis cosas personales, de lo que conozco, de la música, de la comida, de la cerveza que conozco, de los personajes que se me aparecen", subraya el autor, para quien la soledad -una característica que rodea a la mayoría de sus personajes- "es fundamental".

"Me gusta escribir y contar buenas historias, y ésa es la clave, creo, del éxito, porque los argumentos tienen lugares comunes. Cuando escribo no se lo qué va a pasar y espero lo que ocurra, como lo hacen los lectores, que no aguantan para pasar página; pero para hacer eso me encierro cinco o seis horas en un cuarto, en soledad", cuenta el autor de Kafka en la orilla.

Y continúa: "Tengo un lugar secreto, profundo y oscuro, donde no se distingue lo real y lo fantástico. Tiene una puerta pesada que tengo que abrir y, cuando eso pasa, penetro y puedo ver un mundo donde puede pasar de todo. Algunos dicen que soy surrealista, pero no es eso, todo es mucho más real".

Uno de los ganchos de Murakami estriba en su facilidad para hablar de la parte más oscura del ser humano, de lo más íntimo, sin prejuicio, porque asegura que quiere "sacar la parte más inconsciente, la zona que menos se ve".

Aunque, el autor también tiene un libro de corte más realista, Tokio Blues, del que ha vendido tan sólo en su país más de dos millones de ejemplares: "Me gusta mucho, pero es un realismo que no voy a repetir", confiesa.

Músico, regentó durante años un club de jazz; traductor y profesor, Haruki Murakami, comenta que ha estado estos días en el Museo Picasso de Barcelona y que le ha fascinado. "Picasso es uno de los míos. Se renovaba cada diez años y sólo le interesaba la invención".

Finalmente, Murakami que se mueve como pez en el agua entre las novelas por las que viajan las imágenes cinematográficas, también ha sabido bucear por el mar de los medios de comunicación. Luego, ya recogido, volverá a su país para tejer estas historias hipnóticas que le vienen al alba.

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