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El insaciable Pippo Inzaghi apunta a los 320 goles para superar a Baggio

El delantero del AC Milán, que marcó el gol número 300 de su carrera el domingo, no piensa quedarse ahí y a pesar de tener 35 años, ahora sube el listón hasta los 320 goles con los que superaría al Balón de Oro Roberto Baggio (318).

Ni sus recientes lesiones ni la gran competencia reinante en el sector ofensivo de su club con Pato, Andrei Shevchenko, Ronaldinho y Marco Borriello han podido con Superpippo. Una semana después de su triplete contra Atalanta (3-0), anotó sus tantos 299 y 300 en la goleada 5-1 al Siena.

"Durante estos últimos años, siempre he dado prioridad a los objetivos del equipo", decía el lunes. "Pero por qué no plantearse el reto de hacerlo mejor que Roberto Baggio, que marcó 318 goles en su carrera profesional", añadió.

"Me faltan 19, veremos. Ahora tengo dos grandes objetivos: volver a la Liga de Campeones con el Milán y seguir entrenando y jugando sin problemas físicos", explicaba.

De sus 300 goles desde su debut en la campaña 1992-1993, marcó 145 en Serie A, 46 en Liga de Campeones y 25 con su selección. Son cifras impresionantes sabiendo que pocas veces ha tirado los penaltis (marcó 17) en sus clubes: Leffe, Verona, Piacenza, Parma, Atalanta y Juventus, antes de llegar a Milán en 2001.

En Italia, sólo le superan jugadores legendarios como Silvio Piola (364, 1929-1954), Giuseppe Meazza (338, 1927-1947) y Roberto Baggio (318, 1982-2004).

Cuando le preguntaron cuál era su gol preferido, el campeón del mundo en 2006 respondió que fue el segundo "a gran pase de Kaká" de la final de la Liga de Campeones 2007, que el AC Milán ganó por 2-1 al Liverpool en Atenas.

"Hasta esa noche siempre me había preguntado cómo sería marcar en la final de la Liga de Campeones y entonces lo supe. Fue algo indescriptible. Después de eso, no pude dormir durante diez noches seguidas", reveló

Inzaghi, oriundo de Piacenza (Emilia-Romaña), no destaca por la espectacularidad de su juego pero sabe perfectamente cómo volver locos a sus rivales desapareciendo para resurgir en el momento justo.

Siempre al borde del fuera de juego ("Sé que no es fácil para los jueces de línea tener que vérselas con un jugador como yo", dice), el italiano no es para nada un monstruo físico ni tampoco técnico. Pero marca mucho.

"Creo que mis características son innatas, como el olfato goleador. Muchos me definen como un ladrón y probablemente lo sea pero creo que detrás hay algo más. Sin duda, no soy capaz de regatear como otros grandes campeones pero mi compromiso y mi amor por este trabajo me han ayudado durante toda mi carrera", explicó.
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