Revelan el misterio del hundimiento del acorazado Graf Spee

Algunos de los enigmas que rodean el hundimiento frente a Montevideo del legendario acorazado alemán de la Segunda Guerra Mundial Graf Spee ven la luz con un nuevo libro de dos investigadores uruguayos que ofrece material inédito del diario de a bordo y relatos de los protagonistas de la tragedia.

En Graf Spee. De Wilhelmshaven al Río de la Plata, los autores, Daniel Acosta y Federico Leicht, deshacen varios de los mitos que rodean el fin del temible buque corsario alemán, que sembró el pánico entre los mercantes aliados y puso en jaque a la poderosa armada británica hasta diciembre de 1939.

Acosta y Leicht responden a las preguntas que siempre han inquietado a todos los interesados por la historia del Graf Spee, como los motivos que llevaron al capitán del buque, Hans Langsdorff, a combatir en una batalla desigual con los ingleses y a dirigir su barco a Montevideo, donde quedó atrapado.

Los autores también explican por qué el capitán del orgullo de la marina alemana tomó la decisión de dinamitar y hundir su propio barco, antes que forzar su salida a sangre y fuego del puerto uruguayo.

Para ello, los autores emplearon materiales inéditos, como el cuaderno de bitácora del barco, informes de la policía argentina y uruguaya, el diario de uno de los marinos alemanes e incluso relatos de supervivientes que permanecieron en Uruguay o de sus viudas, según explicaron.

"El Graf Spee, una de las joyas tecnológicas de la Alemania nazi, quedó gravemente dañado por un fallo en el diseño, y no podía repararse en alta mar. Por eso entró en Montevideo. Pero allí no pudo hacer pública la gravedad de sus daños y por eso mismo no se le permitió quedarse en el puerto", explicó Acosta.

Según revela el libro, el acorazado de bolsillo alemán, diseñado para ser "más fuerte que el más veloz y más veloz que el más fuerte", recibió un impacto en una caldera auxiliar que iba sin blindaje y que era imprescindible para purificar el combustible. Sin ella, no era capaz de regresar a Alemania.

Los autores también penetran el misterio acerca del supuesto carácter antinazi del capitán Langsdorff, considerado un "caballero de los mares" por sus amigos y sus enemigos, y que durante sus correrías piratas no causó ninguna baja civil pese a hundir nueve mercantes.

"Pese a lo que dicen, Langsdorff no empleó el saludo nazi no porque no lo fuera, sino porque los marinos alemanes estaban exentos de realizarlo", apuntó Acosta.

Además, la investigación de documentos de la época de la policía argentina revelan que, al revés de lo que dice el mito, el marino se cubrió antes de suicidarse con la bandera de guerra de la armada nazi y no con la antigua bandera imperial alemana.

Según el investigador, la hazaña marina y la maravilla tecnológica del barco no deben hacer olvidar "que sus fines eran ilegítimos y que servía a un poder maligno".

En lo que sí coinciden ambos autores es en subrayar el carácter mítico que ha alcanzado la figura del poderoso navío pese a los 70 años transcurridos desde su hundimiento, especialmente entre los uruguayos que siguen viendo en el barco un episodio fundamental de su historia reciente.

Para Leicht, el Graf Spee "está vivo dentro del acervo cultural de Uruguay, porque fue un hecho sin precedentes. De la noche a la mañana Uruguay entró de lleno en la guerra mundial y fue por unos días foco del interés del planeta, donde las grandes potencias movían sus fichas".

Tal es así que el libro también es pródigo en detalles curiosos que rodearon la batalla del Río de la Plata, como la heroica intervención del pequeño crucero Uruguay, que no tenía ni la mitad de tamaño que los barcos británicos y alemanes y que se interpuso entre los contendientes para evitar que pelearan en aguas del país sudamericano.

También resulta curioso el papel del propietario del único astillero de Montevideo con capacidad para recomponer el Graf Spee.

Alberto Voulminot se negó a reparar el barco, pese a recibir un cheque en blanco de los alemanes, por motivos morales: su padre fue una de las primeras víctimas de la guerra franco-prusiana de 1870 por oponerse a la invasión germana.

"La reacción de los uruguayos ante el Graf Spee fue notoria. Toda la ciudad fue a mirar cómo el buque explotaba ante el puerto, con la candidez propia de los uruguayos y lo hizo formar parte de la mitología nacional", subrayó Leicht.

Fuente: EFE

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3 de Diciembre de 2016|06:27
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3 de Diciembre de 2016|06:27
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  1. Tenia entendido que lo hundieron, para evitar que callera en manos de los aliados. La parte que el capitan se suicido con su barco la desconocia, y mucho menos sabia que se habia cubierto con la bandera de la armada nazi antes de morir... Eso habla de los ideales fundamentalistas que tenian los nazis... Seria interesante tener politicos fundamentalistas, jaja es decir, que se fundamentalicen en la honestidad!
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