Antes de ser mujer

Esta es la historia de dos niñas mendocinas que nacieron en un hogar cargado de violencia y con una madre enferma mental. La adopción fue la salida que la pequeñas tuvieron a su vida.

Ella es una niña mendocina que apenas tiene 16, por ser menor le llamaremos Nati.

A Nati le gusta, como a todas las chicas de su edad, ir a bailar, juntarse con amigas, comprarse ropa y compartir en familia. Pero quizás a diferencia de otras chicas, disfruta mucho ir con sus padres, Antonio y Elina,  a las charlas para asesorar a otros padres que no pueden tener hijos y desean adoptar.

Las charlas y encuentros en los que participa Nati, suelen agrupar a decenas de matrimonios, parejas y gente sola, que por diversas razones, no pueden tener hijos biológicos. En esas oportunidades se discuten de leyes, de bases de datos de los niños que buscan un hogar para vivir y de los tiempos que la justicia se toma, para dar en adopción un niño. Pero pocas veces se han escuchado las necesidades de los niños y jóvenes protagonistas de esta realidad.

Nati, ha sido una de las primeras en exigir, a su manera, esta necesidad de ser escuchada en estos ámbitos de discusión, hasta ahora sólo de padres.

A este punto se preguntarán porqué a Nati, a esta edad, le interesan tanto estos temas. La respuesta es simple, con su corta edad, Nati vivió el karma de buscar un hogar que la contuviera desde niña, junto a su hermanita,  porque su mamá no podía cuidarlas. Su progenitora padecía graves problemas psíquicos y alcohólicos, por lo cual nunca estaba disponible para atender las necesidades de sus hijas.

Con apenas 8 años, Nati se ocupaba de todo en su hogar familiar. Aprendió a cocinar, a limpiar, a cambiar los pañales de su hermanita recién nacida, a quien llamaremos Belén y hasta de cuidar a su abuelo enfermo, con quien compartían el hogar.

La vida de las niñas no era fácil y eran víctimas también de la violencia intrafamiliar, por eso con el tiempo fueron derivadas a un hogar cuidador en donde fueron contenidas hasta ver cómo podían ser ubicadas en otro lugar. Al tiempo, en ese lugar no pudieron estar más, por lo cual fueron separadas y llevadas a distintos hogares cuidadores, en donde por cortos lapsos iban y venían, tratando de no acostumbrarse y hasta se podría decir de no “encariñarse” demasiado con ese hogar transitorio.

Los años pasaron, Nati y Belén fueron creciendo pasando de casa en casa, ya que no había muchas posibilidades de que su madre se recuperara.

Mientras más años pasaban, más difícil se volvía la posibilidad de que alguna pareja adoptara a Nati o a Belén y mucho menos a las dos juntas, quién iba a querer dos niñas grandes. Casi siempre los padres que buscan adoptar quieren bebés, a los que puedan criar como propios.

Cuando Nati cumplió 13 y Belén 5, la idea de estar en un verdadero hogar se discipaba. Sin embargo un día, una de las asistentes sociales que seguía su caso, le comentó a las niñas, que había un matrimonio interesado en conocerlas y que existía una gran posibilida de que fueran adoptadas.

La reunión se concretó, y así fue como Elina Giffoni y Antonio Romeo conocieron a las niñas, “y de ese día jamás nos volvimos a separar”, cuenta Elina con emoción y los ojos llenos de lágrimas.

La vida de estas cuatro personas cambió por completo. Belén se aferró de tal manera a Elina, al punto de considerarla “su reina” y “su ejemplo de mujer a seguir”.


“Apenas llegaron a nuestra casa-cuenta Elina- la chiquita vivía en mis brazos y hasta me buscaba el pecho como queriendo tomar leche. Yo al principio me asusté porque no sabía si era lo correcto, entonces lo hablé con la psicóloga y ella me explicó que las niñas nunca habían tenido brazos para contenerlas, ni una mamá que le diera el pecho ni las atendiera, entonces, si a mí no me molestaba era normal que esto sucediera. Imaginate que yo no tuve inconvenientes, ella es muy cariñosa tanto conmigo como con mi marido”.

Nati quizás por su edad o por lo que le tocó vivir desde niña, es más reservada en sus sentimientos hacia sus padres y es muy vulnerable a la vez. No les llama ni papá ni mamá, para ella son Antonio y Elina, al menos en el hogar, porque cuando habla de ellos en la escuela, se refiere como papá y mamá.

La vida influyó muy fuerte en la formación de su carácter. Ambas son muy fuertes y se nota que están desarrollando claras convicciones de su futuro. “Con mi esposo las dos discuten mucho de fútbol, ambas son fanáticas del Tomba y mi esposo es de Gimnasia, los tres han ido un par de veces a la cancha -dice Elina- pero cuando se ponen a discutir de fútbol es increíble cómo se apasionan. Mi esposo les ha hecho ver que esto es parte de un “juego”, porque al menos Nati se toma muy fuerte el tema”.

Antes de ser mujer, Nati y Belén, sufrieron mucho, podría decirse que desde su nacimiento, o desde su concepción, tuvieron una vida difícil durante sus primeros años, cargada de violencia familiar, falta de cariño, inestabilidad e inseguridad. La vida hizo que esto cambiara un día y que ambas tuvieran luego una historia feliz.

Pero hay miles o quizás podríamos decir millones de Nati y Belén en Mendoza y en el mundo, en muchos casos con finales no tan felices.

En Mendoza hay cientos de matrimonios y hasta de personas solas que desean adoptar hijos, porque la vida no les ha dado la posibilidad de tenerlos biológicamente. Sin embargo, según Elina y Antonio, “la desinformación sobre los procedimientos a seguir es enorme, por eso nosotros estamos trabajando en que haya lugares en donde la gente pueda informarse, porque la adopción es una herramienta que puede servir para evitar que existan tantos “chicos invisibles” en los institutos”.

Tras su experiencia en la adopción, Elina y Antonio en su blog  informan lo básico sobre adopción porque a su entender “nadie sabe que la adopción puede ser una herramienta para la inclusión social de un chico, futuro adulto,  integrándolo a la sociedad”.


Dónde informarse sobre adopción
www.adopciónmendozaargenttina.blogspot.com.ar

 

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