La obra gráfica de Günter Grass llegará a Mendoza

Los grabados originales con los que el escritor alemán ilustró "El rodaballo" llegan por primera vez a Argentina con el objetivo de dar a conocer la faceta más desconocida del Nobel de Literatura. Ahora se expone en Buenos Aires y en un par de meses se verá en nuestra provincia. Grass es un admirable dibujante.

La muestra, compuesta por veinticinco grabados y organizada por el Instituto Goethe se puede disfrutar este mes en el café-librería "Clásica y Moderna", un icono de la cultura porteña, después de haber recorrido diferentes países de Europa y Latinoamérica, como Chile, Ecuador, México o Paraguay.

A partir del 28 de marzo, la muestra continuará su recorrido para que otras ciudades del interior del país, como Mendoza, San Juan y Córdoba, también puedan conocer de primera mano la faceta más desconocida de Günter Grass, uno de los grandes escritores de la Alemania de la postguerra.

Aunque el gran protagonista de los dibujos es el rodaballo que da título a la obra que Grass publicó en 1977, en los grabados se entremezclan animales de tamaños desproporcionados, como caracoles, escarabajos y babosas, que sustituyen incluso al ojo del autor en un autorretrato.

Los seguidores de la obra de Grass pueden quedar impactados por estos dibujos, aunque su faceta artística es previa a su actividad literaria, como explicó Clara Imbrogno, portavoz de Instituto Goethe.

El premio Nobel de Literatura 1999 estudió Artes Plásticas en la Academia de Düsseldorf (Alemania), y aunque inicialmente se dedicó a la escultura, decidió dejar ese mundo de lado por un tiempo para adentrarse de lleno en la escritura de El tambor de hojalata, la obra que le lanzó a la fama en el panorama literario.

Pero nunca dejó de dibujar del todo, como el propio autor reconoció en una entrevista con la revista alemana Art Das Kunstmagazin, en la que comentó: "Siempre estoy dibujando aunque no estoy dibujando realmente, porque estoy escribiendo o concentrándome en no hacer nada. También al escribir las frases empezadas en un papel, siguen dibujándose en otro".

"El objetivo de esta muestra es precisamente dar a conocer esa faceta más desconocida de Grass", explicó Imbrogno, quien considera que la creación artística del autor de Mi siglo no es "para nada" inferior a la literaria.

Fue en 1972 con Diario de un caracol cuando el alemán introdujo por primera vez grabados entre sus textos, creando una simbiosis que vistió su obra desde entonces.

Fuente: EFE

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