Los 80 años del cine sonoro

El séptimo arte vio la luz en el teatro Warner de Nueva York el 6 de octubre de 1927. Fue con el estreno de "El cantor del jazz", protagonizada por Al Jolson, quien en la película dice una frase que se inscribe en la historia: "¡Un momento, aún no han escuchado nada!".

El sonido en el cine, casi como lo conocemos ahora, vio la luz en el teatro Warner de Nueva York el 6 de octubre de 1927 con el estreno de "El cantor del jazz", protagonizada por Al Jolson, popular actor y cantante.

La obra teatral original había sido un éxito en Broadway desde 1925 y trataba sobre el hijo de un rabino que, en lugar de seguir los pasos de su padre, se pintaba la cara de negro y exhalaba temas como "Mammy" y "Mother, I Still Have You", con un estilo vital, lanzado y con algún rasgo de negritud que entusiasmaba a las plateas.

En ese filme, con una estética esencialmente muda, Jolson interpreta esas canciones y dice algunas palabras, sobre todo las que se inscribieron en la historia menor del cine: "¡Un momento, un momento, aún no han escuchado nada!".

Después de infinitos experimentos con discos, cilindros sonoros y hasta actores ocultos detrás de la pantalla, se logró adosar una columna óptica -banda sonora- a la película, lo que supuso la velocidad estándar de 24 fotogramas por segundo y una sincronización antes impensada. Ahora se podía hablar, cantar y hacer ruidos convincentemente.

El fenómeno acaparó la atención del público -acostumbrado a pianos y a orquestas que paliaban el silencio de las proyecciones- y salvó a Warner Brothers de la ruina, ya que en esa época la compañía se veía acosada por las "majors" MGM, Famous Players y First National Films, dueñas de las estrellas más convocantes.

El naciente cine sonoro no convenció a todos: Charles Chaplin y Serguei Eisenstein siguieron adhiriendo a las imágenes mudas y un director como Carl Theodor Dreyer alcanzó las alturas expresivas de "La pasión de Juana de Arco" (1928).

El francés René Clair aplicó el sonido de un modo peculiar en "Bajo los techos de París" (1930), su primera obra no silente: lo usó mayormente como contrapunto e incluyó una famosa secuencia en absoluta oscuridad, en la que sólo se oyen las voces.

Se dice que la búsqueda del sonido en el cine fue más intensa que la del color, ya que el público no soportaba el silencio. El mismo Thomas Alva Edison, más empresario que inventor, abandonó su kinetoscopio porque no le pudo adosar el sonido de sus cilindros.

Así los franceses hermanos LumiŠre se quedaron con la invención del cine al hacer su primera exhibición pública sobre una pantalla -el kinetoscopio de Edison era de visión individual- pasadas las Navidades de 1895, el 28 de diciembre.

La aparición del sonoro salvó a la Warner, que terminó absorbiendo a la First National, con 3.400 salas en todo el país, pero también cambió los estándares de la producción: muchos actores fracasaron al intentar hablar o cantar y las propias salas debieron ser modificadas en su forma y en su acústica.

También las cámaras se hicieron más pesadas, perdieron autonomía y debieron subordinarse a los micrófonos; todo dependía de los diálogos y la música, que provocó una epidemia de comedias cantadas y bailadas.

Curiosamente, un día antes del estreno de "El cantor del jazz", con sus multitudes y sus reflectores sobre la neoyorquina calle 52, Sam Warner daba el último suspiro en Los Angeles y sus tres hermanos faltaron con aviso para viajar de urgencia al velatorio.

Oficialmente, el sonido óptico debutó en el cine argentino con "Tango" (1933), de Luis Moglia Barth, con Tita Marello y Pepe Arias, que significó el debut en la pantalla de Luis Sandrini.

Al cumplirse medio siglo del acontecimiento se fijó una placa conmemorativa en el cine Real, pegado al teatro Maipo, donde había sido el estreno, pero el Real cerró sus puertas fines de los 80 y fue transformado en estacionamiento. De la placa, ni noticias.
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25 de Marzo de 2017|15:12
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