El hombre iluminado, de J.G. Ballard

Durante el día, pájaros maravillosos volaban a través del bosque petrificado, y enjoyados cocodrilos brillaban como salamandras heráldicas en las orillas de los cristalinos ríos. Durante la noche, el hombre iluminado vagaba entre los árboles, sus brazos parecidos a las ruedas de un carro dorado, su cabeza como una diadema espectral...

Durante el año pasado, desde que el fenómeno conocido bajo destintos nombres, como el Efecto Hubble, el Síndrome Rostov-Lisenko y la Amplificación Sincronoclásmica de LePage, acaparó la atención del mundo entero, han aparecido varios informes contradictorios sobre las tres áreas focales de la Florida, Bielorrusia y Madagascar, de tal modo que considero necesario, antes de dar mi propia versión del fenómeno, hacer constar que está enteramente basado en experiencias de primera mano.

Todos los acontecimientos que describo fueron vividos por mí mismo durante la reciente y trágica visita a los Everglades de la Florida organizada por el Gobierno de los Estados Unidos para los científicos agregados en Washington. Los únicos hechos que no he podido verificar
directamente son los detalles relativos a la vida de Charles Foster Marquand. Los he obtenido del capitán Shelley, el último jefe de policía de Maynard, y pese a sus ideas preconcebidas creo que, en este caso en particular, su propio testimonio es también digno de credibilidad. Pueden formularse todo tipo de suposiciones acerca del tiempo que necesitaremos aún antes de convertirnos en expertos sobre la naturaleza exacta del Efecto Hubble.

Mientras escribo esto, en la paz y seguridad del jardín de la Embajada Británica en Puerto Rico, pienso en el informe publicado hoy por el New York Times que dici que casi toda la península de Florida, con exepción de una única carretera que conduce a Tampa, ha sido cerrada, y que los casi tres millones de sus habitantes han sido transferidos a otras partes de los Estados Unidos. Pero aparte las pérdidas estimadas en valores inmobiliarios y beneficios hoteleros (Oh, Miami, no puedo por menos que decirme a mí mismo, ciudad de mil catedrales elevando sus flechas hacia el arco iris del cielo), las noticias de esta extraordinaria migración humana parecen haber provocado tan sólo comentarios menores.

Tal es nuestro innato optimismo, nuestra convicción de que podemos sobrivivir a cualquier diluvio o cataclismo, que rechazamos inconscientemente los importantes hachos acaecidos en Florida con un encogimiento de hombros, confiados de que sabremos afrontar y dominar la crisis en el momento en que se produzca.
¿Qué sentís?
0%Satisfacción0%Esperanza0%Bronca0%Tristeza0%Incertidumbre0%Indiferencia
Opiniones (0)
7 de Diciembre de 2016|06:06
1
ERROR
7 de Diciembre de 2016|06:06
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes