La salud y los riesgos del andinismo

Esta es una investigación científica realizada por médicos del Hospital Austral en el volcán Llullaillaco en Salta. Es uno de los pocos trabajos que existen en el mundo sobre la salud en la alta montaña.

Dos médicos argentinos realizaron una investigación científica inédita en
alta montaña. Escalaron el volcán Llullaillaco (6.739 metros) en Salta.

El trabajo es uno de los pocos en el mundo que evalúa parámetros clínicos a esta altura.

Todavía resuena la tragedia en el Aconcagua y se discuten las medidas de
seguridad indispensables para practicar alpinismo. En el país se realizaron
pocos estudios acerca de la salud y el rendimiento físico en alta montaña;
tener más conocimiento al respecto sería una herramienta fundamental para
anticiparse a los inconvenientes.

Por esto, dos médicos argentinos, el Dr. Leandro Seoane, especialista en
Emergentología y Terapia Intensiva del Hospital Universitario Austral, y el
Dr. Rolando Nervi, emergentólogo y médico generalista de Río Gallegos (Santa
Cruz), decidieron emprender una travesía científica a la cima del monte
Llullaillaco (6.739 metros), el cuarto volcán más alto del mundo.

Los montañistas iniciaron el ascenso el 18 de enero y bajaron el 26. Durante
los 9 días que duró la expedición, evaluaron parámetros clínicos a
diferentes alturas: pueblo Tolar Grande (3.500 m), campamento base (4.900
m), campamento 1 (5.500 m), campamento 2 (6.000 m) y a los 6.400 metros.
Midieron la tensión arterial, la frecuencia cardíaca, la frecuencia
respiratoria, la saturación de oxígeno en la sangre, la vista, el mal agudo
de montaña y análisis de sangre (ácido láctico) de los ocho deportistas que
integraban el grupo. “Los resultados preliminares evidenciaron la amplia
respuesta adaptativa a grandes alturas de los escaladores que intentaron
cumbre”, señalaron los especialistas.

“En la Argentina hay algunos trabajos en el Aconcagua, pero nunca a tanta
altura. Obtuvimos datos de laboratorio que nunca se habían sacado”, destaca
el Dr. Seoane. Es, en este sentido, una investigación pionera en el país y
una de las pocas realizadas a nivel mundial. ¿El objetivo? Crear una base de
datos, y ofrecer información certera y eficaz para el desarrollo seguro del
alpinismo.

 
Mal agudo de montañas y cómo prevenirlo


La enfermedad más temible y mortal en alta montaña es el edema pulmonar o
cerebral, provocado por la escasez de oxígeno que ingresa en el organismo.
Para medirlo y saber cuándo es tiempo de descender, los andinistas llevaron
una escala que indaga en los síntomas del apunamiento y predice el edema.
Asigna un puntaje a las cefaleas, náuseas, vómitos, insomnio y falta de
apetito, todos signos de lo que se conoce como “mal agudo de montañas”, que
puede derivar en edema si no es tratado a tiempo.

“La escala de Lake Louis probó ser muy útil para detectar incipientemente el
mal agudo de montañas y detener la ascensión. A todos nos dio un puntaje de
riesgo moderado (entre 3 y 4 puntos) y algunos no pudieron seguir
ascendiendo”, relata el Dr. Seoane.

Otro de los tests que usaron para predecir el edema fue el de caminata: “Se
toma la saturación de oxígeno en la sangre de la persona y después se la
hace caminar 6 minutos y se repite la medición. Si la saturación final baja
más de 5 puntos con respecto a la saturación inicial, es un valor que
predice que se va a padecer un mal agudo de montaña importante”, explica el
emergentólogo. Le aplicaron el análisis a todos los andinistas a los 3500
metros de altura y a los 5000, y hallaron que aquellos que presentaban más
de 5 puntos de diferencia no pudieron alcanzar los 6000 metros. “Fue
predictivo y útil tomar el test antes de subir porque estábamos más
alertas”, dice el Dr. Seoane.

Los problemas no aparecen de golpe


La falta de aire que se respira en alta montaña es la causa de todos los
males de los escaladores. Los escaladores observaron que a los 6.400 metros
el promedio de saturación de oxígeno en la sangre era solo del 65%, cuando a
nivel del mar los valores normales van desde el 96 al 100%. Esta dificultad
exige un proceso paulatino de adaptación del cuerpo: “Si una persona sube a
los 6.000 metros repentinamente, a los 5 minutos muere de edema cerebral o
pulmonar –advierte el Dr. Leandro Seoane–. La ascensión nos costó 9 días de
ir lentamente subiendo”.

Al cabo de ese tiempo, el doctor explica que el organismo hizo una
“adaptación primaria”, que consiste en aumentar el número de respiraciones
por minuto, para incorporar más oxígeno. “En lugar de respirar 12 o 13 veces
por minuto, que es lo normal, medimos nuestras respiraciones y vimos que
llegábamos a las 16 veces por minuto y después, por encima de los 5.400
metros, a las 25 veces por minuto”, cuenta. Por esto, a medida que se
asciende, se siente más agitación y el agotamiento muscular es más rápido.

“Los síntomas del cansancio son inmediatos –relata el Dr. Seoane–. Si
permanecés a esa altura comienzan los demás: cefaleas, las náuseas, falta de
apetito... Después de unos días, el cuerpo empieza a adaptarse a la altura y
a temperaturas de menos 20° C. Pero si seguís con esta sintomatología, tenés
que descender porque significa que no te adaptaste”.

La falla en los mecanismos de aclimatación y cierta susceptibilidad personal
originan la aparición de las enfermedades agudas relacionadas con la altura.
Ninguna forma grave de estas enfermedades se instala bruscamente: toda
persona afectada por un edema presenta síntomas preocupantes 48 horas antes
de llegar a una forma clínica peligrosa. Por esto, los médicos destacan la
importancia de los estudios que realizaron para practicar el deporte sin
riesgos: “Comunicaremos los resultados de la investigación a la comunidad
médica, para contar con más herramientas a la hora de lanzarse en una
expedición así”,  culmina el Dr. Seoane.

Fuente Hospital Austral

Opiniones (1)
21 de agosto de 2017 | 12:33
2
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21 de agosto de 2017 | 12:33
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  1. Como se ve que no tienen otro tema para hablar que siguen haciendo fuego con el árbol caído... por favor "periodismo serio" no "amarillista".
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