Charles Darwin: el nombre de la ciencia

El científico descansa en una tumba en el suelo de la Abadía de Westminster en Londres, algo inconcebible para muchos habiendo sido él quien refutó la teoría bíblica de la creación. Pero en el momento de su muerte hasta la Iglesia tuvo que reconocer la importancia de un hombre calificado de "hereje" y "mono" por su Teoría de la Evolución.

La historia de Charles Darwin comenzó de una forma nada revolucionaria el 12 de febrero de hace 200 años en la pequeña ciudad inglesa de Shrewsbury. Nadie en la familia acomodada podía imaginar que la pasión del pequeño Charles por coleccionar le daría luego fama mundial: escarabajos, moscas, gusanos, reunía todo lo que encontraba en las praderas de Shrewsbury.

En vez de someterse a las estrictas reglas del internado donde fue enviado con ocho años tras la muerte de su madre, prefería hacer experimentos de química con su hermano. Para enojo de su padre médico. "Serás una vergüenza para ti y tu familia", le dijo una vez.

Era imposible saber que eso no sería así tampoco cuando Darwin comenzó sus estudios de medicina en Edimburgo, en los que se aburría enormemente y que interrumpió después de dos años. Su segunda elección fue sorprendente vista desde el presente: se inscribió para estudiar teología en Cambridge, carrera que además terminó.

Nunca se cumplió sin embargo su futuro como sacerdote de pueblo, gracias a un viaje que cambiaría la vida de Darwin y la visión del mundo impregnada por la Iglesia. En 1831 el capitán del "Beagle", Robert FitzRoy, buscaba a un acompañante científico para su viaje a Sudamérica. Aunque Darwin sufrió de inmediato terribles mareos por la navegación, estaba entusiasmado con todo lo que veía.

Tras observar ciertos pájaros en las islas Galápagos, se preguntó por primera vez cómo estaban vinculadas las especies. En su pequeña libreta de anotaciones escribió a su regreso: "I think" (pienso), y debajo hizo un minidiagrama de la evolución que semejaba un árbol genealógico de las especies. Pasaron sin embargo aún más de 20 años hasta que pudo presentar su teoría.

Darwin trabajó como un poseso en Londres y más tarde en su residencia de Downe, al sur de la capital, en búsqueda de pruebas. No sólo abalizó miles de especies reunidas y disecadas durante su viaje, sino todo lo que aparecía en su amplio jardín. Sin embargo, azotado constantemente por enfermedades, tenía que interrumpir su labor. Le daban consuelo su esposa Emma y sus numerosos hijos.

El científico dudaba en publicar sus descubrimientos porque sabía las controversias que iba a generar en la sociedad victoriana de entonces. Incluso a un investigador reconocido como él le resultaba muy difícil atacar la teoría de la creación de la Iglesia. Además su esposa -una prima de la reputada familia Wedgwood- era muy creyente. Su teoría equivalía a "reconocer un asesinato", escribió cierta vez.

Fue una carta de un tal Alfred Russel Wallace la que al final asustó a Darwin en junio de 1858. El joven naturalista había viajado por el sudeste de Asia y llegado a una teoría casi idéntica. Darwin no era un hombre arrogante y reconoció el trabajo de su colega, pero tampoco quería que el suyo quedara relegado.

Por eso, el 1 de julio de 1858 su teoría fue presentada en Londres junto con la de Wallace. La tesis central fue que no hace falta un poder sobrenatural para explicar el origen de las especies.

Y que todas ellas tienen un antecesor común y se han desarrollado mediante la selección natural. Pero el día en que comenzó la mayor revolución desde Copérnico no estuvo presente su creador (Darwin estaba de duelo por la muerte de uno de sus diez hijos) ni se produjo efecto alguno en el resto del planeta.

Eso ocurrió un año después, cuando Darwin publicó, el 24 de noviembre de 1859, El origen de las especies. El shock fue enorme, la imagen del mundo quedó destruida. ¿Era posible que el ser humano estuviera emparentado con los monos?

Comenzaron a circular caricaturas de Darwin con cuerpo de mono. "¡Descendientes de los monos! ¡Esperemos que no sea cierto, pero, si lo es, recemos para que no se sepa!", resumió el sentir de muchos la mujer del obispo de Worcester.

Pero se supo. Y Darwin, que el momento de morir en 1882 era agnóstico, está enterrado en la famosa abadía londinense.

Fuente: dpa

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