Cortázar y el cine, una relación inagotable

Por Claudia Regina Martínez / dpa

El último en adaptar un relato de Julio Cortázar al cine fue el argentino Diego Sabanés para su ópera prima, Mentiras piadosas, película estrenada el año pasado y basada en La salud de los enfermos.

Pero el fascinante y ambiguo universo cortazariano sedujo desde los años ´60 a numerosos directores, entre ellos leyendas como Michelangelo Antonioni y Jean Luc Godard, y al argentino Manuel Antín, el mayor adaptador del escritor a la pantalla grande. Y el primero.

Algunas de las películas inspiradas en textos de Cortázar se convirtieron en verdaderos clásicos del cine. Blow Up (1966), de Antonioni, es seguramente el mejor ejemplo de ello.

Trailer de Blow Up, dirigida por Antonioni y producida por Carlo Ponti.

El argentino Antín, a punto de cumplir los 83 años, es en tanto el más experimentado adaptador de Cortázar e incluso trabajó para ello codo a codo con el escritor.

En 1961 filmó La cifra impar, protagonizada por Lautaro Murúa y basada en el cuento Cartas de mamá, del libro Las armas secretas. La película altera la narración cronológica y espacial al estilo nouvelle vague y a imitación de la estructura tan propia del mismo Cortázar.

Al escritor le gustó la adaptación y autorizó que Antín hiciera otras. En 1963, el director realizó Circe, sobre un cuento del libro Bestiario, con Graciela Borges y Sergio Renán en los protagónicos y el mismo Cortázar como dialoguista.

Le siguió Intimidad de los parques (1964), basada en los cuentos Continuidad de los parques y El ídolo de las Cícladas, filmada en Perú, con el español Paco Rabal y la argentina Dora Baret como protagonistas.

A nivel internacional, fueron los europeos Antonioni y Godard los que hicieron que Cortázar pasara a los anales de la historia del cine.

El italiano, fallecido en 2007, trasladó en Blow Up (1966) el relato Las babas del diablo al "swinging London" de los Beatles con David Hemmings en la piel de un fotógrafo que es testigo de un asesinato y busca esclarecerlo a partir de sus fotos.

La película, que también cuenta con la actuación de Vanessa Redgrave, Sarah Miles, Jane Birkin y Verushka, se alzó con la Palma de Oro en el Festival de Cannes y se convirtió en un film de culto.

Se dice que Cortázar no se reconocía en Blow Up y que le hubiera encantado que llevara al cine alguno de sus relatos el español Luis Buñuel, con el que sentía mayor afinidad estética. Según algunos rumores, hubo incluso un proyecto en ese sentido y el escritor y el cineasta se reunieron varias veces.

Godard, en tanto, adaptó en Weekend (1967) el cuento La autopista del sur, del libro Todos los fuegos el fuego, ambientado en un embotellamiento gigante con Mireille Darc y Jean Yanne.

Diez años después, Luigi Comencini utilizó el mismo relato para L'Ingorgo, con Annie Girardot y Marcello Mastroianni.

En Francia, la segunda patria de Cortázar, Walter Renaud realizó además Le fin du jeu (1971), basado en Final del juego. En 1999, Alexandre Aja dirigió Furia, basado en el cuento Graffiti, con la actuación de Stanislas Merhar y Marion Cotillard.

En Argentina, después de Antín se atrevieron con Cortázar el fallecido Fabián Bielinsky (Nueve reinas) con el corto Continuidad de los parques y Cristian Pauls, quien se inspiró libremente en Casa tomada para Sinfín.

Pero más allá de Francia y Argentina, el universo del "gran cronopio" inspiró y sigue inspirando veinte años después de su muerte a directores de todo el mundo.

La checa Jana Bokova adaptó Diario para un cuento (1998), con los argentinos Germán Palacios, Inés Estévez y Héctor Alterio. El brasileño Roberto Gervitz rodó en 2005 el corto Jogo Subterraneo (2005), basado en Texto en una libreta del libro de cuentos Queremos tanto a Glenda, uno de los últimos trabajos de Cortázar.

Existe un corto lituano titulado Avtobus y basado en Ómnibus y otro australiano llamado House taken over, sobre Casa tomada.

El escritor también fue objeto de varios documentales, los más conocidos Cortázar, de Tristán Bauer, y Cortázar: apuntes para un documental, de Eduardo Montes Bradley, ambos argentinos.

Pero si los cuentos del argentino suponen una fuente inagotable de inspiración para los cineastas, nadie se atrevió hasta ahora con la monumental novela Rayuela, aunque más de uno se vio tentado a hacerlo.

Poner en imágenes el París que recorre Horacio y darle un rostro a la enigmática y encantadora Maga seguirá siendo, por lo tanto y por ahora, tarea de la imaginación de cada lector.

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