Julio, un argentino esencial

El 12 de febrero de 1984 falleció en París uno de los protagonistas del boom de la literatura latinoamericana de la década del ´60 y escritor comprometido con las luchas revolucionarias que agitaron esos años el continente bajo el influjo de la Revolución Cubana.

Nacido accidentalmente en Bruselas en agosto de 1914, su familia vuelve a la Argentina cuando Julio Cortázar tenía casi cuatro años y va a vivir a la localidad bonaerense de Banfield, a una casa con un gran jardín donde se cría junto a su madre, su hermana, su tía y su abuela ya que su padre abandona el hogar.

Aunque pasa su infancia en una especie de paraíso, Cortázar recuerda esos días ensombrecidos por sus sensibilidades excesivas, tristezas y la desesperación de sus primeros amores.

Maestro normal y luego profesor en Letras, el escritor da cátedras en pueblos y ciudades del campo, como Bolívar y Chivilcoy, pasa por Mendoza y en 1946 se instala en Buenos Aires.

Alto, de ojos verdes excesivamente separados, con una expresión juvenil que perduró a través de los años, Cortázar ya era entonces un gran solitario, fanático del cine, del boxeo y de Jelly Roll Morton, Duke Ellington, Louis Armstrong y de los blues de Bessie Smith.

Siempre fue un gran melómano -"la música es para mí más importante que la literatura", dijo alguna vez en una entrevista- y lo reflejó en muchos de sus cuentos, como en El perseguidor,  en el que esboza la figura del saxofonista Charlie Parker.

En 1951 viaja a París con una beca de la UNESCO donde trabaja como traductor, se casa en 1953 con Aurora Bernárdez y se afinca en esa ciudad que treinta años después le dará la ciudadanía francesa.

A pesar de sus largos años en París "era un argentino esencial", lo definió en una semblanza el mexicano Carlos Fuentes, quien junto a García Márquez y Mario Vargas Llosa compartió con Cortázar aquellos años del boom latinoamericano.

Bajo el seudónimo de Sergio Denis, Julio había publicado su primer libro, el poemario Presencias (1938) y en 1949 una obra de teatro, Los reyes, en la que recrea el mito del Minotauro.

Durante el primer año de Cortázar en Francia se publicó Bestiario, su primera -y tal vez insuperable- colección de cuentos y posteriormente Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Todos los fuegos el fuego (1966), Octaedro (1974), Alguien que anda por ahí (1977, Queremos tanto a Glenda (1981), Deshoras (1982).

En el cuento Las babas del diablo (incluido en Las armas secretas y años después adaptado al cine como Blow Up por Michelangelo Antonioni), el escritor ya expone parte de su credo estético: "Devolver al lenguaje sus derechos", que puede ser leído como una confesión de la divergencia entre el lenguaje y el mundo.

Esa fisura en el canon "realista" -ya puesta de manifiesto por Borges desde los años ´20- permite a Cortázar introducir en sus textos un elemento fantástico, de extrañamiento, que caracterizó a los años más fructíferos de su literatura.

Las atmósferas inquietantes y un lenguaje coloquial que subraya la oralidad del texto son marcas de la identidad de la narrativa cortazariana.

En 1960 aparece su primera novela Los premios y dos años más tarde el escritor viaja a Cuba y apoya a la revolución liderada por Fidel Castro, un compromiso político que lo llevará a viajar a Chile para la asunción de Salvador Allende y luego a la Nicaragua sandinista.

Además, Cortázar forma parte del Tribunal Russell II que, en 1973, juzgó en Roma los crímenes llevados a cabo por las dictaduras latinoamericanas. Resultado de esta actividad fue su libro Dossier Chile: el libro negro.

La aparición de Rayuela en 1963 traza un hito en su trayectoria, ya que la obra -con personajes inolvidables como la Maga- incluye otros planos que dislocan la estructura convencional de la novela: una teoría de la literatura que reflexiona sobre el proceso mismo de su escritura.

En este libro, de final abierto, el lector puede elegir el orden de los capítulos ya sea de manera sucesiva o por un esquema de saltos que Cortázar plantea al inicio. Inserta también una serie de discursos literarios, filosóficos, políticos y hasta eróticos relacionados con temas heredados de la literatura del absurdo.

Estos planteamientos estéticos se reiteran en la novela 62/ modelo para armar (1968), obra que toma su nombre del capítulo 62 de Rayuela, que no se lee si se sigue el orden fijado por el autor.

Otras obras son Final del juego (1956), Historias de cronopios y famas (1962), La vuelta al día en ochenta mundos (1967), Ultimo round (1969), Prosa del observatorio (1972), Libro de Manuel (1973), Un tal Lucas (1979) y Los autonautas de la cosmopista (1983, escrito a cuatro manos con su tercera mujer, Carol Dunlop, fallecida un año antes).

Cortázar volvió a la Argentina en diciembre de 1983, enfermo de una leucemia que le habían diagnosticado hacía dos años, y aunque no tuvo un reconocimiento oficial del gobierno de Raúl Alfonsín, recibió en la calle el caluroso afecto de la gente. Regresó a París y el 12 de febrero falleció en el Hospital Saint Lazare.

Fuente: Télam

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9 de Diciembre de 2016|05:33
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