Mendocinos: políticamente correctos, culturalmente gansos

El mendocino es un ganso que se queja, insatisfecho, hosco, pero muy emprendedor. Se siente superior a los sanjuaninos, puntanos y riojanos, desprecia a los chilenos, y siempre protesta contra los porteños. Vale aclarar: hablaremos de la mitad de los mendocinos, los incluidos en esas representaciones. Los demás, claro, nunca cuentan. Ya fueron decapitados.

“Pasaron: “el equipo de los mendocinos peronistas” y “el equipo de los mendocinos radicales”. Ahora descendió de las estrellas, succionado por el Observatorio Pierre Auger, Celso Jaque. Un peroganso bien parecido”.
¡Ponganlen por las hileras nomás!.
Trovador malarguino

“Soy conservador como todos los mendocinos”
Celso Jaque

“Pocas sociedades deben tener una identificación de clase media tan fuerte como Mendoza. Hay un dicho que señala que en Mendoza hay gansos (así se llama a los militantes del Partido Demócrata) peronistas, radicales y conservadores. Pero en definitiva son todos gansos”.
Eduardo van der Kooy (columnista político de Clarín)

“Los “gansos” – tal es la denominación con que se los identificaba, por su manera prolija e impecable de vestir que trasuntaba una cierta soberbia y menosprecio, inclusive en el modo de caminar, en los gestos y en ciertos hábitos y modos”
Paula Fabre, María Emilia Marchena, Lucrecia Mignani, María Albina Pol
(Materiales de Trabajo/Estudios Metodológicos/SERIE 5
El Partido Demócrata en la Provincia de Mendoza)

“Los mismos bordonistas aceptaban orgullosos el mote: “Somos peronistas que hemos incorporado lo mejor de los conservadores”, decían, apuntando a quedarse con las banderas de ambas agrupaciones. Rodolfo Gabrielli, mano derecha de Bordón y sobrino directo del mítico caudillo ganso don Pancho Gabrielli, era el símbolo vivo de dicha conquista. Bordón, incluso, llevó a la práctica gubernativa estas ideas. Tuvo como fugaz ministro a un connotado empresario, Ernesto Pérez Cuesta. Luego, Gabrielli, a su turno, puso al demócrata Luis Rosales al frente del área de Turismo”.
Andrés Gabrielli (columnista político de UNO)

“Los mendocinos expresan ese rasgo de identidad que cargan desde siempre. Somos muy conservadores, pero nos olvidamos de eso cuando atravesamos Desaguadero u Horcones”
Dalila Tahán (diseñadora)

“La iglesia católica en su periódico “Cristo” realiza un articulo sobre el encuentro y hace un llamado a los católicos a “defender la vida y la familia desde cualquier lugar”. Los y las católicas mendocinas hicieron carne este llamado y atacaron violentamente el encuentro. Quemaron un micro de la CTA de La Matanza y pintaron otros con consignas contrarias al aborto. Asaltaron las escuelas primarias, antes de que comenzaran los talleres, y realizaron pintadas con consignas “no al travestismo y al lesbianismo” “no a la educación sexual en las escuelas” “fuera el zurdaje” “no a la ligadura de trompas” etc. Destruyeron la instalación eléctrica del estadio Pacifico, donde se realizaría la peña de cierre. Y quemaron folletos con información sobre anticoncepción de emergencia, entregado por el gobierno de Mendoza”.
Relato de una cronista sobre el XIX encuentro nacional de mujeres realizado en Mendoza en 2004

Adulteremos por un rato al General Perón: en Mendoza, hay quienes votan por el peronismo, otros lo hacen por el radicalismo o sus espejos de ocasión; los menos, votan a formaciones de izquierda o centro izquierda, y el histórico 15%, a los demócratas. No obstante tales decisiones en coyunturas electorales, los mendocinos, culturalmente, somos todos gansos. No hace falta ya que el Partido Demócrata gane una elección. Para el PD, no ganar una elección no significa perder (deberían saberlo a esta altura). “Gansos somos todos” en esta provincia, porque el espíritu conservador ha triunfado culturalmente y lo han reforzado sistemáticamente, peronistas y radicales cuando fueron gobierno desde 1983 a la fecha.

El imaginario de los mendocinos dista muchos de las ideas de apertura a lo diverso o diferente, salvo, ante la necesidad de turistas extranjeros, por el dinero que dejan en nuestras arcas o de inversionistas extranjeros, siempre bienvenidos, que montan bodegas en nuestras tierras (“son de los nuestros”). El millón de habitantes del Gran Mendoza no basta para que tal apertura ideológica-cultural se produzca. ¿Será en parte demográfico el problema?. Es una variable a tener en cuenta. No obstante, la oportunidad de realizar cambios que afecten la estructura conservadora de los provincianos la tuvieron los gobiernos democráticos desde el año 83 a la fecha. Ninguno de ellos arriesgó demasiado, por tanto, la perdieron.

Es como si en otro envase partidario, los políticos locales continuaran la tarea de los gobiernos conservadores de antaño. Eso sí, sin los logros en obras públicas que transformaron Mendoza cuando a estos últimos les tocó gobernar, aunque tamizados por el barniz democrático. Es decir, fueron elegidos por la gente. Lo que no queda claro es si lo que hicieron es lo que quería la gente. 

Se sabe. Un gobierno no puede cambiar en cuatro años la cultura de una sociedad, por tanto, a 25 años del inicio ininterrumpido de la democracia, los gansos, rigen las pautas de los mendocinos, repito, culturalmente hablando. Es algo más complejo que una ideología o un programa político. Se trata de profundas raíces instaladas en el imaginario y en las prácticas sociales.

Eso de “los mendocinos somos conservadores”, no sólo es cierto, sino además responde a nuestra conformación como sociedad. El partido conservador en la provincia, representado por los demócratas, no logra ganar elecciones, aunque haya gobernado la provincia en épocas de dictadura, mediante intervenciones o fraude. Pero cuenta siempre a su favor “el modo de ser del mendocino”.

El mendocino es un ser ganso que se queja, insatisfecho, hosco, pero muy emprendedor por cierto. Cerrado, se siente superior a los sanjuaninos, puntanos y riojanos, desprecia a los chilenos (reconozcámoslo de una buena vez) a pesar de veranear en sus playas o recibirlos en Semana Santa para que dejen los chelines en los comercios, y siempre protesta contra los porteños. Esto es así, aunque salga algún lector ofuscado que comente con mayúsculas que tiene un primo en San Juan al que quiere mucho o que es amigo de un chileno que acampa siempre en su casa cuando viene en semana santa.

El mito del inmigrante europeo fecundo que se hizo de abajo, aquí, es dominante. Nuestro pequeño “sueño mendocino” de la autosuperación infinita, -“Hazte a tí mismo mendocino, tú puedes”-, sigue sostenido por una argamasa cultural que va de la familia a la escuela, los medios de comunicación, el empresariado y la clase dirigente política junto a la iglesia. El deseo de ascenso social en una provincia que parece tener todo al alcance de la mano, que se pavonea con extranjeros, encandila con las luces de los complejos y presume de una plaza automotriz envidiable en el tránsito cotidiano.

Sin embargo, nuestro mendocino siempre se resiste a los cambios culturales que se imponen desde la nación. Hasta el propio lencinismo –la perla histórica popular de los radicales que ganó toda la década del 20- fue barrido mediante proscripción en los años 30. El mismo Yrigoyen combatió al lencinismo en Mendoza. Claro, los Lencinas eran populistas, y su base social, conformada por parias. Una extrañeza por estos pagos que no permitieron se propague demasiado. Los lencinistas rezaban por entonces en su mitificación al gauchito radical asesinado el 10 de noviembre de 1929:

“En el cielo las estrellas,
en la tierra las espinas,
y en el centro de mi pecho
¡Carlos Washington Lencinas!"

Queremos ser una provincia influyente y modelo (“fuimos Suiza en la época del Pilo”) pero rechazamos las ideas transformadoras: El aborto legal, la despenalización del consumo de drogas, los juicios a represores de la dictadura, las formas de la nocturnidad, la diversidad sexual, las expresiones ideológicas alternativas, entre otras.

Paradojalmente, en tales condiciones dominantes del discurso conservador provincial, surgen respuestas sociales, que por contraste, se agigantan por momentos. Las tribus juveniles, el movimiento artístico, el empoderamiento de la comunidad homosexual, grupos feministas, ambientalistas, minorías religiosas. Algunas, modas pasajeras, otras, logran afincarse por un buen tiempo. En este marco, algunos logros no dejan de sorprender. Por caso, la restitución de las tierras a las comunidades huarpes de Lavalle.

El antropólogo norteamericano Clifford Geertz, sostuvo en su obra “la interpretación de las culturas” que, las mismas son un “contexto”, donde se recrean códigos en un entramado que el mismo hombre a tejido. Adaptando dicha definición a Mendoza, podríamos esgrimir que el código cultural aquí consiste “en ser o parecer conservador” para entrar en sintonía social. Un vez dentro de esa argamasa, suceden algunas subversiones o rebeldías, herejías permitidas por la flexibilidad de los códigos de una época Si hasta el Demócrata Omar De Marchi pareciera más corajudo que el propio Jaque, Cobos, Fayad e Iglesias juntos.

El peronismo y el radicalismo en Mendoza, y cierta izquierda, están atravesados por la cultura gansa. Al interior de esos partidos nunca triunfan las posiciones más abiertas. El aparato político de los partidos mayoritarios no lo permitiría jamás. Por eso algunos defeccionan y arman partiditos que, con suerte, logran meter algún concejal o un diputado. Pero con mucha suerte.

El rock local no es profeta en su tierra, ni los Enanos ni los Karamelos pudieron hacer mella en las preferencias de los jóvenes mientras aquellos vivieron en Mendoza. Tuvieron que irse, y cuando el mendocino los vio en la tele o leyó que tocaban en Europa o EEUU, los empezó a respetar. Esta displicencia del nativo se podría extender a otras ramas de la cultura por cierto. El que asoma la cabeza, no es apoyado para salir del pozo pueblerino. Más bien se transforma en un blanco a decapitar, hasta por sus propios colegas, quienes no pueden entender, cómo, por qué, desde cuándo, “si hasta ayer era un gil como yo”, etc, etc..

Pero vamos andando, con el cogote erguido y con el moño apretando la nuez. Y de vez en cuando, nos ideamos una sorpresita como pa` no quedarnos dormidos en una siesta eterna. Como dijo el trovador: 

“Pasaron: “el equipo de los mendocinos peronistas” y “el equipo de los mendocinos radicales”. Ahora descendió de las estrellas, succionado por el Observatorio Pierre Auger, Celso Jaque. Un peroganso bien parecido.
¡Ponganlen por las hileras nomás!”.
Opiniones (18)
21 de agosto de 2017 | 04:48
19
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21 de agosto de 2017 | 04:48
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  1. a demas logró, como siempre, diferentes "reacciones" que es en realidad lo que al Mendocino le pasa. Reacciona pero no acciona, el mundo avanza y las ideas se discuten pero Mendoza no pertenece a todo eso menos a la discución. No nací ni me crié en esta provincia, por eso tal vez me cueste mas aún pertenecer a la sociedad que todavía me mira como un bicho raro si voy invitado a un ¡casamiento sin corbata! Siempre que leo alguna nota tuya Marcelo, me reconcilio un poco y puedo salir un rato. Logras buenos comentarios en este diario muy insidioso y mal intencionado que no promulga el dabate ni la pluralidad informativa. Muchas Gracias.
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  2. Que "los pobres votan a los demócratas" debiera ser demostrado con datos empíricos. Desde 1983 la única elección ganada por el PD fueron las legislativas de 1997 (Balter) producto de múltiples factores, pero fundamentalmente debido al (entonces exitoso?) esfuerzo del PD por despegarse de su compromiso con la dictadura y "barrer la basura debajo de la alfombra" y gracias a que el justicialismo en esos tiempos estaba ideológicamente ubicado a la derecha de los gansos (hoy están más parejos). Allí si, sin duda, hubo un voto proveniente de los sectores populares (no me gusta hablar de pobres, eso es para la iglesia) que seguramente vieron en el PD una expectativa, una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida y no porque sean ordenados. Aparte de la particularidad que poseen las elecciones legislativas en las que no se vota ni presidente ni gobernador. Pero el problema no es si los sectores populares votan a los conservadores y a los liberales porque son masoquistas, aquí deberíamos internarnos en el terreno de la hegemonía de la clase dominante (ver Gramsci) y en esa falacia de que si le va bien a un sector nos va bien a todos (como lo que pasó con la adhesión de muchos al lockout agrario). El PD históricamente sacó partido de ese sofisma "mientras que a los grandes terratenientes, bodegueros y exportadores les fuera bien, el resto del pueblo gozaría de los beneficios emergentes". Todo eso bien publicitado y asumido como propio por otras fuerzas políticas de origen popular , es el paradigma dominante de la ortodoxia política. E insisto, no es patrimonio exclusivo de Mendoza.
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  3. Taty, antes de escribir reflexioné y asumí el riesgo de parecer conformista. Todo parte de la idea que sostengo de que esa supuesta característica de "los mendocinos" es más una autocalificación presuntuosa -que nos haría parecer "distintos" del resto de los argentinos- que una verdad objetiva. Con ese mismo argumento se sostuvo durante años (los '90) que Mendoza era una "isla" inmune a los padecimientos nacionales cuando ningún indicador económico o social indicaba algo parecido. Eso justificó además, las peores aventuras neoliberales y políticas conservadoras (recordemos que las primeras privatizaciones se llevaron a cabo aquí ¡y por decreto!). Pero nunca sin resistencia. Evidentemente no creo que el mal de muchos sea un consuelo de nadie, sino que es un problema a resolver. Tampoco creo que "Mendoza" sea reaccionaria. Un lugar geográfico nunca puede ser ni reaccionario ni nada y dudo que en Mendoza haya gente más reaccionaria que en el resto del país. Particularmente no me interesa lo que diga la iglesia, si me importa lo que hace, que es sustancialmente distinto y mucho más grave. Creo sí que los políticos mendocinos adolecen de cierto conservadurismo rancio producto de la instalación de un estereotipo del que "hace obras" y cuya figura emblemática fue Francisco Gabrielli. Pero de allí a plantear que "todos" somos conservadores me parece una generalización tan injusta como innecesaria. Por esa razón supongo que el adjetivo puede sí endilgarse a políticos mendocinos (de todos los partidos) pero no al pueblo en general indiscriminadamente.
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  4. Paracelso, ¡qué fácil te conformás! En otros lados hubo nazis y un holocausto de seis millones de personas, así que aquí estamos bien. ¡Por favor! Mendoza es reaccionaria no conservadora. Los pobres votan a los demócratas porque son ordenados. Pasan cosas extrañas. A mi personalmente, que la iglesia diga quien aborta y quien no, quien es bueno y quien no, quien se divorcia y quien no, quien se va al cielo y quien no, no me gusta y hay provicnias en las que no gobierna tan descaradamente como acá. No es un mito, es una realidad y que en La Rioja o en Catamarca estén peor, no me consuela para nada.
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  5. Me permito disentir: no creo que los mendocinos sean más conservadores que cualquier habitante de otra provincia, salvo -claro está- el porteño. Supongo que la circunstancia de tener un puerto convierte a los que allí habitan en seres "más abiertos" y progresitas -aunque voten a Macri. La ingerencia de la iglesia católica en los espacios de poder institucionales no es patrimonio ni exclusivo ni excluyente de Mendoza. Creo que este mito puede tener alguna remota base material, es más un relato cultural presuntuoso de una supuesta identidad que nos diferencie del resto de los "provincianos". Por otra parte, partidos conservadores ha habido y hay en todas las provincias, todos fueron cómplices de las dictaduras y hoy aggiornados participan con más o menos suerte en la vida democrática. Si no tienen partido propio, se mimetizan con las fuerzas tradicionalmente populares sin dejar de ser conservadores. Me resisto igualmente a utilizar conceptos aparentemente sobreentendidos como "conservador" y a caer en lugares comunes. Como mínimo deberíamos definir "conservador" por la negativa, por su par contradictorio, ¿cuál sería: transgresor, progresista, zarpado, liberal, libertario...?. Inmediátamente resuelto este meollo preguntarnos ¿comparado con quiénes somos "conservadores"?, ¿con los porteños que votan a De La Rua a Carrió y a Macri (quienes en un desliz votaron a Ibarra para luego crucificarlo)?. También se tiende a confundir "careta" con conservador. Que álguien intente mostrar algo que no es o más de lo que es no lo convierte en conservador sino en simulador (careta como se dice, cosa que tampoco nos hace distintos. Las opiniones fascistoides acerca de la inseguridad (y de cómo resolverla) no es patrimonio mendocino (veamos las opiniones de los diarios nacionales on line, el menduco más conserva se espantaría de las cosas que plantean los porteños progres). Como buen mendocino nativo y decapitado me resisto a ese mote.
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  6. Me gustó, demuestra observación análisis objetivo de nuestra sociedad (o buena parte por lo menos) y alejada un poco de ese espíritu que, por ahí detecto, en otras, de solo poner cosas como para revolver el hormiguero (cuando era chico yo tiraba petardos entre las viejas solo para divertirme viendo el despelote que se armaba). Pero algo habrá en el terruño que nos hace ser como somos, si también los Huarpes eran conservadores (así les fué)
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  7. Mendoza es conservadora tirando a de extrema derecha. Basta leer lo que escriben los forista cuando son temas de seguridad y dan ganas de poner un océano de por medio. Sociedad de tinte fachistoideo donde se sospecha de los defensores de los Derechos Humanos, la Iglesia controla los poderes de Estado, más en este gobierno que en otros, nombra a la directora General de Escuelas, hace misas en la legislatura, nombra en direcciones básicas de ayuda social como la Dirección del menor o la Dirección de Alimentación (no se llama así, el nombre es más largo y rimbombante). Está directamente ligado el conservadurismo de costumbres a este dominio de la Iglesia. Sociedad que vive de las apariencias, de comprarse autos muy caros y querer ser estancieros, (se acuerdan de la experiencia Monetta), los caballitos, la ropa de estanciero, ¡la ropa de polo! (¿quién juega al polo en Mendoza?).Aparentar. Y pedir mano dura para el pobrerío, que no me toque el kiosquito...No se si somos políticamente correctos...la provincia es culturalmente pobre y los intelectuales mendocinos (si los hay) no pasan de un supuesto populismo que se roza con el peronismo de izquierda (¿?) que también es una variante católica, pero para pobres.
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  8. Si señor es totalmente cierto las expresiones del columnista ,yo le agregaria que hasta el mas pobre se siente rico somos muy soberbios los mendocinos y la envidia es el defecto mas evidente aunque nos duela sufrimos a montones cuando alguien fortalece su patrimonio RECONOZCAMOSLO!!!!
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  9. El Menduco es un gran envidioso y el Menduco fuera del pais es un chorro mas. Viva los portenos.
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  10. Como siempre, saludos
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