El sueño americano

Alfonso Armada viajó por Estados Unidos en octubre y noviembre de 2008, en las semanas en que se dilucidaba el futuro de esa nación con la elección de un nuevo presidente. El periodista recoge en este libro el latido de un pueblo que encontró en Barack Obama un motivo para la esperanza.

Por Alfonso Armada

“No por accidente, Barack Obama eligió la ciudad de Springfield, en Illinois, para anunciar su candidatura a la Casa Blanca”, cuenta el periodista. “Algo que muchos pensaron que no era más que un brindis al sol, pero Springfield fue el hogar de Abraham Lincoln durante 17 años”, revela en su libro del que ofrecemos un fragmento.

Armada (Vigo, 1958) compara a Obama con Lincoln: “No pierden la calma ni la elegancia cuando están sometidos a presión”, “son tipos difíciles de conocer a los que les gustan los chistes y los cuentos, pero siempre contenidos”.

Ambos son licenciados en leyes y podrían ser definidos como “estoicos moderados”, que hacen “más hincapié en el análisis que en las personalidades” y que tienen “talento” como escritores, “forjado por años de lectura”, puntualiza el autor. Las críticas por su “inexperiencia” y por “no respaldar ciegamente a las tropas involucradas en una guerra contra un país que de ninguna forma inquietaba o era una amenaza para Estados Unidos” también une a los dos políticos.

“La descripción parece un retrato a vuelapluma del presidente-electo y, sin embargo, es una síntesis de su más famoso antecesor, que fraguó parte de su carrera y personalidad en Illinois y en su ciudad más emblemática, Chicago. Se trata de Abraham Lincoln”, escribe Armada.

El periodista ha cubierto el cerco de Sarajevo, el genocidio de Ruanda y eventos en países africanos como la República Democrática del Congo, Liberia, Angola, Mozambique, Sudán o Somalia, y era corresponsal en Nueva York cuando se produjo el ataque contra las Torres Gemelas.

Antes de embarcar

Tras haber sido corresponsal en Nueva York del diario ABC durante casi siete años, de haber cubierto el escandaloso espaldarazo del Tribunal Supremo que le concedió a George W. Bush la victoria en Florida y con ella las disputadas elecciones del año 2000 frente a Al Gore, la destrucción de las Torres Gemelas, la guerra de Irak en las Naciones Unidas, el segundo triunfo de Bush (frente a John Kerry), de haber recorrido en zigzag, del Atlántico al Pacífico, la frontera entre México y Estados Unidos, y de haber asistido a seis ceremonias de los Oscar de la Academia, no quería perderme las elecciones en las que un insólito candidato llamado Barack Obama podía convertirse en el primer negro (más bien mestizo) que llegaba a la Casa Blanca.

Conseguí convencer a mis jefes en ABC de que me enviaran de vuelta a mis queridos Estados Unidos, pero no para cubrir de cerca los últimos espasmos de la campaña electoral, sino para internarme en la otra América, en algunas de las otras Américas que encierra Estados Unidos, para tratar de ver cómo respiraba y hacia dónde podían decantarse unos comicios que han mantenido en vilo al mundo y desatado -con la victoria de Obama- una esperanza inusitada, un castillo de ilusiones desmesuradas. Las expectativas son tan altas y las tareas tan hercúleas que, inevitablemente, el carismático presidente va a desilusionar a muchos, estadounidenses y ciudadanos del mundo que, tras la espantosa herencia que deja George W. Bush, sólo quieren pasar página, creer que no es demasiado tarde para enderezar el rumbo tan torcido de las cosas.

Desde la economía (la codicia y la desigualdad que cuestionan el sistema capitalista), a la degradación del medio ambiente (con un consumo insostenible), desde pudrideros como Palestina, Congo o Darfur, a los derechos humanos emponzoñados en Guantánamo y Abu Ghraib, Obama tendrá que hacer más que juegos malabares bajo los focos para que la todavía primera potencia mundial recupere el prestigio perdido, y el sueño americano que él parece encarnar con su propia trayectoria recobre su viejo brillo.

Mi viaje se corrió del 21 de octubre al 8 de noviembre de 2008 con escalas en siete ciudades: Nueva York, Winston-Salem (Carolina del Norte), Winchester (Virginia), Lafayette (Indiana), Dayton (Ohio), Tucson (Arizona) y Chicago (Illinois), antes de volver a la casilla de salida, en Nueva York, para desde allí regresar a España.

El objetivo era rastrear y tratar de poner a contraluz los factores que podían decidir el resultado: el papel de la religión, el voto de los red necks (la clase obrera blanca), la importancia de la raza, la crisis económica y la inclinación de los Estados dudosos como Ohio, además de los hispanos, la inmigración y la frontera. Este libro rescata el blog que alimenté febrilmente cada noche, a menudo hasta altas horas de la madrugada y en un estado de ebria fatiga y lucidez, para abc.es, y algunas de las crónicas que escribí para el ABC de papel. A medida que avanzaba en la oscuridad me di cuenta de que acaso en este cuaderno de viaje en pos de un sueño podía haber un libro. Ojalá.

A. A.

Madrid, 12 de enero, 2009.

El sueño americano. Cuaderno de viaje a la elección de Obama. de Alfonso Armada. Madrid, Ediciones del Viento, 2009. 168 páginas.

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