Larra, amante de la libertad y la justicia

"Amo demasiado a mi patria para ver con indiferencia el estado de atraso en que se halla". Esta frase de Larra define a la perfección el espíritu luchador que impregnó la vida del escritor, cuya biografía publica ahora Jesús Miranda de Larra, cuando se cumple el bicentenario del nacimiento de "Fígaro".

Por Ana Mendoza / EFE

Amante de la libertad y de la justicia, "convencido europeo y gran generador de ideas", Larra se suicidó porque "su orgullo no le permitió formar parte del desastre en que se había convertido España", aseguraba hoy el autor de Larra. Biografía de un hombre desesperado.

Publicado por Aguilar y por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, el libro reivindica la figura de quien está considerado uno de los grandes escritores españoles y fundador del periodismo moderno, e incluye textos inéditos, entre ellos varias poesías, cartas y fragmentos de artículos.

De forma minuciosa y amena, el autor, cuya madre era tataranieta de Larra, recorre la asombrosa trayectoria de "Fígaro" que, temido y admirado al mismo tiempo, se convirtió desde muy joven en el periodista mejor pagado de su tiempo y se rebeló en sus artículos "contra la opresión, la incultura y el subdesarrollo".

Pero ese reconocimiento social no pudo impedir que el 13 de febrero de 1837, pocos días antes de cumplir los 28, Larra se disparara un tiro en la sien, influido sin duda por la ruptura de sus relaciones amorosas con Dolores Armijo, que ese mismo día lo visitó en Madrid y "le pidió las cartas con el fin de borrar todo vestigio de la relación pasada".

Sin embargo, el desengaño amoroso no fue el único motivo. Miranda de Larra (Madrid, 1942), ingeniero agrónomo que ha ocupado numerosos cargos oficiales, defiende en su biografía que Larra se suicidó porque "no pudo encontrar la España que buscaba. Su fracaso en la lucha por un país mejor, más próspero, libre y justo lo impulsaron a quitarse la vida".

El espíritu de "Fígaro" estuvo siempre presente en la familia de Miranda de Larra, que guarda en su casa numerosos manuscritos y objetos personales suyos, entre ellos la levita, el chaleco y la camisa que llevaba el día de su muerte.

Esas prendas las va a donar al Ateneo de Madrid, porque Larra "fue el primer socio de cuota de esa institución", en tanto que los manuscritos y documentos se los cederá al Museo Romántico.

"Fue un niño sin niñez, un desarraigado nato", asegura Miranda de Larra al recordar la infancia tan difícil del autor de Vuelva usted mañana, marcada por la separación de su familia. De los cuatro a los nueve años estuvo internado en un colegio de Francia, debido a que su padre, "afrancesado como la mayoría de los intelectuales de la época", tuvo que exiliarse.

Asombra la precocidad de Larra. A los tres años leía perfectamente, a los cinco hablaba y escribía francés y a los doce años tradujo La Ilíada, según testimonios que recoge el autor de la biografía.

A los 19 empezó a publicar el Duende satírico, un periódico erudito y mordaz que duró sólo un año y medio, porque "los que se veían satirizados debieron influir para que se suspendiera", y a los 22 lanzó El pobrecito hablador. Sin embargo, los artículos que más fama le dieron fueron los que con el seudónimo de "Fígaro" insertó en La revista española.

Fue incomprendido por escritores como Galdós, que describía a "Fígaro" como "un lechuguino", y Unamuno. El biógrafo afirma que no podían entenderlo porque "Larra, como Quevedo, Valle-Inclán y Goya, fueron españoles diferentes y desarraigados de todo". Así supo verlo Francisco Umbral en su Anatomía de un dandy.

¿Y cómo era Larra? Era "inteligente, orgulloso, enamoradizo, inconstante, versátil, sarcástico, misántropo, escéptico, mordaz, generoso, hipocondríaco y buen amigo", dice el autor de la biografía, en la que incluye numerosas poesías del escritor romántico.

"Su poesía no es demasiado buena", reconoce Miranda de Larra, quien también da amplia información sobre los otros géneros que cultivó Larra, el teatro y la novela.

La biografía incluye al final las frases más famosas de "Fígaro": "Aquí yace media España. Murió de la otra media" y "Mi vida está condenada a decir lo que otros no quieren oír" son algunas de ellas y reflejan el pensamiento de quien creía vivamente que "la libertad no se da, se toma".

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