9 de Febrero de 2012
|06:50
Sociedad
Todos queremos ser queridos y recordados y, sin embargo, vivimos como sin ganas, como pasando de largo. Nuestro apetito de eternidad es minúsculo y apenas una ínfima cantidad de sucesos son los que determinan nuestra vida. No obstante, están los otros: los que se consumen en luz y nos iluminan. Gracias, Flaco, fuiste una estrella titilando bajo la noche imposible.