Como siempre, el “after office” estaba a full. Los muchachos ya habían discutido sobre las reinas vendimiales y el partido con Alemania. La minivotacion le daba ganadora a la de Santa Rosa por 3 a 1. -Una mujer con esa sonrisa debe ser encantadora- afirmaban los dos más fanáticos. Por supuesto no se privaron de comentar sobre todas las mujeres lindas que pasaban por la Arístides a esa hora del jueves.
-¡Mirá ese culo! No puede ser cierto. ¿Por qué en la Arístides andan vestidas tan atorrantas, hermano? Acá se ponen ‘shortcitos’ y musculosas increíbles que no usarían en el centro…- dijo Jorge, imaginando alguna nueva obrita de tetro de esas que le cuestan 25 lucardas.
-Acá se sienten más libres… creen que todavía es su barrio. Pero siempre, aun en el trabajo o la iglesia, les gusta seducir. Para cada lugar hay una manera. En la oficina, por ejemplo, si no pueden andar atorrantas, buscan detalles… Tal vez, que se les marque la bombacha chiquita por debajo del pantalón (sólo con algunas telas y ciertas bombachas especiales para ello) o una leve transparencia en la camisa para que se les noten los pezones. Lo clásico es el antepenúltimo botón que se entreabre apenas por la camisa levemente ajustada y deja ver el corpiño. O la pollera un poco corta, o se acercan a preguntarte algo o decirte alguna cosa pretendidamente seria e importante, tanto, que te apoyan un poquito sobre el brazo con las tetas, o dejan que percibas su perfume… Siempre encuentran algo…- agregó Fede, sacando cuentas de cuántos especímenes femeninos en edad de recibir, digamos de 2.1 a 4.0- en su entorno laboral.
-No jodan, a veces no se deben dar cuenta de lo que hacen…- aclaró o intentó hacerlo Rodo. Ustedes son unos pervertidos, calentones, lo que falta es que se transformen en onanistas de oficina…- dijo, en uno de sus habituales ataques de sensibilidad con el sexo opuesto, que resultaban un poco incomprensibles.
-Dejate de joder Rodo, si se pasan el día mirándose al espejo… Vos crees que no se dan cuenta que se les marcan la bombacha o los pezones. Cada detalle en ellas está fríamente calculado para promover la calentura general de los hombres. Usan remeras aparentemente serias en la oficina, pero ellas saben que dependiendo del ángulo con que se agachen para dejar la carpeta en el escritorio, dejan ver todas las tetas. Es así muchachos. Miden exactamente el largo de las faldas para que se les vean sólo un poco las piernas. Así parecen serias si las ves paradas, pero ellas saben que pueden ser unas atorrantas divinas si cruzan las piernas de determinada manera. Hacen lo que ellas quieren con nosotros…- El Fede, terminante, no hacía más que confesar cómo lo calentaban las minas del trabajo.
-Está bien muchachos, tienen razón…- confesó Rodo. -El sexo en la oficina es un clásico casi inevitable. Una vez terminé cogiéndome una mina en mi oficina de tanto verla pasar con esos pantalones. Yo ya era pendejo pero bastante capo en la empresa de software, y ella una 2.7 analista junior de otra área. Muy inteligente. Pasaba siempre por mi oficina, me daba un beso y me preguntaba cómo estaba, o si necesitaba algo… y se iba. Mi oficina era grande, así es que yo tenía a disposición una distancia de cinco o seis pasos para verla irse y disfrutar de ese culo espectacular… Estaba buena, pero sobre todo, tenía ese culo brillante con la bombacha muy chiquita, tanto, que se le marcaba… Y la verdad es que un día me sacó… la seguí a la fotocopiadora, y por suerte, no se negó mucho… La mina estaba casada pero no le importó para nada. Era pendeja y ya lo detestaba al marido. Tengo muy buenos recuerdos de ese culo espectacular. Llegué a pedirle qué pantalones y bombachas quería que llevara cada día a la oficina. Una chica encantadora y servicial…-
Marcelo, el sociólogo del grupo, empezó a tirar números y estadísticas sobre el sexo en el trabajo.
-Voy a decir algo que todo el mundo sabe. Ha sido estudiado extensamente por la sexología y la sociología. El 67% de los romances de gente de más de treinta se arma en los laburos. Un 39% de las separaciones en los matrimonios son por amantes provenientes de la oficina. Los hombres declaran que tendrían sexo con al menos una mujer de su oficina nada menos que en un 80%. Ojo, las mujeres responden en un 55%. Los datos son contundentes: El trabajo es el lugar ideal para que se arme quilombo con el sexo opuesto…-
Jorge, el putañero sofisticado, estaba distraído y callado, en otra cosa… internamente shockeado. El miércoles volvió medio borracho (¡¿se puede estar ‘medio borracho’, o le hacemos una licencia?!) a su casa de Chacras cerca de las 4 de la mañana, y se cogió a Magda, su mujer (una 4.0 muy buena, aclaremos) y para su sorpresa no la pasó tan mal. Hasta le había dado un poco de nostalgia por su matrimonio y su amante Josefina, aquella que tanto lo quería. ¿Por qué no volver a aquella vida más tranquila (y más barata) sólo con la Magda y la Jose? se preguntaba en estos días.
De todas maneras, no dudó en contarles a los compañeros sus affaires en el trabajo.
-Es como explica Marce…- dijo Jorge. -El laburo es donde uno esta todos los días en contacto con las minas. Yo siempre me cuidé porque eran empleadas de mis propias empresas, pero si venía una mina muy turra y con muy buenas tetas tampoco me negaba. Eso sí, desde la primera vez la llevaba al telo directamente para que quedara claro que la relación no podía ser más que eso. Y les exigía que no tuvieran nada con nadie en el laburo. Al final me salía unos pesitos también porque algún aumento o regalito conseguían, pero no dejaba de ser una aventura. ¿Te puedo contar algo medio perverso Rodo?
-Claro brother, para eso somos amigos.
-La verdad es que sentía un placer medio degenerado cuando conocía al novio o marido de las minas que me cogía… No sé por qué pero me excitaba, era una cabronada, lo sé… pero me calentaba. A algunas las convencí de que le hablaran al pobre ‘Cornicelli’ mientras estábamos en el telo, y la verdad que se me paraba de sólo escucharlas hablar por teléfono. Una era tan turra que lo llamaba mientras yo le hacia el culo. Se tapaba los gemidos con la almohada mientras lo escuchaba al pobre tipo contar sus peripecias en el trabajo… ¿Qué me contás Rodo? Soy demasiado degenerado ¿no?
-No pasa nada Jorge. Tenés un toquecito sádico que se complementa con el de ellas, me imagino. Está dentro de una normalidad amplia. No te preocupes. Es el antecedente de tus obritas de teatro.
Rodo paró el buen humor general para encarar al Fede, que se estaba haciendo el boludo y le preguntó por la terapia.
-¿Empezaste de una vez Fede?
-Sí Rodo. Le empecé a contar la historia de mi primer 2.2 que era mi amante mientra corneaba al novio de la moto y a la segunda 2.2 –la empleadita- que se estaba por casar con el policía. Y por supuesto le hablé de Florencia y las nenas. La familia por la que me estoy jugando a full. Le dije lo que vos me decías, que no podía ser que con cada mina me calentara y creyera que me enamoraba…
-¿Y?
-Y nada... El gran cabrón me dijo que teníamos mucho que trabajar, pero que habíamos tenido un gran comienzo. Debe ser para él que cobra $ 150 la sesión. Después usó un par de frases raras, que no entendí, y dio por terminada la charla. Yo, por si acaso, interpreto que puedo seguir cogiéndomelas a todas ¿no?
-Sí Fede, seguí cogiéndote todas, pero no dejes terapia… en una de esas algún día madurás…
-Eso sí, de la nueva no le conté nada. Sino va a creer que soy inmaduro…
-¿Qué nueva, brother? No habías dicho nada.
-Nada importante… una mina de la empresa, 3.9 bien puestos, jefa de presupuesto o algo así. Me la cogí en un congreso, en Buenos Aires. Tomamos un trago y al rato me invitó a su pieza. Es una típica casada infiel, mal atendida. La verdad, no se exactamente… porque cuando empezó a contarme de su vida me quedé dormido. Pero algo así era, que se sentía sola, que la familia no la valoraba, que su marido no la escuchaba… y no se cuantas cosas más…
-Las oficinas son el caldo de cultivo del sexo. Esa es la verdad muchachos. Siempre hay un espacio donde te rozás, o ella te toca levemente, sin querer… O vos la apretás sin darte cuenta en un pasillo angosto o en una oficina demasiado chica… O está parada al lado tuyo, leyendo el memorándum, y mostrándote a 50 cm ese culo monumental o esas piernas torneadas. Todo es inocente en la superficie. Pero en el fondo es como una pila que se va cargando hasta que explota. Además, te pasás 8 ó 10 horas mirándolas... Incluso algunas un poco feas, con el tiempo, empezás a ver que están buenas… Y también están las otras, las que te calientan al pedo. Asumen una posición de seducción constante e histérica. Te tienen hirviendo todo el día. Y cuando buscás concretar, se escandalizan…- dijo Marce, extrañamente extrovertido.
-Les voy a contar una anécdota- continuó Marce.- Yo tenía una secretaria en la universidad que era seria, casada, híper correcta, con dos hijas, pero tenía un culo que parecía dibujado y usaba siempre unos jeans muy ajustados. Siempre me pregunté por qué usaba semejantes pantalones. Un día me tenía que pasar un paper de cuatro o cinco hojas en la compu. No sentamos uno al lado del otro y yo le dictaba. En un momento, empecé a acercar mi pierna con la de ella. Si la corre -pensé yo- la dejo separada y acá no ha pasada nada. Pero para mi sorpresa no la movió. Seguimos escribiendo, y yo me acercaba cada vez más, y apretaba más fuerte mi pierna contra las de ella. Obvio, yo me empecé a calentar y lo mejor fue que ella también... ¡Sólo de apoyarnos las piernas sentados al lado! Era muy blanca (de ojos celestes) y se empezó a poner colorada. Cuando vi que estaba a punto caramelo le apoye mi mano en la rodilla –siempre dictándole el paper- y tampoco dijo nada.
Yo ya estaba como loco. Le empecé a acariciar la pierna desde la rodilla en dirección a la concha y en un momento no dio más y empezó a gemir y temblar muy poquito. Luego se levantó. Me dijo si quería tomar un té y se fue a la cocina. Ahí agarre su cartera, las llaves… Y antes que llegara a la cocina me la llevé al auto. No cruzamos palabra. En cinco minutos estuve en el departamento y me la cogí como nunca. Le arranque parte de la ropa en la cochera y estuvo como loca por más de 2 horas. Es una historia rara… La calentura en el trabajo se acumula y un día explota. Nunca supe si esos gemidos en la oficina significaron que había terminado vestida y sentada al lado mío… o qué…
-El caso de las secretarias y los jefes merece una explicación especial- dijo Marce. -Estudios europeos reportan que el 71% de los jefes luego de dos años se siente atraído o muy atraído por su secretaria…- explicó, volviendo a su tono doctoral.
-La causa es simple…- agregó Rodo. -La mayoría tiene una secretaria privada luego de varios años, cuando ya tiene un cargo de poder en las empresas o es dueño de una empresita respetable. Y sobre todo cuando ya su matrimonio está hecho pelota o están separados. Y tu secretaria es alguien que no te jode, se ocupa de vos todos los días, te maneja la agenda, te perdona los errores y te acepta los caprichos, te recuerda lo que tenés que hacer, te avisa de los problemas, es tu compañera en el trabajo, está siempre agradable, fina, linda y arreglada, no te trae problemas sino soluciones… ¡¡Cómo no te vas a enamorar de ella si es lo contrario de la bruja!! Y algunas de ellas, pobres, también se enamoran del ‘jefe’ porque lo admiran, sobre todo al lado del mediocre del marido, que es buen tipo (o más o menos) pero nunca pasó de oficinista. Ellas se imaginan una vida de viajes y glamour que nunca va a ser, y se quedan toda la vida detenidas en ese amor. Cobrando un sueldo de la empresa y envejeciendo en soledad.
-Yo conocí un caso genial, pero opuesto. El vago era muy ocupado y para mantener el matrimonio en paz dejaba que la secretaria se la eligiera la super celosa mujer. Obvio, la bruja siempre le elegía un escracho que supiera tres idiomas y fuera brillante pero horrible. ¿Sabés lo más gracioso? La que tenía un amante era ella… y nada menos que el personal trainer…- acotó Jorge, imaginando de paso alguna obrita con el jefe, la secre, la bruja y una personal trainer.
Rodo cerró con un comentario atinado. –El problema no es tanto cogerte a alguien del trabajo, sino después, cuando la relación se rompe. El ambiente laboral se divide en dos bandos, los amigos toman partido, el trabajo se transforma en un puterío… y guarda que la mina no se vuelva loca como la de Atracción Fatal. A ver… Coger en el trabajo es bárbaro… pero en su justa medida, si no, empiezan los problemas. Algunas turras los hacen separarse, y se terminan casando con el perejil, o sea… su jefe. Buscan, buscan, buscan, hasta que encuentran al candidato. Obvio, el único que no sabe que las minas son unos gatos, son los damnificados que se casan felices y de blanco. En la fiesta, mientras los tortolitos bailan felices, las minas de la oficina y las esposas de los empleados se preguntan cómo esta turra que se acostó con todos, desde administración hasta marketing, se enganchó a este tipo. Y bueno, dicen los maridos, algo tendrá… Entonces, la pelea con la esposa por defender a la mina se vuelve inevitable. Pero ellos, en un grito rebelde, en una expresión profunda de resistencia varonil y a costa de bancarse la cara de culo toda la noche, no dejan de decir: algo tendrá…
NdeR: si queres escribirle a Rodo hacelo a rcasado@mdzol.com