Le tienen prohibido que salga de la quinta. Si fuera por los médicos, no debería ni levantarse, así consigna el diario La Nación en su edición de hoy sobre el estado de salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La dignataria “cumple a medias” esas instrucciones.
La mayor parte del tiempo está acostada, pero cada tanto camina un rato por la residencia, revisa papeles, habla por teléfono, después vuelve a acostarse.
Las causas de la lipotimia todavía no están muy claras. El jueves, en Florencio Varela, Néstor Kirchner habló de que "el calor" la había afectado. Su médico personal, Luis Buonomo dijo lo mismo: en su primer comunicado aseguró que el cuadro de lipotimia era por "las altas temperaturas". Sin embargo, fuentes oficiales ayer también hicieron referencia a un posible "pico de estrés".
Sin embargo el diario porteño hoy revela que ese día -cerca del mediodía-, después de reuniones reservadas en Olivos, la Presidenta sintió mareos y se desmayó. "Hay que internarla", sugirieron los médicos, que habían sido llamados de urgencia, según relató una alta fuente oficial, aclara La Nación.
Le tomaron la presión y ordenaron análisis. A esas alturas ya habían llegado Néstor Kirchner y un grupo de ministros. La Presidenta todavía tenía mareos, estaba anémica y deshidratada.
Mientras tanto, la Presidenta repite que el martes retomará su agenda normal. Ese día pretende hacer el acto que -después de dos reprogramaciones- no pudo hacer anteayer en Olivos.
Allí iba a reunirse con empresarios del agro para hacer nuevos anuncios para el sector rural.
Por ahora los médicos no discuten, pero le siguen pidiendo que tenga cautela.
Todavía está débil como para retomar sus caminatas por Olivos. Sus médicos prefieren que vea televisión y hable por teléfono desde la cama. Desde allí ayer tranquilizó a varios de sus funcionarios. "Me siento mejor", les repetía mientras rearmaba su agenda. Seguirá en reposo dos días más.
Aun así, sus médicos le piden ir "día a día". Quieren seguir haciéndole chequeos diarios y le aconsejan no apresurarse. En la intimidad de la quinta presidencial ahora lo admiten: la descompensación de Cristina Kirchner fue más grave de lo que se comunicó oficialmente.