5 de Enero de 2009 |11:17
Fernet y afterbeach en Reñaca
MDZol
 
El ex puma mendocino, Federico Méndez, con sus amigos en el parador del sector IV.
 
Como en Chile es un bien escaso y suntuoso, la exportación de fernet se ha incrementado con la llegada de los argentinos. Muchos llevan sus heladeritas a la playa, otros prefieren tomarse una cerveza al atardecer. Pero el fernet es la estrella. Si los chilenos se avivaran, ya cobrarían retenciones. A meter la panza, que se vienen más fotos de los mendocinos en el balneario top.
Como si fuera una costumbre de la naturaleza, en Viña del Mar y sus aledaños amanece nublado y tras el mediodía despunta un sol hiriente. En Reñaca, como el mar ayuda poco en la batalla contra el calor, muchos agradecen a los cielos por ese tentenpié de finas hierbas que ayuda a mantenerse fresco. Y que en Chile, vale como oro líquido: fernet.

El brebaje nacional por adopción se ha vuelto tan elemental en su fusión con la cola, como el mate y las cartas para el truco. No hace falta esperar las horas nocturnas ni el boliche, ya que muchos llegan con la heladerita a cuestas al sector IV del balneario.

Un relevamiento hecho al ras de la arena, indicó que se trata de una costumbre que se lleva a cualquier destino veraniego.

Como el fernet es verdaderamente caro en Chile y un bien escaso -una botella puede encontrarse, con suerte, entre 4 y 5 mil pesos chilenos-, las tasas de exportación del liquido elemento han aumentado paralelamente al ingreso de turistas argentinos a la V Región. Si los chilenos la tuvieran clara en este aspecto, ya habrían comenzado a cobrar retenciones.

Varios grupos que han venido en automóviles particulares han traído entre dos y tres cajas de fernet, junto a otros licores. En el boliche, el trago de fernet se vende poco porque lo que más se consume es la piscola y no hay quien se queje por la poca variedad de tragos en los boliches.

De allí que el indicador de consumo se sitúa entre la playa y el apartamento, que funcionan como una previa. Vodaka, campari, gancia, speed y vino son las otras posibilidades, pero lo esencial es que no falte fernet.

Ya que en la aduana sólo está permitido pasar dos litros y medio de alcohol por persona, el ingenio popular s las ha rebuscado para ingresar el máximo de bebidas para la estadía, aunque también varios mendocinos señalaron que apenas los tocó la inspección en la frontera y hasta pudieron pasar un queso fresco, algo que no está permitido. Cuestión de suerte: quienes ingresaron a Chile en los últimos dos días, han tenido que aguardar entre 5 y 6 horas en Paso Libertadores, por lo que las autoridades podrían haber aflojado un poco.

A partir de las 20, cuando el sol baja sobre el horizonte, la opción es enfriar un poco el pellejo con una cerveza en el centro de Reñaca. Es una suerte de afterbeach: una tuba de cerveza cuesta alrededor de 6900 pesos chilenos, y una botella de 330 cm3, un luca.

Nadie se queja y aseguran que los precios están entre un 15 y un 20 por ciento más arriba que en Mendoza.

Tras el boliche, muchos pasan por McDonalds o Burger King, que tienen mayor poder de convocatoria que los mall, aunque lo único que se consuma sea el espacio y el momento. Pocos se animan a bajar hasta la playa, a esperar que el amanecer por la espalda llegue hasta el Pacífico. A esa hora, la marea ya va cediendo terreno y lo que puede ser romántico en rigor es pecar de incauto. En un furioso galope, los carabineros llegan al tiro.
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