4 de Enero de 2009 |11:59
VACACIONES 
Makena y la noche adolescente en Reñaca
MDZ
 
 
Luego de la playa, los jóvenes se sacuden la arena y parten a uno de los reductos conquistados por Mendoza. Cuarteto y cumbia con bases electrónicas, pisco, ron y algo de fernet dan el típico sabor argentino al menú del boliche.
El plan comienza cuando uno logra despabilarse en la arena y las promotoras comienzan a desfilar entre los cuerpos. Luego, a la hora de salir a bailar en Reñaca, hay un boliche que está primero en las preferencias de los adolescentes mendocinos. Makena.

Ubicado en la avenida Vicuña Mackena, es uno de los preferidos por la pachanga que promete el Dj Fede Fernández, también de Mendoza, con una amalgama de cuarteto y cumbia con bases electrónicas.

Pero el circuito comienza a seis cuadras de allí, en el sector IV del balneario, cuando tres promotoras mendocinas pasean su delicada humanidad entre los bañistas, de la mano de Pali Scattareggia, RRPP del boliche y también oriundo de nuestras tierras.

Por eso, la lógica de seducción -a pesar de que se piense lo contrario- no comienza en la pista de baile, sino frente al mar. Y, como los conocidos son muchos y Reñaca es un infierno pequeño de cara al Pacífico, los acercamientos no cuestan tanto como cuando jugamos de local.

En Makena, las bebidas más solicitadas son el pisco –a2500 pesos chilenos- y el ron –a 3500-. El sabor argentino lo da el glorioso fernet, un bien escaso cruzando la cordillera y, por las lógicas de la oferta y demanda, un poco más caro: 3000 lucas chilenas.

Se puede entrar gratis hasta la una, pero el boliche recién estalla pasadas las dos. La legión mendocina en el extranjero también copó esta parada nocturna, donde los chilenos son más bien contados y se quedan a un lado, contemplando a las mendocinas.

A la salida, cuando ya despunta el sol por el oeste cordillerano, hay que darle de comer al bagre después de tantas horas de agite y alcohol. Un combo –hamburguesa, papas y gaseosa- en Mc Donalds está a 2950 pesos.

Por esas horas, una gran parte de Reñaca descansa, aunque la tranquilidad a veces es corrompida por algunas picadas con patente argentina. Lo señala un carabinero: “los argentinos no respetan las señales de tránsito, muy mal en ese aspecto, y que no respetan a la autoridad”, afirma. Seguramente la sentencia no alcanza a todos los visitantes de nuestros país, pero sí a algunos grupos que deberían cambiar sus conductas.

La movida nocturna por el momento no ha deparado ninguna pelea, algo que sí ha sucedido en otros años. 

En tanto, muchos otros eligen Ozio, una disco en Concón para los que no quieren tener pegado al cuerpo ese olor adolescente. En Valparaíso, la movida es radicalmente distinta.

Allí el joven chileno deja de ser visitante en sus propias tierras y se descubren las diferentes tribus urbanas en los pubs y discos sobre avenida Errazuriz, que da al puerto. Y, también está claro, el joven chileno que asiste a la ronda nocturna de Valparaíso no tiene la misma tendencia que sus coterráneos de Reñaca. 

Bellavista es la puerta de entrada. Un poco más arriba está la subida de Ecuador, aunque en la oficina de Turismo local recomiendan no llevar nada que ostente cierto valor encima.
Makena y la noche adolescente en Reñaca
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