En el último día de 2008
dos policías detuvieron a Fabián Cedrón, quien era considerado el delincuente más buscado y peligroso de Mendoza; en su haber tiene la vida (o muerte) de dos uniformados (Eduardo Sánchez en 2002 y Gustavo Ramet en 2008). A este sujeto se enfrentaron a los tiros pero lograron arrestarlo sin que nadie saliera herido. Ambos efectivos dicen estar satisfechos pero sienten el mismo orgullo de siempre por ser policías.
Fabián Yúdica (25) y Marcelo Quiroga (35) son oficiales ayudante de la Policía de Mendoza y cobran unos de $1.800 mensuales, aunque a uno de ellos, por créditos que debe pagar, sólo llegan a su bolsillo $350 por mes.
No se podría decir que son famosos porque no es el término adecuado ni correcto, pero sí que son los responsables de llevar adelante el arresto del delincuente más buscado de la provincia: Fabián Cedrón.
Este sujeto está sindicado como el autor del asesinato, en octubre pasado, del cabo Gustavo Ramet en el barrio Reconquista, de Las Heras, y en 2002 de matar al policía Eduardo Sánchez cuando iba con su esposa por el barrio San Martín. Por este homicidio Cedrón fue condenado a prisión perpetua, pero escapó en 2006 de la cárcel de Santa Fe.
Pero el destino o el azar ha jugado un papel importante: es la segunda vez que Marcelo Quiroga arresta a Cedrón. “Lo arresté en 2003 en una casa del barrio Olivares, estaba con ‘El Morocha’. También era buscado por el asesinato de un policía”, contó el efectivo a MDZ.
El pasado 31 de diciembre Quiroga vivió una situación similar, pero esta vez fue en una vivienda del barrio San Martín. Pero en este caso, hubo disparos hacia los uniformados que lograron detener a Cedrón sin que sufriera un rasguño.
Las historias de estos dos efectivos tienen algunas similitudes; ambos tienen actualmente como pareja a mujeres policías, aunque Yúdica no tiene hijos y Quiroga ya tiene cuatro: una niña de 15 años, y tres varones, de 13, 8 y 5.
De todos modos hay varios años de diferencia como uniformados y en edad. Yúdica manifestó que “en mayo se cumplirán dos años que ingresé a la Policía. Decidí involucrarme más en la sociedad para no pasar desapercibido. Me había recibido de Técnico en Marketing pero sentía que no había compromiso en esa carrera y quería cambiar lo que sucedía a mi alrededor, lo que pasa en mi vecindario o lo que sea. Pero como me gusta mucho leer sobre historia decidí que quería ser parte de algún cambio”, comentó, dejando entrever que ya produjo una porción pequeña de todos sus deseos.
En tanto Quiroga hace diez años que es integra la Fuerza y “elegí ser policía por vocación. Tengo dos hermanos militares y yo estuve estudiando en el Colegio Militar de El Palomar. Pero, lamentablemente, no pude pagar más la cuota y me volví a Mendoza e ingresé a la Policía. Estoy muy contento con la elección para mi vida”, evaluó tras contar parte de su historia.
Hoy sienten que sus carreras contribuyeron no sólo a la detención de un delincuente sino también para que “al menos por un día la Policía sea más respetada, porque siempre desconfían de nosotros”, dijo Quiroga al tiempo que expresó: “Siempre me he sentido orgulloso de ser policía, pero ahora contento porque ayudé a mejorar la imagen de la Fuerza”.
Algo similar piensa su colega: “Nosotros somos la cara visible y la gente nos echa en cara los desaciertos. Pero también nos agradece cuando intervenimos en hechos como estos —dijo Yúdica— o cuando ayudamos en otros pequeños conflictos vecinales o familiares; esto también es bueno”, evaluó el uniformado en concordancia con Quiroga, quien señaló: “Detener a Cedrón es el premio al trabajo del año, porque siempre somos criticados y arrestarlo significa atrapar a un asesino de policías.
El más joven de estos dos oficiales ayudantes fue el primero que ve a Cedrón y comienza a perseguirlo pero “no sabía que se trataba de él pero ya sabíamos que era un delincuente de temer. Había escuchado por frecuencia que asaltó a mano armado un negocio y cuando vi a la velocidad que conducía no había dudas que perseguirlo sería peligroso”, contó Yúdica.
Pero su compañero, que estaba en otro móvil, fue en apoyo y “observé cuando Cedrón se baja de la moto y le dispara a Fabián (Yúdica). Pero recién supe que era él cuando lo sacamos de la casa donde se había escondido”, puntualizó.
Los dos efectivos resaltan que aunque el delincuente le disparó ellos lograron atraparlo sin herirlo “y aunque cuando lo trasladamos a la comisaría Sexta nos iba insultando, no le respondimos y agredimos”, expresó Quiroga.
Estos policías continúan sus tareas. Fabián en la comisaría Quinta y Marcelo en la subcomisaría Juan Espitalieri. El nombre de esta seccional es en honor al uniformado que asesinaron en el predio de la UNCuyo.