Según un artículo de la revista Vanity Fair -y que reproduce el diario chileno El Mercurio- se reconstruyó algunos de los principales momentos durante la gestión del actual presidente de los Estados Unidos.
Desde la petición que George W. Bush le hizo a su padre al asumir la Presidencia, a la particular forma del Mandatario para despedirse de sus pares en la última cumbre del G8, en Japón, se detallan en este informe.
En la Sala Oval
El 20 de enero de 2001, tras jurar como el 43° Presidente de Estados Unidos, George W. Bush se dirigió a la Casa Blanca. Por primera vez entraría como Mandatario a la Sala Oval. Y no quería hacerlo solo. "Llamó a su padre porque quería que él estuviera cuando eso ocurriera", recuerda Dan Bartlett, quien fue director de Comunicaciones de la Casa Blanca. Cuando los dos Bush ingresaron al salón, se saludaron mutuamente tratándose de "Señor Presidente".
"Que se joda Saddam"
En junio de 2002, Bush dio a conocer una nueva estrategia de defensa: los ataques preventivos. EE.UU. se reservaba el derecho de usar la fuerza para hacer frente a amenazas antes de que éstas se concretaran. Por esos días, Condoleezza Rice discutía con varios senadores posibles medidas diplomáticas que se tomarían hacia Irak. Entonces, Bush asomó su cabeza en la sala y señaló: "Que se joda Saddam. Lo vamos a sacar".
Las evidencias de Powell
El 5 de febrero de 2003, Colin Powell presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU supuestas evidencias de que Irak estaba intentando de forma activa fabricar o adquirir armas de destrucción masiva. Posteriormente quedaría al descubierto que, aunque Powell no estaba al tanto, muchas de esas pruebas eran infundadas.
Joschka Fischer, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, afirmó: "Hablé y volví a hablar con Colin Powell sobre el asunto. Él siempre miraba, no sé a qué, no a mí, pero pude ver el dolor en sus ojos. 'Éstas son preguntas muy poderosas', solía decir. Entendí. Él quería decir: 'Tengo serios problemas dentro de la administración".
La encuesta desconocida del 11-S
Matthew Dowd, el encuestador de Bush, cuenta a Vanity Fair que el 11 de septiembre de 2001, antes de los ataques, recibió un sondeo que había mandado a realizar. "Iba a ir ese día a Washington a presentar los resultados a Karl (Rove). Lo increíble de esto es que no se hizo ninguna pregunta sobre política exterior, terrorismo y seguridad nacional. En la encuesta, la aprobación a Bush era de 51 o 52%. 24 horas después, su aprobación era de 90%", afirma Dowd.
El Mandatario estaba en un colegio de Sarasota, Florida, cuando ocurrieron los ataques del 11-S. Mientras leía un cuento junto con los niños, se acercó su jefe de gabinete, Andrew Card, y le dijo al oído que EE.UU. estaba siendo atacado. "Fue como si se hubiera ido mentalmente de la sala. Mentalmente nunca más estuvo en la sala", cuenta Sandra Kay Daniels, la profesora que estaba junto al Mandatario.
"Cuando los niños iban a leer el cuento con él, él no levantaba su libro. Sabía que algo malo estaba ocurriendo, pero no sabía qué era. Y pensaba todo el tiempo: 'Presidente Bush, levante su libro", agrega la maestra.
Cuando en septiembre de 2001 se enviaron sobres con ántrax en Nueva York y Florida, el director de la Agencia Federal de Administración de Emergencias (Fema), Michael Brown, se reunió con Colin Powell, Condoleezza Rice y Bush. Este último no hizo muchas preguntas durante el encuentro. Pero cuando se levantó y abandonaba la sala, se dio vuelta y dijo: "Que Dios nos ayude a todos. Todos debiéramos pronunciar fuertes oraciones esta noche", según relató Brown.
Bush y los cancilleres
En abril de 2004 quedaron al descubierto los abusos a los prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib. Bill Graham, entonces ministro de RR.EE. de Canadá, estaba con otros pares en Washington para una reunión del G-8: "Colin Powell nos citó de urgencia en la Casa Blanca. Fuimos recibidos cordialmente por Bush, quien nos explicó lo aberrante de la noticia y lo disgustado que estaba. Fue curioso, porque normalmente los jefes de gobierno 'no dan un peso' por los ministros de RR.EE.".
El particular adiós al G-8
El 9 de Julio de este año, el Presidente George W. Bush participó en la reunión anual del G8, que se efectuó en Toyako, Japón.
El G-8, también conocido como G-7+Rusia, reúne a los ocho países más industrializados, cuyo peso político, económico y militar son relevantes a nivel global.
El citado encuentro concluyó con una tibia promesa de cortar le emisión de los gases de efecto invernadero en un 50% para el 2050.
La administración de George W. Bush se mostró favorable a ese acuerdo, siempre y cuando se involucrara también a las naciones emergentes. Fue la última cumbre del G-8 a la que asistió Bush. Pero sus últimas palabras en Japón se recordarán por mucho tiempo. El Mandatario se despidió de los otros jefes de Estado y de gobierno diciéndoles: "Adiós, desde el más grande contaminante de todo el mundo".
Los fiscales
En diciembre de 2006, el Departamento de Justicia despidió a siete fiscales federales, uno de ellos era David Iglesias. "El jefe de la oficina ejecutiva de los fiscales federales me dijo: 'Queremos que firmes tu carta de renuncia a fin de mes'. Le pregunté qué pasaba. 'No sé, sólo sé que esto viene de arriba'". Buscando una respuesta, Iglesias se acordó de dos llamadas que recibió en octubre. Una congresista lo llamó a su celular para hablar sobre un tipo de acusaciones.
"Fui muy vago en mi respuesta y no quedó satisfecha". Después, un senador lo llamó a su casa, para preguntar si se le daría prioridad a unos casos de corrupción contra los demócratas. "Le dije que no lo creía, y me contestó 'lamento escuchar eso', y colgó. Tuve una sensación muy rara en mi estómago".
Fuente: diario El Mercurio de Chile