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Puede parecer un poco cruel hacer el “juego de las diferencias” entre Barack Obama, Cristina Fernández de Kirchner y Celso Jaque. Pero vale la pena, como lectura de fin de semana, para entender qué nos pasa a los argentinos, y qué ocurre en esta tierra cuyana.
Empecemos: Barack Obama fue electo presidente de Estados Unidos el 4 de noviembre. Y en 24 horas armó el esquema principal de su gabinete. Dieciocho días más tarde, había conseguido a su ex rival Hillary Clinton como Secretaria de Estado, el cargo más trascendente después del de Presidente de Estados Unidos; y designó como Secretario del Tesoro al actual titular de la Reserva Federal de Nueva York, Timothy Geithner, lo que hizo subir la Bolsa de Nueva York 6,54 por ciento.
Obama arma un “equipo de rivales” con Hillary a la cabeza y un republicano, Robert Gates, para que siga al frente del Pentágono.
La contracara: en la Argentina, las malas noticias económicas y el manotazo a los fondos de los futuros jubilados, hicieron caer la Bolsa casi un 19 % en apenas una semana. Los Kirchner, y Celso Jaque, en vez de convocar a los mejores y hacer “equipos de rivales” como Obama, quien a su vez lo aprendió de Abraham Lincoln, se reúnen en Olivos para ver cómo le pueden ganar a Julio Cobos en Mendoza. Y a los que no piensan como ellos los destrozan con la crítica, o bien no les atienden el teléfono. A su vez, Celso Jaque se demoró dos meses para armar un gabinete del que en un año se fueron cincuenta personas, y se tomó más de dos semanas para nombrar al ministro de Gobierno, cuando el nombre del candidato -Mario Adaro- había trascendido a los 15 minutos de la renuncia de Juan Marchena, el ex jefe político del gabinete.
Transparencia: Los ocho mil funcionarios que llegarán a Washington tienen que hacer declaraciones juradas y públicas no sólo de sus bienes… Barack Obama quiso saber además si tienen juicios o causas pendientes y cuál fue el resultado del pleito, si arrastran denuncias, o si le deben dinero a alguien. En la Argentina, muchos funcionarios no podrían explicar su patrimonio. Y en Mendoza, el gobernador Celso Jaque le perdona a su directora de Rentas que no pague Ingresos Brutos por sus propiedades en alquiler.
Los números: Barack Obama se interesó por la crisis. Sus primeros anuncios están dirigidos a mover a los Estados Unidos de la grave parálisis que le afecta, con una recesión contagiosa, y cuenta con un “mapa” real para saber dónde aplicar el remedio. Las primeras medidas serán de corte social. Aquí, hacemos las cosas de otra manera. El gobierno nacional manipula los números del Indec para que la gente no vea la inflación, se confiscaron los fondos de los futuros jubilados para pagar deuda y hacer uso electoral del dinero, y Celso Jaque desactivó la DEIE, ocultó los números clave de la gestión, y durante su primer año de gobierno se le entregaron datos incorrectos al Tribunal de Cuentas de la Provincia.
Las relaciones y las alianzas: Barack Obama llamó a Lula, el presidente de Brasil, apenas horas después de su triunfo. A Cristina no la llamó hasta esta semana. Como era de esperar, tampoco se comunicó con el gobernador mendocino. Pero Jaque le envió una carta plena de errores de sintaxis y frases comunes al presidente electo de los Estados Unidos.
Obama ya habló con casi todos los líderes mundiales y teje estrategias para aliarse a los Clinton. Cristina, en cambio, llegó tarde a la foto oficial del G-20 dejando “plantados” a 19 jefes de Estado 40 minutos, fue a ver a Kadaffi y piensa en traer la momia de Tutankamon a la Argentina. Es aliada de Hugo Moyano. Celso Jaque –hay que reconocérselo como mérito- logra hablar con Néstor Kirchner, y no trata temas de política sino con Alejandro Cazabán. A veces, le cuenta cosas a su vicegobernador Cristian Racconto.
Popularidad: Barack Obama es el hombre más popular del mundo en este momento. Cristina Fernández de Kirchner y Celso Jaque perdieron capital político este año. El gobernador mendocino tiene la gestión peor evaluada del país. Y la imagen presidencial también se vino abajo.
Como se ve, en estos pequeños ejemplos, hay sobradas razones para entender qué nos pasa como país y como provincia. Y no hace falta irse a vivir a Estados Unidos para mejorar. Alcanzaría con sembrar un poco de sentido común por estos pagos.