Guillermo Ariel Del Curto (37) era hasta hace poco un actor conocido en Mendoza, y docente en cuatro colegios. Una persona con muchos amigos, relaciones, una historia… Y una vida. Pero, repentinamente, en la tarde del domingo se convirtió –por una sucesión de errores increíbles de los que alguien deberá hacerse cargo- en el principal sospechoso de un crimen, un caso de gatillo fácil entre el iracundo propietario o encargado de un bar de la Cuarta Sección, y un joven que terminó pagando con su vida.
Hasta ahora, el caso es presentado como el resultado de una sucesión de torpezas en la investigación. En cuentas muy resumidas, una vez producido el crimen, y tras la llegada de la policía; los primeros testimonios apuntaron al dueño del bar. Alguien dijo “se llama Ariel” y señaló la calle en la que vive el sospechoso, en el Barrio Santa Ana. Pero parece que el testimonio no era certero, o que alguien entendió mal. Y a partir de ese error inicial, la justicia terminó aprobando el allanamiento y pedido de detención –originado en una fiscalía- de Del Curto. Claro, en los días que pasaron desde el crimen, el domingo a la madrugada, hasta el miércoles por la tarde; pareciera que no hubo un gran apuro en resolver la cuestión. De hecho, 72 horas después del asesinato el actor Del Curto seguía siendo el principal sospechoso, y permaneció
oculto por consejo de sus abogados. La situación siguió así hasta que se conoció la fotografía del “presunto asesino”. En ese momento, los testigos descubrieron el error. En verdad, un caso increíble en el que están involucrados policías, investigadores, fiscales, y un juez de garantías. Todo un andamiaje que debería garantizar seguridad, justicia, y –además- sentido común y profesionalismo, terminó señalando al asesino incorrecto. Y así, el verdadero sospechoso sigue prófugo, quién sabe adónde. Con recursos suficientes, podría estar casi en cualquier lugar del planeta.
La lista de interrogantes que abre el caso es tremenda. ¿A nadie se le ocurrió que el dato inicial era equivocado? ¿En casi cuatro días alguien les mostró a los testigos fotos del “presunto asesino”? ¿Los jueces y fiscales firman cualquier cosa? ¿Qué agujeros tiene el sistema, que permite acusar y perseguir a un inocente mientras el verdadero asesino se escapa?
En uno de los reportajes de nuestro diario,
los testigos cuentan que descubrieron el error cuando uno de los medios gráficos publicó la foto de Del Curto. De lo contrario, policías, fiscales y juez hubiesen seguido persiguiendo al actor, un hombre al que este caso le arruinó, por lo menos, sus planes inmediatos de vida, por no decir que debe ponerse a explicarles a sus alumnos, a sus familiares y a sus conocidos, que nada tuvo que ver con la muerte -a balazos- de un joven afuera de un bar de la Cuarta Sección.
Sinceramente, este caso demuestra una sucesión de torpezas impresentables. Alguien debe dar explicaciones, decir claramente qué pasó, y obrar en consecuencia para garantizar que este tipo de hechos no se reproduzcan.
Es entendible el apuro político y judicial para resolver rápidamente los casos policiales. Sobre todo si se trata de un asesinato. Pero ello no habilita a cometer cualquier trapisonda con tal de tener “un culpable” que calme la tensión social, y la furia de las familias de las víctimas, las que por otro lado asisten al pobre espectáculo, viendo cómo su reclamo de justicia se diluye en la maraña de incompetencia, cuando no de complicidades, ya que aun se debe investigar si parte de este “error” no fue una forma de encubrir al verdadero sospechoso.
Como se ve, nadie puede sentirse totalmente seguro. Hemos llegado a un extremo violento en que cualquiera se cobra la vida de cualquier persona, y en el que cometen pifies de principiantes justamente aquellos que deben garantizar justicia. Ahora, el “error” derivó en la violación institucional de los derechos humanos de un ciudadano mendocino, por que sí, por que les pareció, o por las dudas…
El juez, los fiscales, el ministro Carlos Ciurca como responsable político de la policía, les deben explicaciones a Guillermo Ariel Del Curto, quien tuvo la mala suerte de llamarse “Ariel” como el auténtico sospechoso, con la pésima fortuna además de vivir en el mismo barrio. Pero también, los responsables del desatino tienen que brindarle a la sociedad mendocina, que asiste pasmada al show inexplicable, una explicación coherente.
Sería preferible, si no es porque suena brutal, que se tratara de un caso de encubrimiento. Lo otro, pensar que la seguridad y los derechos individuales de las personas están en manos poco competentes, resultaría mucho peor. Y atemorizante.