19 de Agosto de 2008 |16:18
Narcotráfico: todas las pistas conducen a la Argentina
“La guerra del narco llega a la Argentina”, tituló hace unos días con preocupación el diario El País de Montevideo e informó sobre “siete asesinatos cometidos en los últimos cuatro meses en Buenos Aires”. Una realidad cada vez más preocupante y en la que también la política tiene mucho para decir.
Las estadísticas de la inseguridad dan cuenta del crecimiento de una nueva modalidad, el sicariato. Se trata de la palabra que designa a aquellos que se dedican a matar por encargo.

Esto refleja que en el país se están moviendo intereses lo suficientemente suculentos y turbios como para requerir de la exterminación de personas como variable comercial.

Asesinatos a pedido hubo siempre. Pero su cantidad y dimensión no le habían permitido antes figurar como una cifra en las abultadas cifras del delito en la Argentina.

El tiroteo entre colombianos en un shopping bonaerense y la aparición sin vida de tres personas presuntamente vinculadas al tráfico de estupefacientes o a la “mafia de los medicamentos” ha puesto el tema en debate, como pocas veces antes.

“La guerra del narco llega a la Argentina”, tituló hace unos días con preocupación el diario El País de Montevideo e informó sobre “siete asesinatos cometidos en los últimos cuatro meses en Buenos Aires”.

“Esta inquietud –dijo el diario uruguayo- está apoyada en un hecho tangible: este país se ha convertido en uno de los países más importantes en la ruta de la cocaína hacia Europa”.

Y citó: "Hace tiempo venimos advirtiendo sobre la llegada del narcotráfico a la Argentina y sobre la necesidad de aplicar políticas más firmes para evitar que los narcos se fortalezcan. No es posible que compren una casa de 750.000 dólares en un country y nadie pregunte sobre el origen del dinero. Está claro que el narcotráfico necesita a esas personas para operar en el país", dijo un integrante del Comité Científico, que está elaborando el proyecto para reformar la ley de drogas.

En este marco se plantea, simultáneamente, un debate necesario, pero a contratiempo, como es el de la despenalización del consumo de drogas.

Una cosa, indudablemente, no puede mezclarse con la otra. Una, la despenalización, está basada en preceptos vinculados a la promoción de la salud, a los derechos individuales y, en todo caso, a la descompresión de los altos costos que supone la prohibición.

El otro, el narcotráfico, tiene que ver con atender la demanda del consumo, pero fundamentalmente está vinculado a la seguridad interior y al crimen organizado trasnacional, por lo que su abordaje requiere de estrategias absolutamente diferentes.

Y también requiere de otros disparadores para el debate: ¿están las fuerzas de seguridad preparadas para enfrentar este desafío? ¿Existen todos los controles que permitan detectar la aparición de bandas trasnacionales en el país?

En la Argentina escasamente está controlado por radar un 3 por ciento del total de su espacio aéreo. ¿Esto es así por imposibilidad real del Estado de proteger su territorio o por ineficacia?

Las pistas clandestinas abundan a lo largo y ancho de la superficie nacional, pero mientras las hipótesis de conflicto internacional permanecen en el freezer por razones obvias de este tiempo en la relación entre la Argentina y el resto del mundo, naves de aquí y de allá pueden estar llevando y trayendo todo tipo de productos contrabandeados sin que nadie pueda advertirlo.

Finalmente, habrá que analizar y profundizar las relaciones del narcotráfico con la política en Argentina. Una leyenda que desde hace años ronda en el imaginario colectivo, pero sobre cuyo vínculo parecen haber cada vez más indicios. Funcionarios sospechados en cargos estratégicos, crecimiento inusitados de empresarios con vinculaciones dirigenciales y “aportes de campaña” poco claros son sólo algunas de las puntas del fenómeno que parecería tener un soporte entre quienes deciden o aspiran a decidir. Muchas de las cosas sobre las que el periodista Christian Sanz en un artículo aquí relacionado, define como la “narcopolítica”.

Obviamente, eso implicará desentrañar una madeja que puede tener serias consecuencias de violencia para el país, pero ninguna sociedad puede constituirse y afirmarse en serio si no enfrenta estos flagelos en cualquier ámbito en el que estén enquistados, o puedan tener cobertura. Y en ese sentido, la política parece tener cuentas pendientes con la sociedad argentina.

Está a la vista que el tráfico de narcóticos, el narcotráfico, es una de las vedettes de la Argentina violenta. Ha llegado con todo su arsenal de desprecio por la vida propia y ajena y se encuentra con un país discutiendo, como muchas otras veces, sobre el sexo de los ángeles.
 
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