La Semana de Mayo es un período de tiempo trascendental en la vida de los argentinos y así debemos vivirlo cada año.
Ser patriota es, por definición, “amar a la patria”. La historiadora María Seoane escribió que la forma que tenemos los argentinos de demostrar ese sentimiento es “lucir escarapelas en la ropa, colgar banderas en balcones, calles, plazas, taxis; emocionarse al cantar el Himno Nacional y gritar en las canchas: ¡Argentina! ¡Argentina!”.
Un dato ineludible es que los momentos de crisis elevan el nivel de patriotismo de los argentinos más que las efemérides, pues bien, estamos, entonces, ante una doble oportunidad de ser patriotas.
En el lento tránsito hacia la adultez ciudadana, tal vez no toda la gente sepa responder qué se conmemora el 25 de mayo o el 9 de julio con exactitud. No obstante, cuando esas fechas fundacionales de la Argentina, como nación soberana e independiente, se acercan y, además, el zapato aprieta por alguna situación crítica de la economía o de la política, lo que surge como factor común son los deseos y empeños colectivos, las escarapelas en los pechos, las banderas en los frentes, las cintas celestes y blancas en los automóviles y el sentimiento general de pertenencia a una Nación, que no sólo se refleja en durante los mundiales de fútbol o de rugby.
Según parece, los asambleístas del campo lo han comprendido en este sentido y es por ello que convocaron a un acto en el Monumento a la Bandera, en Rosario y a manifestar su apoyo al reclamo de las entidades ruralistas luciendo una escarapela en el pecho: más allá de que estemos o no de acuerdo con su lucha, es su modo de marcar pertenencia.
Así sucedió también, pero de manera espontánea, tras la crisis de 2001, en donde los colores de la Bandera Nacional fueron el refugio de una sociedad desorientada, que le pedía a su clase dirigente “¡qué se vayan todos!” y que decidió enviar un fuerte mensaje político embanderando sus domicilios, como queriendo expresar “a pesar de todo, nos sentimos parte de este país y lo queremos”.
La publicidad también interpreta y se aprovecha de esas situaciones y las interpreta buscando adeptos mediante la vinculación simpática o forzada de sus productos a los colores patrios. Sin embargo, para el analista Rosendo Fraga esto “no se trata de un fenómeno económico o de mercado sino por el contrario el marketing toma lo patriótico, lo toma porque la sociedad lo reclama”.
Es probable que en el subconsciente de los argentinos esté latente la vocación de superar una y otra vez los malos momentos de manera colectiva, junto al resto de la sociedad. Y tal vez, la mejor interpretación de ese colectivismo esté sintetizado en los colores que identifican a la Argentina como país.
“Se ha producido el surgimiento de un orgullo nacional bien encauzado, alejado del chauvinismo en un pueblo que siempre se ha sobrepuesto a situaciones trágicas. Se está dando un patriotismo bien entendido y la gente empieza a interesarse por el pasado”, analiza Felipe Pigna sobre el asunto.
En este sentido, son buenos tiempos para la patria. Mendoza, se nota en las calles, está viviendo la Semana de Mayo con un resurgimiento de los colores patrios en sus calles. Y esto es así, porque más allá de los estímulos publicitarios para que ello ocurra, hay un caldo de cultivo favorable en la sociedad.
Un 70% de los participantes de una encuesta de MDZ respondió que, de una y otra manera, iba a festejar la fecha: concurriendo a los actos escolares, colgando una bandera en el frente de su casa o poniéndose una escarapela.
En definitiva, con crisis o sin ella, con o sin publicidad de por medio, lo saludable es que esta Semana de Mayo, como pocas otras, no está pasando desapercibida en Mendoza.